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Charo Solís

Especializada en información política. Curtida en el periodismo de provincias en papel y agencias.Trabajé en Cádiz Información y La Voz de Cádiz, donde formé parte de su redacción fundacional. Fui corresponsal de Europa Press, EFE y El Correo de Andalucía. Los cinco últimos años he estado informando desde las páginas de Diario de Sevilla de lo que se cuece entre los muros del Hospital de las Cinco Llagas, sede del Parlamento andaluz.

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La Puebla del Río: entre el castillo de Don Blas, Doñana y arrozales

El Ayuntamiento antes era un pajar. El padre de Santiago Ruiz trabajaba allí y dejaba cada noche su Renault 8 aparcado en su interior. En 1989 se convirtió en la casa consistorial y unos años más tarde, Santiago volvía a entrar para montar en su patio el belén de La Puebla del Río. Un nacimiento que tiene como protagonista indiscutible el río que discurre sobre una superficie de 32 metros cuadrados. Con un embarcadero, barcas y una noria se retrata a esta localidad a orillas del Guadalquivir que crece entre arrozales, marismas y en el entorno de Doñana. 

Dos meses de trabajo intenso, nueve mil tornillos para sujetar la estructura de madera sobre la que se asientan otros dos mil kilos de corcho son las cifras del Belén de Santiago y Lola, su mujer y colaboradora en esta tarea. Este cigarrero, que vendió zapatos en una conocida gran superficie del centro de Sevilla durante 40 años, recuerda perfectamente cómo era La Puebla precisamente en 1979, el año de las primeras elecciones locales en democracia. Rememora cómo se construyó la barriada de La Paz cuando la dictadura ya casi tocaba a su fin o las calles tapizadas de arena de lo que él llama Puerto Piojo, un barrio degradado que en la época estaba sin asfaltar. 

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Tocina-Los Rosales: dos pueblos en uno

Dos cabalgatas de Reyes, dos parroquias, dos bibliotecas municipales, dos centros cívicos y, hasta hace bien poco, dos ferias. Todo por duplicado. Así de complicada era y es la gestión de Tocina-Los Rosales, un pueblo con dos núcleos prácticamente idénticos por volumen de habitantes (suman 9.578 personas) y separados por menos de dos kilómetros. Durante la burbuja inmobiliaria existió la tentación de unirlos con promociones de viviendas. Nunca se materializó. Y esta localidad sigue con una doble y muy marcada personalidad, donde es tocinero quien vive en Tocina y rosaleño el que reside en Los Rosales. Hasta para la confección de las listas electorales se tiene en cuenta el equilibrio territorial. 

El núcleo de Los Rosales creció a principios del siglo XX en torno a vía del tren, la empresa azucarera y por los colonos llegados principalmente de la provincia de Granada al calor también de los cultivos de regadío de Tocina. Su despegue definitivo coincidió casi con la llegada de la democracia a los ayuntamientos, hace justo ahora 40 años. Desde entonces, los dos núcleos están prácticamente equiparados en población. En ese crecimiento de Los Rosales y la llegada de emigrantes de otras provincias puede estar, según su alcalde, Francisco José Calvo, la clave de ese espíritu luchador y emprendedor de la localidad. 

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El Ronquillo, ni cerca ni lejos

Ni cerca ni lejos. Esta es la clave para que en sus doscientos años de historia El Ronquilloresista sin perder población. A poco más de media hora de Sevilla, esta joven localidad de la comarca de la Ruta de la Plata, que linda con Badajoz y Huelva, logra mantener prácticamente inalterado su número de habitantes en torno a los 1.400 personas desde las primeras elecciones municipales en democracia, después de un éxodo importante en la década de los 60 hacia Cataluña y común a tantos municipios andaluces. Sin embargo, su alcalde, José Antonio López (PSOE), advierte que pese a esa ventaja de estar “ni cerca ni lejos” que ha permitido fijar su población, no pueden dormirse en los laureles. 

"Si hace cuarenta años se produjo una transformación total en cuanto a servicios públicos y dotación de infraestructuras, con un nuevo colegio, un centro de salud, una escuela de música o un pabellón deportivo y una piscina municipal, además de buenas comunicaciones por estar a pie de autovía, lo que ahora precisamos es una mejor conexión con la capital por transporte público y la llegada de la fibra óptica”, explica. Tiene muy claro que no sólo es necesario, sino urgente, acometer estos dos grandes retos ante el riesgo de despoblamiento que se cierne sobre tantos pequeños municipios. 

