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Cassandra Vera

En 2015 cumplí un pequeño sueño: estudiar Historia en la Universidad. Desde entonces voy cumpliendo otros poco a poco, como ser escritora y colaborar con diarios y revistas de ámbito feminista y LGTBI. Escribo en Revista Mirall, en eldiario.es y donde la vida me lleve.

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No somos un debate, ni lo vamos a ser

Desde hace años varios países alrededor del mundo han aprobado leyes en favor de la comunidad transgénero. Estas leyes nos otorgan derechos básicos como poner fin a ser tratadas como personas enfermas y el libre acceso a cambios de documentación y hormonación. Como era de esperar, a la extrema derecha y sus secuaces no le han sentado nada bien estás leyes y hacen campañas contra ellas y las personas trans. Pero también existen sectores disfrazados de feminismo y de izquierdas que se oponen a estas leyes y han lanzado una campaña brutal contra las personas trans, en especial contra las mujeres, y contra estas leyes.

Si nos centramos en la parte más cruel de esta campaña, podemos ver que por el simple hecho de celebrar en redes sociales ciertas leyes trans aprobadas en alguna parte del mundo, he visto como pedían contra las mujeres trans que nos torturen con descargas eléctricas el resto de nuestra vida o bien que nos den un paliza si nos ven en algún baño de mujeres. Los ataques también han pasado  por difundir, sin permiso, fotos de mujeres trans desnudas para reírse de su aspecto físico.

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Contra la gestación subrogada: basta de instrumentalizar al colectivo LGTB

Durante muchas décadas la extrema derecha y sus aliados han intentado relacionar al colectivo LGTB con todo tipo de aberraciones como las violaciones, el incesto la pederastia, etc. Esto supuso para el colectivo un estigma que, cumpliendo con el objetivo de estas acusaciones, retrasó la lucha por nuestros derechos y nuestras vidas y aún sigue presente en una parte de la sociedad.

En pleno 2019, la hermana de la extrema derecha, la derecha neoliberal, busca recrear una jugada parecida pero igual de dañina para el colectivo: relacionarnos con prácticas aberrantes, pero en este caso disfrazarlas como si de derechos básicos del colectivo se tratasen. Pongamos un ejemplo: un político liberal de turno financiado por el lobby de los vientres de alquiler necesita hacer campaña a favor de esta aberrante práctica para no quedarse sin su paguita. En este caso ni se lo va a pensar dos veces al intentar hacernos creer que la explotación del cuerpo de la mujer obrera es un derecho perteneciente a parte del colectivo LGTB.

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Contra la prostitución, no contra las prostitutas

El feminismo está en auge y moviéndose en una nueva ola que puede que sea la que definitivamente acabe con el patriarcado. En este nuevo despertar han surgido, una vez más, las disputas entre las distintas corrientes feministas. Uno de los temas más debatidos ha sido la prostitución entre quienes quieren abolirla y quienes quieren legalizarla.

Los defensores de la prostitución alegan que es una libre elección, que debemos luchar contra la trata de mujeres, pero a la misma vez legalizar que las mujeres se dediquen a la prostitución, supuestamente por voluntad propia, pues es un trabajo como otro cualquiera.

La prostitución no es un trabajo como otro cualquiera por un motivo obvio: casi todas las personas que se dedican a la prostitución son mujeres y casi la totalidad de los `clientes´ son hombres. No es causalidad y es un hecho que se sustenta en la visión patriarcal de que los hombres tienen derecho a acceder al cuerpo de una mujer cuando lo deseen.

Es decir, casi todos los trabajos en el sistema capitalista se basan en el poder de la minoría burguesa, que posee las empresas, frente a la mayoría proletaria que trabaja en dichas empresas. En el caso de la prostitución se basa en el privilegio de la mitad de población, los hombres, a acceder al cuerpo de la otra mitad, las mujeres.

Evidentemente el capitalismo también juega un papel principal en este escenario mediante la maquinaria publicitaria y propagandística en países como Alemania, donde la prostitución se convertido en legal. Este hecho, lejos de dar más derechos a las prostitutas, sólo ha logrado que estas mujeres sean anunciadas en promociones de burdeles donde las ofrecen en un pack junto a cerveza y carne.

La legalización provoca la deshumanización de las prostitutas. No son vistas como personas humanas, sino como objetos a los que maltratar y violar. Tampoco se ha acabado con la trata de personas, como alegaban los que apoyan legalizar la prostitución, pues cada año en Alemania se dan más casos de tráfico de mujeres para encerrarlas y secuestrarlas en burdeles, donde algunas son violadas duranta 18 horas al día. En un país donde es legal la prostitución los proxenetas recurrirán con mayor frecuencia al secuestro para retener a mujeres contra su voluntad, en su mayoría inmigrantes, pues dicho país les respalda indirectamente al haber legalizado la prostitución.

