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David Benavides

Doctor en Informática por la Universidad de Sevilla, donde es profesor, David Benavides ocupa la secretaría Política de Podemos de Andalucía desde 2014 y su mandato concluye con las primarias convocadas en 2016. Llegó a este partido sin haber militado antes en ninguno, si bien desde 2009 pertenece al Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) de la Universidad de Sevilla. 

El 2D, un día sin referentes progresistas

Fui el primer secretario político de Podemos Andalucía. Di el paso a formar parte de la estructura de un partido que se presentaba como nuevo. Lo hice desde mi experiencia profesional y mi compromiso social impulsado por una ola de ilusión que había empezado a fraguarse en el 15M y otros movimientos ciudadanos y populares. Nunca antes había militado en un partido. Lo hice desde Andalucía porque quería cambiar la realidad de mi entorno. Impulsar la universidad y la educación como motores de cambio a futuro y como elementos centrales que podían y pueden hacer una Andalucía mejor, más sostenible, más igual, más humana, más avanzada. Plantear propuestas solventes, posibles y al mismo tiempo atrevidas para hacer frente a una crisis global con muchas aristas desde económicas hasta ecológicas.

Mi experiencia duro dos años. La distancia entre "una nueva forma de hacer política" y la acción real era muy grande. De la participación y la decisión colectiva se pasaba rápidamente a la centralización de las decisiones, al poder del aparato y al apretar filas frente a opiniones divergentes. En lugar de ampliar la base social a medida que el partido ampliaba su representación institucional, la base del partido se iba minando poco a poco y la gente que un día se acercó con ganas de aportar para un cambio de ciclo, se iba quedando descolgada.

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Ciberataques, ¿nuevas formas de guerra?

El pasado 12 de mayo titulares como "El ciberataque se extiende a escala mundial", "El ciberataque es global" o "El ciberataque de WannaCry se extiende a gran escala" abrían periódicos, telediarios, programas de radio, circulaban a toda velocidad por redes sociales y eran hasta comentados en cafeterías y bares. Y es que una conocida empresa de seguridad afirmaba, alrededor de las 10 de la mañana, que se habrían producido más de 45.000 ataques en 74 países del mundo. En España, importantes corporaciones y organismos daban buena cuenta de haberlos sufrido y alertaban incluso a sus empleados por megafonía usando una estética que recordaba a estados de alerta más convencionales como incendios, terremotos o incluso guerras.

La historia se tornaba en película con final feliz cuando dos héroes  informáticos encontraban una  solución ingeniosa para frenar el avance  de la embestida y por 10 dólares ingeniaban una manera muy sencilla de detener el maligno "gusano". Al parecer, los ciberguerreros habrían ideado una manera de pararlo, muy civilizada, en caso de que la cosa se fuera mucho de madre. Una tregua para que nos demos prisa en actualizar el sistema, no vaya a ser que una segunda versión realizada por los atacantes -referida como "mutación" en algunos medios haciendo uso de vocablos genéticos, como si de algo azaroso se tratara- nos coja de nuevo de imprevisto. Crucemos los dedos.

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Cambio de marcha en Podemos Andalucía

Parece evidente que Podemos es la herramienta más interesante y útil que se ha puesto a disposición de los sectores populares en este país en mucho tiempo. La indignación se transformó en propuestas y un consenso social propio de cambios de ciclo en un régimen, el del 76, caduco y con una crisis de legitimidad no vista antes. La actual brecha abierta en el seno del PSOE que ha cristalizado en un gobierno continuista tanto en lo económico como en lo estético no es más que una muestra de que la ventana de oportunidad existe y que una propuesta transversal podría aglutinar a amplios sectores populares para construir un nuevo país.

El ciclo electoral al que nos hemos sometido ha sido al tiempo ilusionante y desgastante. Ha habido que acelerar de 0 a 100 a veces demasiado rápida lo que nos ha hecho incluso derrapar y gastar las ruedas. Hemos llegado a las últimas citas electorales con una carga difícil de capear. Es difícil y seguramente no deseable, forzar un relato de movilización permanente en el momento actual sobre una sociedad que se debate con liquidez 'Baumaniana' entre el miedo y la ilusión frustrada de cambio. Pero con la toma de posesión del nuevo gobierno -con biblia, crucifijo y notario mayor del reino- se escenifica el momento en el que toca cambiar de marcha: restauración por arriba (con aislamiento en el rincón de la protesta de las potenciales fuerzas de cambio) o avanzar en la construcción del nuevo bloque histórico (saliendo del rincón donde nos quieren los adversarios, permeando y sumando en y con las contradicciones de la sociedad actual, conduciendo los debates internos de manera democrática al tiempo que prudente, entre otras tareas).

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