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Pilas: un pueblo de aprendices, empresarios y forasteros

Doblan las campanas de la iglesia de Santa María la Mayor y una larga comitiva recorre las calles del casco antiguo. "Todos los días hay un entierro", suspira una vecina que la ve pasar, mientras otra más joven le pregunta si sabe quién es la persona fallecida. En segundos, le hace un pormenorizado retrato de su vida y obra. Pilas, con un padrón con 13.949 habitantes, es y se siente como un pueblo. Todos más o menos se conocen y esa realidad no es muy distinta a cómo era esta localidad hace cuarenta años. 

Aquel 3 de abril de 1979, los pileños votaron democráticamente a su alcalde. José Leocadio Ortega recuerda a la perfección aquella noche cuando su padre, que había sido concejal en los últimos años de la dictadura, le comunicó que habían ganado los comunistas. Ahora que él es alcalde, resalta cómo aquella etapa de la transición fue ejemplar. "Si algo caracteriza a los vecinos de Pilas es que somos gente extremadamente práctica", resume, mientras rememora cómo no pasó nada porque el nuevo regidor del PCE quitara todas las calles con nombres franquistas o cómo la cruz dedicada a los caídos en la guerra civil, ubicada precisamente en la iglesia de Santa María, se trasladó al cementerio y se decidió que fuera un monumento en recuerdo a todos los pileños enterrados fuera del pueblo. Faltaban aún décadas para que hubiera leyes de memoria histórica y, a su manera, en Pilas ya se habían anticipado. 

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Bollullos de la Mitación: la identidad de un pueblo que sobrevivió a la burbuja inmobiliaria

El esqueleto de lo que iba a ser un gran pabellón deportivo cubierto recibe al visitante de Bollullos de la Mitación. Esa estructura de cemento a medio terminar es el fiel reflejo del delirio inmobiliario que supuso aquella burbuja que explotó hace un decenio y cuyo único beneficio, en el caso de este municipio aljarafeño, es que permitió que no creciera de forma incontrolada y que se perdiera su esencia de pueblo. 

Un paseo por sus calles permite comprobar que es así. Sus calles, su comercio, su vida nada tiene que ver con localidades vecinas de la primera corona del Aljarafe que, al calor del ladrillo, se convirtieron en ciudades dormitorio sin personalidad o que si la mantienen, es tapada, casi sepultada, por hileras interminables de urbanizaciones. Aún así, Bollullos no ha sido completamente ajeno a ese fenómeno. Su evolución demográfica así lo atestigua: hace cuarenta años, cuando se celebraron las primeras elecciones municipales democráticas, rondaba los 4.000 habitantes, en el año 2000 superó la barrera de los 5.000, y en los últimos años no ha parado de crecer hasta llegar a los 10.647 vecinos. 

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Camas: donde se unen la vega del Guadalquivir y la cornisa del Aljarafe

La diosa Astarté parece recibir con los brazos abiertos. Esta figura tartesia preside la rotonda que da la bienvenida a Camas y bien puede resumir la esencia de esta localidad que une la vega del Guadalquivir con la cornisa del Aljarafe, y que, a lo largo de su historia, ha sido lugar de paso y parada de viajeros, cruce de caminos y asentamiento de ciudadanos de todas partes. Desde tartesios a romanos, musulmanes y ya en el siglo XX a extremeños o mallorquines. Por eso, es una ciudad abierta que nunca ha dejado de crecer. 

Las primeras elecciones municipales en democracia llegaron cuando el despegue demográfico y económico de Camas ya se había consolidado. En 1940, tan solo residían 5.214 habitantes y cuatro décadas después, en 1980, eran ya más de 25.000. Por entonces, su motor era la industria surgida al calor del desarrollo del ferrocarril que permitió el crecimiento de una clase obrera, pero aquel tejido industrial poco a poco fue desapareciendo y fue sustituido por el sector servicios. Su economía y su cercanía a Sevilla la hicieron idónea para ser un municipio de acogida, lo que atestiguan las 27.463 personas que hoy tiene empadronadas. 

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Los Molares: punto de partida para una ruta de los castillos

A partir de las diez de la mañana y hasta bien entrado el mediodía, el banco de hierro forjado que está en la esquina de la Avenida de Andalucía con la calle Real de Los Molares está de lo más concurrida. Todos los días, un grupo de vecinos ya jubilados se reúnen. Advierten que todo aquel que pasa por aquella esquina y se para con ellos, se lleva el mote puesto. Un empleado de una sucursal bancaria del pueblo se paró un día y les dijo “ya vengo preparado, que me han dicho que ponéis mote a todo el mundo”. Desde entonces fue “el preparao”. 

En la reunión de hoy están Cristóbal Gómez, Jerónimo Moreno, Antonio Ramos, Diego Moreno y José Luis Rincón. Echar la vista a hace 40 años no les cuesta ningún trabajo. Cuando en 1979 se abrieron las urnas de las primeras elecciones municipales, en Los Molares muchas calles estaban sin asfaltar, había poca iluminación, muchas casas no tenían cuarto de baño, tampoco había polideportivo, tan sólo había un colegio y la atención sanitaria recaía en el único médico del pueblo que pasaba consulta.

