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Ingrid Guzmán

Ingrid Guzmán es periodista. La mayor parte de su trayectoria profesional ha estado ligada a la Consultoría en comunicación en la agencia Consultores Quantumleap y en asesoría en marketing político. A los doce años se vio rodeada de cine gracias al videoclub que su madre instaló en casa. Desde entonces el séptimo arte se convirtió en una adicción. Aunque disfruta de distintos géneros y propuestas, le atrapa, en especial el cine independiente, oriental y occidental. Chapplin, Haneke, Von Trier, Kusturica, Frears, Kore-eda, Ozon, Wong Kar-wai y Ken Loach son algunos de sus directores favoritos.

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‘La forma del agua’, de Guillermo del Toro: bella, poética… y complaciente

Guillermo del Toro nos ofrece una historia apasionada con toques poéticos en la que, con gran despliegue de producción y guiños al Hollywood más clásico, nos sumerge en el amor entre dos seres marginados. La historia se remonta a los años 60, en plena Guerra Fría. Una muchacha solitaria y muda (Sally Hawkins) se deja llevar por una monótona vida como chica de la limpieza trabajando en unas instalaciones clandestinas del ejército estadounidense. Un buen día, descubre a una extraña criatura, un anfibio con forma humana (Doug Jones) que el Gobierno norteamericano oculta de los tentáculos soviéticos.

El amor acabará surgiendo entre la limpiadora y el ‘monstruo’. Sin embargo, por puro ensañamiento del villano de la película (Michael Shannon), que tiene a su cargo al hombre-pez (no queda muy claro qué pasó entre el ser y el agente antes de su llegada al búnker), el Gobierno decide matar a la extraña criatura sin pretender estudiarla o analizar su potencial biológico (algo que, por cierto, no se entiende ni siquiera en su contexto). Los acontecimientos se precipitarán a partir de entonces.

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 ‘Madre!’, de Darren Aronofsky: de pasaje bíblico a crítica socioambiental

‘Madre! (Mother!)’, como casi todo lo de Darren Aronofsky, lleva al espectador a removerse incómodo en la butaca. De entrada, hay que decir que es un filme que amas u odias. Aquí el espacio para el relativismo es poco. La película inquieta, estremece, repugna, conmueve, invita a la controversia, al escándalo, al sentimentalismo e incluso, puede llevar al tedio. La atmósfera en la que nos sumerge el neoyorquino es tan confusa que obliga a buscar entre alegorías el mensaje de una suerte de anarquía apocalíptica que se aproxima más al terror que al drama psicológico (o socioambiental si se adopta la postura del director). Las interpretaciones pueden ser tan variadas como los espectadores.

Aronofsky escribe en cinco días el primer borrador del guion y deja en él, según sus propias declaraciones, la ira que siente cuando piensa en lo que está pasando con el planeta y en la indiferencia de los seres humanos para con esta situación. De hecho, se inspira en la composición de ‘El Ángel Exterminador’ de Luis Buñuel para mostrar la complejidad de la trama social que plantea. Los seres humanos destruimos la Tierra, Dios es un ególatra que reinventa una y otra vez aquello que está abocado a la destrucción y vivimos en una especie de esquizofrenia colectiva.

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Las 20 mejores películas de ciencia ficción de la historia del cine

El pasado que regresa, el futuro que nunca llega o lo hace de forma inesperada, el miedo al vacío, a otros planetas, a otras especies. Universos ficticios tan reales como si siempre hubieran existido. La interpretación de los sueños. Las capas de la realidad. La incertidumbre. El espacio exterior convertido en miles de batallas entre buenos y malos, junto con realidades paralelas, cuartas dimensiones y vida después de la muerte. Todo eso y mucho más es la ciencia ficción, un género cuyas definiciones, en todas las disciplinas, se quedan cortas a cada minuto. Y en el cine, un espacio imprescindible para comprender su magia y su historia.

Quizás este vaya a ser el mayor riesgo que hemos corrido quienes desde hace años componemos el planeta Cinetario. Elegir una veintena de películas de entre uno de los géneros más populares del cine es una tarea a la que hemos dedicado mucho tiempo y debates. No hemos olvidado que en la mayoría de los casos es una categoría híbrida, que abre sus puertas a otras como el terror, el suspense o el thriller; y que bebe de multitud de literatura fantástica y forma parte del imaginario de varias generaciones. Somos conscientes de que muchas de las películas que han quedado fuera serán reivindicadas por nuestros lectores y así lo respetaremos.

