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Pere Rusiñol

Socio y redactor de la revista Alternativas Económicas. Me divertí en El País y en Público. Definitivamente, eran otros tiempos.

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Las pymes pasan a la ofensiva

La reciente creación de Plataforma Pymes, un nuevo espacio que aspira a representar los intereses de las pequeñas y medianas empresas españolas, ha agitado las aguas del mundo patronal. El nuevo movimiento no solo busca un reconocimiento de representación propia, al margen de la gran patronal CEOE, sino que su manifiesto fundacional evidencia una visión del mundo de la empresa y de la responsabilidad de los empresarios extremadamente crítica con los oligopolios y sus privilegios. Entre otros puntos, el documento aboga por vincular salarios y productividad, defiende una reforma fiscal que incremente el pago de impuestos de las grandes corporaciones y apuesta por un “capitalismo inclusivo” que fomente la equidad, en contraposición al “capitalismo neoclásico, financiero, clientelista, rentista y extractivo”.

“Es necesario tener una voz clara y sin intereses ocultos, que represente de verdad los intereses y valores de las empresas que operan en competencia, al margen de los monopolios, oligopolios y algunas grandes empresas. Estas, en defensa de sus privilegios de rentas excesivas operan en muchos casos con dinámicas contrarias a los intereses generales de las pymes y de la sociedad y, por regla general, tienen una capacidad de influencia y representación que determinan muchas de las decisiones que toman los diferentes gobiernos y reguladores”, señala el manifiesto.

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¿Es razonable la pensión estratosférica con la que Francisco González se despide del BBVA?

El 1 de enero las pensiones en España se actualizarán de nuevo a partir de la inflación, pese a que el BBVA Research, el servicio de estudios del segundo banco español, viene advirtiendo de que ello "hará más vulnerable a la economía española". Pese a que casi la mitad de las pensiones de jubilación aún están por debajo del salario mínimo, el servicio de estudios del BBVA insiste en arremeter contra la supuesta generosidad del sistema público, a su juicio insostenible. Ese mismo día, el 1 de enero de 2019, el que ha sido máximo ejecutivo del BBVA durante casi dos décadas, Francisco González, podrá embolsarse una pensión generosa de verdad: 79,7 millones de euros de una tacada.

Obviamente, se trata de una pensión privada, nutrida con aportaciones que el banco fue realizando hasta 2010, año en que González cumplió 65 años, como parte de su retribución al margen del salario base y, por tanto, con un impacto fiscal mucho menor. Pero la magnitud de la recompensa económica, estratosférica, en una España que vislumbra de nuevo nubarrones económicos cuando las clases populares aún no se han recuperado de la crisis, reabre el debate sobre la brecha salarial y las enormes diferencias retributivas entre una ínfima minoría con salarios disparados y una gran parte de la población con cada vez más dificultades para llegar a fin de mes. No es un debate estrictamente español, sino que ha irrumpido con fuerza en el mundo económico occidental y algunos de sus actores emblemáticos: desde el diario británico Financial Times hasta Blackrock, la mayor gestora de activos del mundo, con sede en Wall Street- han encendido todas las luces de alarma y claman por algún tipo de reforma que al menos limite los excesos retributivos en los consejos de administración.

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"Una empresa responsable es, a la larga, más competitiva"

Ignasi Carreras acaba ya su mandato (12 años) al frente del Instituto de Innovación Social de la escuela de negocios Esade después de décadas pidiendo justicia social para los países del Sur desde la dirección de Intermon Oxfam. Aunque quizá a simple vista cueste apreciarlo, no son trabajos tan distintos: en realidad, lleva toda una vida tratando de convencer a todo tipo de gente, y singularmente, a empresarios y directivos, para que se comprometan con un mundo más justo. No solo por razones morales, que también, sino en beneficio propio. ¿Cómo no va a ser mejor vivir en un mundo sin miseria que en uno en que los ricos tengan que estar siempre protegidos por ejércitos armados hasta los dientes?  

En Esade se forma a una parte importante de la elite del capitalismo español, e incluso internacional, atraída sobre todo por las fórmulas de éxito que permiten triunfar en la selva. Pero ahí está también Carreras, empujando para que se entienda que las empresas responsables y que apoyen la innovación social lo tienen mucho mejor para prosperar en el siglo XXI. Esta música solía provocar risitas entre los más duros y machotes formados en el pensamiento de que la única responsabilidad de la empresa es maximizar el valor del accionista. Pero ahora hasta BlackRock exige a las corporaciones crear “valor compartido”: con los accionistas, aunque también con los trabajadores, con la sociedad, con el medio ambiente… Para Carreras (Barcelona, 1957), la innovación social es la llave para conseguirlo.