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Paradas: más servicios públicos e ideas para retener el talento y evitar la despoblación

Enmarcada por el verde y amarillo de los campos de olivo, girasol, cereal o garbanzo, está Paradas, una localidad de la comarca de la Campiña de Sevilla que en estos 40 años de democracia local ha cambiado sin dejar atrás sus raíces agrícolas, avanzando en sus infraestructuras y servicios públicos, pero sin dar de lado reivindicaciones fruto de haber estado siempre a la sombra de grandes municipios como Arahal, Carmona y Marchena. En materia educativa, sanitaria y laboral, pero también en transporte y comunicaciones, pese a estar a los pies de la A-92, siguen haciendo falta mejoras y son motivo de lucha para los paraeños, paradeños o paradenses. 

En un momento en el que la atención recae sobre el fenómeno del envejecimiento y la despoblación, los alcaldes de los medianos y pequeños municipios saben que es el momento idóneo para reclamar aquellos servicios que competencialmente no pueden prestar y que son claves para su subsistencia. El alcalde de Paradas, Rafael Cobano (Adelante Andalucía), tiene claro que “para que la gente se quede en los pueblos, además de trabajo, hacen falta servicios”. Y su pueblo precisa de un servicio de Urgencias del que ahora carece. “Tenemos un centro de salud estupendo, pero desde el viernes a partir del mediodía ya no tenemos servicio sanitario ninguno. Estar tan cerca de Arahal (8 kilómetros) nos impide contar con Urgencias”, critica. No es lo único, porque desde que en el año 2003 se lograra tener un instituto de Enseñanza Secundaria, no se ha logrado completar con Bachillerato, que hay que cursarlo también este vecino municipio. 

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Castilleja del Campo: un pueblo con muchas tablas

Para los castillejinos, divisar el toro negro de Osborne en la carretera A-472 significa que ya están llegando a casa. Detrás de la loma sobre la que destaca su figura, está su pueblo, Castilleja del Campo, que con sus 625 habitantes es el municipio más pequeño y más apartado de la comarca del Aljarafe sevillano. Una localidad que en los 40 años de democracia local transcurridos, además de avanzar en servicios públicos y mejorar sus infraestructuras, ha querido recuperar su acervo cultural sobre las tablas de un escenario. Porque si hay algo que les gusta a sus vecinos es el teatro.

Como explica el cronista oficial de la villa (recibió oficialmente este título de su Ayuntamiento en 2011), Juan Carmelo Luque, la tradición teatral hay que buscarla en patios y corrales. No se sabe con precisión en qué momento del siglo XX arranca, pero lo primero que tienen documentado es la creación en 1943 de la primera compañía de actores aficionados. Sainetes y obras se estuvieron representando en los cuarenta dando pie diez años después a un teatro de variedades, donde el cabaré se daba la mano con musicales y zarzuela. Como recoge Luque en su blog, era tal el éxito de las representaciones en la casa de la marquesa de Castilleja del Campo, que las programadas en 1956 se tuvieron que repetir todas tres veces durante el año siguiente.

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Almadén de la Plata: el futuro está escrito en las estrellas

El pasado de Almadén de la Plata fue brillante. Refulgía por los yacimientos de este y otros metales, por el mármol de sus canteras, pero también por la bonanza de sus explotaciones agrícolas y ganaderas y ser parada del Camino de Santiago. Así fue durante siglos, un municipio próspero que rebosaba vida. Tanto, que en la década de los 60 llegó a rozar los 4.000 habitantes. A partir de ese momento, coincidiendo con el fin de la dictadura y la llegada de la democracia, comenzó un declive imparable que, hoy día, sus 1.379 vecinos parecen estar dispuestos a revertir. Y tienen las miras puestas, nada más y nada menos, que en el cielo. 

Limpio, sin contaminación lumínica alguna, el firmamento de este pueblo es único. No se podía desperdiciar, de ahí que en 2007 se construyera un observatorio astronómico y centro de divulgación científica. Era el gran sueño, la gran oportunidad de buscar alternativas a una economía local en caída libre, abriéndose al turismo de las estrellas y al turismo rural, pero la ilusión languidece doce años después. Nunca se inauguró. Ni siquiera tras la declaración internacional de Almadén como Reserva Starlight en 2014, que comparte con otras localidades de Sierra Morena sevillana, en la que es la reserva más grande del mundo con sus 400 kilómetros de extensión (este reconocimiento está avalado por la Unesco y la Organización Mundial del Turismo). Los melojeros tienen aún esperanza en su recuperación para que su pueblo no se acabe convirtiendo en una enana blanca. 

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