No hace mucho leí en redes sociales a alguien defender la legalización de la prostitución alegando que, por ejemplo, es el único lugar que tiene la sociedad reservado para las mujeres trans. Yo me pregunto, si es el único lugar reservado que tiene la sociedad para nosotras, ¿por qué no destruir ese sistema al que nos obligan a acudir en lugar de venerarlo?

Este argumento es más peligroso de lo que parece a simple vista: si normalizamos la prostitución cualquier mujer que se vea en situación de pobreza será tachada de irresponsable por no dedicarse a vender su cuerpo y su sexualidad para salir de su mala situación económica, y cualquier ayuda que pudiera recibir, sea estatal o personal, quedará anulada de facto por el hecho de que puede recurrir a la prostitución y no lo está haciendo. Es por ello que el hecho de legalizar la prostitución no es algo que afecte sólo a las prostitutas, sino que nos afecta a todas las mujeres de clase obrera, pues todas somos potencialmente víctimas de acabar en este sistema de explotación.

La postura abolicionista de la prostitución no pretende cargar contra las prostitutas, no quiere criminalizarlas con multas o señalándolas públicamente. Desde el abolicionismo se tiene en cuenta que la prostitución no es algo natural, como nos quieren hacer ver los que la llaman `el trabajo más antiguo del mundo´, sino que es un sistema de explotación que se ha generado debido a la opresión histórica que sufrimos las mujeres sobre nuestra vida y nuestros cuerpos. Desde el abolicionismo se pretende que ninguna mujer tenga que convertirse en un objeto de consumo para poder subsistir y que los hombres dejen de creer que tienen derecho a acceder y comprar a nuestros cuerpos.

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Los últimos neandertales

Hace unos 40.000 años desparecieron de la faz de Europa los últimos neandertales. Las causas de esta extinción son varias y los prehistoriadores las siguen estudiando. Lo único que se puede decir con claridad es que ellos y su modo de vida se extinguieron para siempre.

De igual modo que los neandertales se extinguieron tras una larga agonía, en pleno 2018 estamos viviendo la agonía de los otros neandertales: los neandertales sociales. Estos neandertales han dominado durante décadas la cultura, la sociedad y, en definitiva, cualquier espacio público o privado.

Pero a partir del nuevo milenio comenzaron a replegarse cuando los sectores oprimidos fueron conscientes de la situación de desigualdad que vivían. En los 90 un hombre que maltrataba a su mujer podía sentarse cómodamente frente a la televisión a ver sketches de Martes y Trece en los que otro hombre mataba a su mujer mientras el público reía a carcajadas. Esto reafirmaba el poder del maltratador sobre las mujeres.

Pero en 1998 el relato de Ana Orantes y su posterior asesinato nos hizo ver que la violencia de género no era algo gracioso, no era algo de lo que reírse. Era una lacra que hasta ese día en España se había ignorado. A partir de aquel día, cuando los maltratadores se sientan frente al televisor ven anuncios contra la violencia de género que les dicen a las víctimas que hay otra vida posible. Esto inquieta mucho a estos neandertales sociales que quedan en nuestra sociedad.

Aunque en televisión se siguen reproduciendo valores misóginos y patriarcales, en ciertos aspectos los neandertales del siglo XXI se han quedado huérfanos de aquella televisión machista de los años 80 y 90, por lo que han encontrado en Internet la manera de mantener vivos estos valores tan rancios.

A través de esta nueva herramienta se han creado multitud de grupos y foros donde, por ejemplo, se insulta, humilla y desprecia a las mujeres y colectivos LGTB con actitudes tales como subir sus fotos para reírse y juzgar su aspecto. En estos grupos los neandertales sociales se golpean el pecho dándose la razón unos a otros para autoengañarse y creer que lo que hacen es correcto.

Otra de sus cavernícolas acciones consiste en el acoso masivo a las figuras públicas, en especial mujeres que conciencian y crean un nuevo mundo, pues no solo no pueden soportar ver como el machismo más descarado está despareciendo, sino que tampoco ven con buenos ojos el surgimiento de una nueva cultura feminista y LGTB que desafía los valores tradicionales y crea perspectiva de género.

Esta mañana participé en los Encuentros de ElDiarioMurcia, un espacio donde distintas voces expusimos este acoso sufrido por parte de aquellos que no quieren aceptar que existen nuevas voces críticas y creativas más allá de la cultura rancia y patriarcal que siempre ha dominado.

Afirmaba Antonio Gramsci que "el viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos". Yo a los 'monstruos' he preferido llamarlos neandertales sociales, pues se trata de un espécimen que habita en una sociedad cada vez más cambiante y, al igual que los neandertales clásicos, ellos y su modo de vida están destinados a desaparecer para siempre.