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Empresas para vivir mejor

La crisis global que arrancó con las hipotecas subprime en Estados Unidos, en 2007, y que se fue extendiendo por todo el mundo, ha empeorado las condiciones de vida en la mayoría de los países occidentales y sobre todo de las clases populares, que no ven horizonte de mejora real por mucho que las cifras macroeconómicas vayan recuperándose. Pero al mismo tiempo, la Gran Recesión ha hecho añicos también buena parte de las certezas más optimistas del establishment económico mundial, que consideraba que el capitalismo había llegado a una fase de excelencia equivalente al famoso final de la historia, que incluso los ciclos económicos habían sido superados y que solo quedaba por delante una inacabable fase de expansión y prosperidad.

La realidad era muy distinta: este optimismo supuestamente científico tenía como base una gran burbuja especulativa sin conexión con la economía real. Cuando pinchó, todo quedó arrasado, incluidos los dogmas oficiales y la confianza de muchos ciudadanos con las formas de funcionar (económicas y políticas) que habían llevado a la gran explosión. En medio del desconcierto, mucha gente empezó a buscar otras formas de hacer que colocaran en primer término los intereses de la sociedad en su conjunto, con una visión a largo plazo, por encima de la búsqueda del máximo beneficio a cualquier precio de unos pocos directivos y accionistas.

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Cajas de ahorros: de la nostalgia a la acción

La pérdida del sistema de las cajas de ahorros, reducidas ya sólo formalmente a las de Ontinyent y Pollença, fue una gran noticia para los bancos, pero no necesariamente para los ciudadanos, que históricamente siempre habían confiado sus depósitos más a las cajas que a los bancos. Algunos antiguos usuarios de cajas catalanas acaban de constituir, tras casi tres años de arduos preparativos, Catalana de Servicios Financieros, una cooperativa de servicios financieros que apela expresamente a la nostalgia de las antiguas cajas. La nueva entidad cuenta ya con un local en el barrio de Sant Andreu de Barcelona y el pasado 15 de febrero se presentó en sociedad en un acto en el paraninfo de la Universidad de Barcelona (UB) con  Desjardins -la banca cooperativa de Quebec- como gran referencia.

“En muy poco tiempo todo se vino abajo y los clientes dejamos de tener interlocutores en las cajas interesados en prestar ayuda a la economía productiva”, sostiene Joan Olivé, presidente de la entidad, que se ha lanzado con 200 socios (con una aportación mínima de 100 euros). Y añade: “Para una sociedad es un drama no contar con entidades financieras comprometidas con su país, con sus empresas y su gente”.

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Barcelona sacude la deuda

Para la izquierda, la emisión de deuda suele tener dos caras difícilmente conciliables: por un lado, permiten impulsar políticas sociales ambiciosas, pero por otro pueden hipotecar las cuentas municipales y aumentar la dependencia con los bancos que prestan el dinero.

¿Existe alguna fórmula que permita endeudarse razonablemente sin depender de los bancos convencionales?, y sin tener que hacer antes una Revolución como la de Lenin, se entiende. El Ayuntamiento de Barcelona, dirigido por Ada Colau (Barcelona en Comú), está convencido de haber dado con la tecla que supere esta aparente contradicción. Y no solo en teoría, sino también en la práctica: las nuevas operaciones de deuda impulsadas por el Ayuntamiento en 2017 sumaron la nada desdeñable cifra de 126 millones de euros, pero se suscribieron por vías muy poco habituales: sólo el 22% del total fueron créditos de la banca convencional: 28 millones a diez años concedidos por el Banco Sabadell.

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Cómo funciona de verdad el poder

En enero de 2015, tras el primer triunfo electoral de Syriza, el reputado economista Yanis Varoufakis, con larga trayectoria académica en Grecia, pero también en Estados Unidos, era nombrado ministro de Finanzas con el mandato de renegociar con la Unión Europea. El resultado de sus casi seis meses en el ministerio, en un estresante primer semestre de 2015 en el que se bordeó la implosión de la eurozona,  fue una de las experiencias más amargas no sólo para este país, sino para toda la izquierda alternativa europea: el Gobierno aguantó el pulso, ganó incluso un referéndum en el que desafió a Bruselas en condiciones de extrema dificultad —corralito incluido—, pero finalmente no obtuvo absolutamente nada, fue humillado por la troika y el Gobierno de Alexis Tsipras acabó entregando la cabeza de Varoufakis para salvar la propia.