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A favor y en contra de ‘Réquiem por un sueño’, de Darren Aronofsky

La vida es como una montaña rusa, como esa que adorna una de las primeras secuencias de ' Réquiem por un sueño'. Algunas veces nos eleva hasta las más altas cotas y otras nos obliga a tocar fondo. Estas dos sensaciones, aunque opuestas, coinciden en lo extremo. Crear un retrato psicológico que evoque los intrincados matices del camino al tormentoso fondo de las obsesiones y la adicción, no parece una tarea fácil. Menos aun hacerlo con una película sobre drogadicción tras el éxito de 'Trainspotting' (Danny Boile, 1996).

En el año 2000 Darren Aronofsky nos dejó abrumados, y por qué no decirlo, en una especie de ‘shock’, con 'Réquiem por un sueño'. Pese a su corta carrera cinematográfica, este joven director estadounidense logró, de manera magistral, meternos en el asfixiante mundo de decadencia de cuatro personajes, que hundidos en la soledad y obsesionados con sus sueños, pierden el control de sí mismos. De un lado, plantea el descenso de Sara Goldfarb ( Ellen Burstyn), madre de Harry ( Jared Leto) cuya añoranza por la familia y la obsesión por participar en su programa de televisión favorito le llevan a perder la razón al hacerse adicta a las pastillas para adelgazar. De otro lado, están Harry, su novia Marion ( Jennifer Connelly) y su mejor amigo Tyrone (Marlon Wayans), quienes en busca de sus sueños de riqueza y emprendimiento, terminan hundidos por la adicción a la heroína.

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‘Frantz’, de François Ozon: culpa y humanismo

François Ozon sigue sumando éxitos con su particular estilo de abordar los dramas humanos. Festivales como Cannes, Sitges, Venecia, Berlín y San Sebastian han premiado su trayectoria, reconociendo en sus propuestas ingenio, audacia, crudeza, pero sobre todo, la sutileza con la que encara las revelaciones y tormentos de sus personajes. Con ' Frantz' el director francés confirma su versatilidad. Después de 'Joven y bonita' (2013) y 'Una nueva amiga' (2014), Ozon se enfrenta exitosamente a la mentira y a la culpa realizando un remake de ' Remordimiento' (1932), la adaptación que Ernst Lubitsch realiza de la obra 'L’homme que jài tué' (El hombre al que maté) de Maurice Rostand.

El film de Ozon recupera la figura del enigmático joven francés que viaja a un pueblo de la Alemania profunda para contactar con la familia de Frantz, un soldado alemán muerto durante la primera guerra mundial, al que sus padres y su prometida siguen llorando. La llegada de Adrien ( Pierre Niney) a la vida de Anna ( Paula Beer) y de la familia de Frantz descubre un cúmulo de sucesos y reflexiones entorno a la culpa, la mentira, el perdón, el deseo y la guerra.

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‘Después de la tormenta’, de Hirokazu Kore-eda: espejos y sueños

Kore-eda se ha convertido en uno de los realizadores de referencia del cine japonés contemporáneo. Su capacidad para retratar, con aguda delicadeza, las luces y sombras de las relaciones familiares le han abierto un espacio entre los favoritos de los festivales Cannes y San Sebastián, al punto de ser comparado con Yasujiro Ozu, maestro por antonomasia del cine nipón. Desde hace algunos años Kore-eda ha dedicado varias producciones a captar, con una narrativa muy similar (para algunos más de lo mismo), los entresijos de los vínculos paternofiliales. Basta echar un vistazo a 'Still walking' (2008); 'Kiseki' (2011), ' Like father, Like son' (2013) o 'Nuestra hermana pequeña' (2015). Aún así es de aplaudir su capacidad para encontrar la médula del conflicto en cada una y plasmar sin excesos los matices emocionales de cada drama.

En ' Después de la tormenta'Kore-eda mantiene su toque personal, entre el drama costumbrista y el realismo documental. De hecho da un paso más al volcar parte de su experiencia íntima tras la muerte de sus padres. Los cambios emocionales por los que pasa el protagonista, el intento por acercarse a la memoria de su padre para intentar comprenderle, su afición por la escritura, la mariposa azul en la que la madre ve a su difunto esposo y el barrio en el que vivió son puntos en común con la vida del director.

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