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Las mujeres trans en el cine y la televisión

Los primeros pasos de las mujeres en el cine fueron un fiel reflejo de la sociedad machista en la que nació. No sólo se recluía a los personajes femeninos a los mismos papeles que la sociedad real nos tenía preparados, sino que se encargaba de recordarnos lo que pasaba si queríamos romper esos roles.

En más de una película anterior a los 70 se puede ver una escena muy común que consiste en una mujer entrando a un espacio público socialmente reservado para hombres –normalmente un bar-, acto seguido la mayoría de los hombres del lugar se lanzan para abusar sexualmente de ella. Como era de esperar el héroe solitario acude en su auxilio, no sin antes recordarle que ese lugar no es adecuado para las mujeres.

Esta misoginia contra las mujeres en el cine y televisión ha sido más acentuada y descarada cuando la mujer representada es transgénero. Las mujeres trans somos tratadas en el cine y televisión como seres deshumanizados, carentes de cualquier condición más allá de la de ser transgénero, la cual hace que la mujer sea un objeto constante de burla.

Un ejemplo práctico lo encontramos en la película `Ace Ventura: Pet Detective´, en la que el protagonista en una de las escenas vomita, quema su ropa y se da una larga ducha cuando descubre que acaba de besar a una mujer transgénero. Dicha mujer trans queda al instante deshumanizada y desposeída del resto de sus virtudes, reducida a ser un mero objeto de burla por el hecho de ser trans.

Respecto a la televisión encontramos ejemplos en series de gran prestigio y calidad humorística como lo es `Friends´. Esta serie siempre destacó por su humor fresco y audaz y por una evolución sana de los personajes. Sin embargo, la transexualidad de una de los personajes secundarias de la serie siempre se usó para culparla de males como los traumas de su hijo, así como que dicho personaje siempre es tratada en masculino y su trabajo y forma de vida siempre fueron ridiculizados. Nunca hubo ni se buscó una evolución de los personajes en una trato más humano y respetuoso con la transexualidad porque los guionistas no diseñaron el tema para este fin, lo diseñaron para ser un objeto de burla constante.

Estos dos últimos ejemplos son comedias estadounidenses de los 90, desde entonces ha habido muchos avances en el trato con el que la comedia recibe a las mujeres trans. Aun así, podemos encontrar ejemplos igual de misóginos en series actuales de nuestro país. El ejemplo más actual lo encontramos en el personaje de Alba en la popular comedia `La que se avecina´. Alba es una chica transgénero, y como era de esperar las apariciones de esta chica se reducen a escenas donde el resto de personajes puedan hacer burla de su condición de mujer transgénero. Estas burlas no se realizan en un contexto donde se busque la indignación del espectador, sino que se realizan buscando su carcajada. Mientras en otros países existen algunas series como `Transparent´, donde se aborda con casi excelencia el tema de la transexualidad femenina, en España parece que aún nos queda mucho que mejorar en este tema.

Pero las mujeres trans no son sólo usadas para ser representadas como monstruos de los que poder burlarse, también son usadas para ser tachadas de mentirosas y manipuladoras por ocultar su condición de transgénero. Estos adjetivos contra ellas no nacen de la indignación del resto de protagonistas al sentirse engañados, sino que nace de la frustración de los personajes masculinos al seguir sintiéndose atraídos por la mujer, aún conociendo su condición de transgénero.

Desde principios de siglo la representación de las mujeres trans ha ido mejorando lentamente en el cine y la televisión. Actualmente podemos encontrar series como la ya mencionada `Transparent´ o `Sense8´ que representan a las mujeres trans de manera respetuosa.

A pesar de todos estos avances, las burlas, aunque no tan crueles e hirientes como antes, siguen presentes en el cine y televisión actual, como en la película `Deadpool´ o en la serie `Big Bang´ donde aún se hacen bromas de este estilo. Para conseguir avances en la ficción debe haberlos en la sociedad, por ello debemos dar voz a las mujeres trans que dirigen películas y series en el cine independiente, o como mínimo que se nos escuche cuando somos representadas en la ficción.

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La realidad trans

En los últimos años hemos observado como la transexualidad ganaba visibilidad en todo el mundo. En 2015 Caitlyn Jenner, icono del deporte y la televisión, anunciaba en prime time que era una mujer transgénero. A finales de ese mismo año se estrenó en los cines 'La chica danesa', un filme sobre la transexualidad en el siglo XIX que tuvo gran acogida por parte del público y de la crítica. Y, por último, la popular trilogía 'Matrix' ha resultado ser una película dirigida íntegramente por dos mujeres transgénero: las hermanas Wachowski.

Esta visibilidad ha llegado para quedarse, pero no ha sido producto de la casualidad. Ni su aceptación social se ha generado de forma espontánea, sino que ha sido producto de décadas de lucha trans: primero, para poner fin a la persecución de nuestra existencia; y años más tarde, para acabar con la judicialización y medicalización de nuestras vidas.

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