Esta ducha de agua fría de realismo extremo tiene ahora su interesantísimo contrapunto en el relato, minucioso y creíble, de aquellos días que ofrece el propio Varoufakis, que explica su posición y por qué su gran apuesta —salir de la eurozona, aunque no fuera su objetivo, antes que rendirse y seguir con la austeridad impuesta— no sólo era posible, sino que tenía todo el sentido económico y hasta técnico.

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El viento, para el que lo trabaja

Hubo una época, no tan lejana, en que el objetivo de las personas más comprometidas con el cambio social era crear “dos, tres, muchos Vietnams”.  Ahora los objetivos de algunos que siguen comprometidos con el cambio social parecen menos ambiciosos, pero probablemente son más realistas: crear “dos, tres, muchos molinos de viento”.

No es ninguna broma: el modelo energético es uno de los elementos centrales de una sociedad, y los esfuerzos destinados a poner este sector estratégico al servicio de los intereses de la ciudadanía es una de las grandes prioridades de los movimientos alternativos de hoy, que aspiran además a un cambio hacia un modelo de energía limpia.  Antes de que acabe el año empezará a funcionar en Pujalt, en la comarca de Anoia (Barcelona), “la primera eólica de la ciudadanía”, una iniciativa pionera impulsada por veteranos del movimiento ecologista, que han creado un modelo innovador que ahora podría ser replicado en muchos otros lugares: a través de la financiación colectiva han adquirido un aerogenerador de 2,35 MW, de propiedad compartida entre las 381 personas y entidades que de momento se han sumado al proyecto, que produce electricidad limpia y verde.

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Deliveroo: un pulso decisivo

"Aquí te venden un mundo de ensueño, con mucha flexibilidad, libertad y el colmo de la modernidad, pero a mí la experiencia me recordó más bien a la esclavitud. Y no acepto que por el hecho de ser joven tenga que vivir en una especie de esclavitud". Dani Gutiérrez, de veinticinco años, licenciado en Geografía y con un grado superior en técnico de sonido, se acercó hace un año a Deliveroo, una de las empresas emblemáticas de la gig economy, que entrega a domicilio comida de restaurantes a través sobre todo de ciclistas, que en la jerga se conocen como riders. Pronto se dio cuenta, afirma Gutiérrez, de que el cuento no es como lo contaban: "Se trabaja mucho, se gana muy poco y la supuesta flexibilidad no es tal", asegura con el semblante serio.

La teoría dice que todos los que se apuntan como riders pueden elegir cuándo y cómo trabajan, pero el algoritmo que reparte los turnos tiene claro que algunos tienen preferencia a la hora de elegir: si no te apuntas a las horas pico (viernes, sábado y domingo, de 20:00 a 23:00) es difícil conseguir que la máquina te asigne las otras franjas que has pedido. Y no se cobra por horas de disponibilidad, sino por servicio efectuado, a una media de 4,5 euros la entrega. Ojo: de este salario, además, hay que descontar los impuestos, la cuota de autónomo —todos los riders son considerados autónomos por Deliveroo y empresas análogas— y el seguro.

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El diario griego que rompe tópicos

Cuando la crisis llevó a Grecia al borde del precipicio, en 2010, la mayoría de periódicos tuvieron que elegir entre cerrar o someterse a nuevos financiadores más interesados en la propaganda que en el periodismo. En realidad, no fue un dilema original de Grecia, pero sí lo fue la salida que acabó encontrando un grupo de periodistas que no quisieron optar entre lo malo y lo peor: del cierre del diario Libertad de prensa, referente periodístico del centro-izquierda, acabó naciendo en 2012 Efsyn ( El diario de los periodistas), un periódico realmente distinto: cooperativo y con voluntad de jugar en primera división, junto a los medios que marcan la agenda. 

Esta doble pretensión —fórmula cooperativa y vocación mainstream— para un diario de información general, que exige una logística complicadísima con muchos trabajadores implicados, parecía una utopía, pero cinco años después el proyecto no sólo sigue en pie, sino que parece haberse consolidado sin renunciar a ninguna de las dos patas: las reglas cooperativas se aplican incluso a las rutinas de producción de la información —los periodistas eligen al director y a los redactores jefe en votaciones vinculantes— y el diario es el tercero en ventas, con cifras consolidadas por encima de los 15.000 ejemplares en un mercado periodístico muy fragmentado en Grecia y en caída libre en todo el mundo. Pese a ello, Efsyn ha logrado aumentar su circulación el 18% desde su arranque.

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