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Miguel Mosquera

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Fanáticos de los dardos: viaje entre matemáticas y cervezas a la cultura que resiste en los pubs británicos

Cuando Rob Madigan se convirtió en el mánager del Porters Lodge, un pub situado en la zona financiera de Londres, lo primero que hizo fue colgar una diana de dardos. Un par de semanas después, dos equipos ya habían convertido el Porters Lodge en su nueva casa. Visto el éxito, Madigan colocó una segunda diana. En menos de un año, el pub acogía hasta veinte equipos de dardos, casi todos ellos compuestos por compañeros de trabajo en empresas de la City, la milla cuadrada en la que tienen sede algunas de las principales entidades bancarias, firmas de abogados, aseguradoras y demás compañías de traje y corbata.

A medida que el pub ganaba popularidad entre los fanáticos de los dardos, Madigan iba pintando paredes de negro para poder seguir colocando más dianas y deshaciéndose de mesas para ganar espacio. Se ríe cuando recuerda que su estancia en el Porters Lodge en teoría iba a ser pasajera. “Mi amigo en ese pub me había llamado para pedirme si podía cubrirle durante una o dos semanas”. Madigan se encontró con un discreto local que servía comida tailandesa y contaba con una mesade billar y algunas noches de karaoke. Cuando devolvió las llaves del Porters Lodge casi cinco años después, el pub era la sede de cuarenta equipos, más que ningún otro bar en Londres, y el karaoke estaba en marcha todas las noches hasta las tres de la mañana. “Los jugadores intentaban terminar sus partidas antes que los demás para tomar control de karaoke”, rememora Madigan.

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