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Raquel Pérez Gómez

Bióloga, especialista en Genética y doctora en Ciencias Veterinarias por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente, de vuelta en España, lucha por un lugar digno en el sistema científico 

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Los albores de la nutrigenética: bastante ruido, muy pocas nueces y algunas sospechas

Es algo bien aceptado que los alimentos se asimilan de forma distinta por cada individuo, y que esa asimilación diferente depende, al menos en parte, de los genes de cada uno. Esto es precisamente lo que estudia la nutrigenética. Lo mismo ocurre con los distintos fármacos, cuya eficiencia depende de nuestras variantes genéticas individuales y propias, tal como estudia la farmacogenética. En esta idea está el origen de la llamada "dieta del ADN", que, a diferencia de la dieta proteica o la dieta de las manzanas, no consiste en comer mucho ADN. El nombre no es muy afortunado, porque todos los seres vivos estamos llenos de ADN y no podemos separar esta molécula del resto de nutrientes en los alimentos; esta dieta no implica por tanto ningún aporte extra de ADN. La mal llamada "dieta del ADN" presume de utilizar la nutrigenética para predecir cómo vamos a responder a los distintos nutrientes y elementos de nuestra comida partiendo del estudio de nuestra genética particular. Con esa información, nos aconsejan la dieta más adecuada para perder peso o para mantenernos en forma, nos descubre intolerancias alimentarias y nos aproxima, en resumen, a una presunta dieta ideal. La "dieta del ADN" no es un proceso, es un producto: una compañía ofrece un test genético con el que diseña una "dieta personalizada".

Cuando buscamos un servicio de test genético para nuestra dieta, encontramos algunas cosas que despiertan sospecha. Una muy llamativa es que las compañías no especifican los detalles del método de análisis (genotipado) que utilizan; en su mayoría, no especifican cuántas ni qué variantes del ADN consideran para conformar el consejo genético y engloban los factores analizados en paquetes como "metabolismo de las grasas" o "necesidades particulares de nutrientes". El resto entra, se supone, dentro del secreto comercial. Cada compañía diseña su test o su particular interpretación de un mismo test. Es importante destacar que las decisiones sobre los genes analizados y las variantes del ADN consideradas no proceden, en su amplia mayoría, del conocimiento generado por investigaciones propias, sino del conocimiento científico producido en instituciones públicas y financiadas con fondos públicos.

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Desigualdad, esnobismo y extinción de especies: cómo destruye la naturaleza el capitalismo desregulado

A menudo se dice que la lucha contra la destrucción de la biodiversidad y contra la emergencia climática tiene que ser socialmente justa o no tendrá éxito. Esta afirmación suele basarse no solo en argumentos éticos, sino en razonamientos pragmáticos – si los sectores más desfavorecidos no pueden acceder a los cambios necesarios en sus bienes, recursos o estilo de vida sin renunciar a su bienestar, su salud o su mera supervivencia, lucharán contra estos cambios con todas sus fuerzas. Pero hay un motivo aún más importante: el elitismo y la desigualdad que el capitalismo desregulado genera, y sobre los que se sostiene, son uno de los principales destructores de la biodiversidad del planeta y de su capacidad para resistir los brutales cambios que está causando ya el cambio climático.

Uno de los ejemplos más claros del impacto del elitismo y la desigualdad en la biodiversidad fue evidenciado por el trabajo del economista Fran Courchamp. El proceso, que en el alambicado lenguaje académico se denomina "efecto Allee antropogénico", es relativamente sencillo. La teoría económica estándar predice que la explotación de especies silvestres nunca debería causar su extinción, ya que conforme una especie se va haciendo más rara, el coste de encontrar individuos aumenta hasta hacer su explotación improductiva. Por desgracia, los modelos matemáticos de Courchamp dejaban claro que la predisposición humana a darle un valor exagerado a la rareza causa la explotación desproporcionada de las especies raras, hasta conducirlas a la extinción. Esta predicción es extraordinariamente alarmante, ya que la retroalimentación positiva entre explotación y rareza haría que cualquier especie rara esté condenada a la extinción, por el mero hecho de serlo. Y lo es, sobre todo, cuando la predilección por la rareza va más allá de hacer que los costes crecientes no desanimen a los compradores: cuando la rareza en sí misma es la que hace a la especie más deseable, la demanda aumenta conforme la especie se desliza hacia la extinción, haciendo esta prácticamente inevitable.

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Se va Margarita Salas, queda su legado y su ejemplo

La Biología Molecular se nos ha quedado huérfana. Hemos despedido a Margarita Salas, una de nuestras científicas más ilustres, una investigadora incansable, un icono inspirador para toda una generación de científicas y científicos españoles. Nos deja un legado sobre el que podemos, todas y todos, auparnos 'en hombros de gigantas', y supone un ejemplo que ayuda a dar seguridad y confianza a todas las jóvenes que planean, inician o desarrollan ahora su carrera científica. 

Gracias al estudio de un virus que infecta bacterias, phi29, Margarita contribuyó de forma crucial a entender el mecanismo de copia del ADN. Consiguió un enorme éxito, reconocimiento mundial y una considerable contribución a la caja común; de hecho, es creadora de una de las patentes más rentables de la historia de España. Se granjeó el prestigio y el reconocimiento de la comunidad científica internacional a base de tesón y de trabajo duro.

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Con un poco de azúcar (esa píldora que os dan)

A algunas mujeres les duele muchísimo la regla, otras ni se enteran; puede durarles 5 días, 10 o apenas 3; puede venirles cada 30 días, cada 28 o incluso 2 veces al mes, o cada 3 meses. Hay a quien el síndrome premenstrual le pone un humor de perros mientras a otra se le pasa como si nada. Encontramos que cada mujer es un mundo y que el período menstrual, lejos de ser un ciclo cerrado y perfecto de maduración de óvulos es un caos ordenado de hormonas, fluidos y emociones con el que lidian desde niñas. Las mujeres aprenden por experiencia que, también en esto son diferentes; sin embargo, la ginecología insiste en tratarlas uniformemente; entramos en la era de la medicina personalizada pero los tratamientos se aplican de forma sistemática y protocolaria, casi robótica. Un ejemplo sangrante es la píldora anticonceptiva: no a todas las mujeres les sienta bien; de hecho a algunas les sienta muy mal; para algunas puede incluso resultar fatal.

El anticonceptivo oral se comercializa por primera vez en 1969, en Canadá; una píldora maravillosa que permitía prevenir eficientemente el embarazo. Estas primeras píldoras, ensayadas en circunstancias de dudosa ética, ya presentaban importantes efectos secundarios, que fueron entonces totalmente despreciados por los investigadores [1]. En los primeros ensayos se identificó un considerable incremento en el riesgo de sufrir problemas vasculares; eran frecuentes la aparición de náuseas, mareos y jaquecas. Estos efectos adversos, y otros tantos, se han ido confirmando a lo largo de 50 años de uso, aunque esto no ha impedido que se receten a millones de mujeres por todo el mundo. La balanza entre el control de natalidad y unos leves efectos indeseados se decantó hacia su uso.

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