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¿Cuál es el principal residuo que se encuentra en el campo en España?

Una campaña de recogida de residuos realizada en casi siete millones de metros cuadrados en 34 provincias localiza, sobre todo, colillas

Una colilla tirada en el suelo.

Una colilla tirada en el suelo.

¿Cuál es el residuo más encontrado en España cuando se realiza una gran batida de seis días en una extensión de casi 7 millones de metros cuadrados de tierra? Del 10 al 16 de diciembre, voluntarios de 88 colectivos salieron al campo en 34 provincias del país, primero para recoger cuanta basura iban viendo; también para apuntar qué tipo de desechos se iban encontrando. Según los resultados de esta campaña del proyecto Libera (promovido por la organización conservacionista SEO/Birdlife y el sistema de recogida de envases Ecoembes), de las 1,5 toneladas de residuos recogidos se identificaron 29.789 objetos. Y de estos, lo que más se encontró fueron colillas (2.695 unidades), seguidas de latas (1.856), piezas de vidrio (1.182), embalajes industriales (1.146), restos de comida (1.116), botellas de plástico (1.097) y paquetes de tabaco (970). Esta no es la primera batida que se realiza en busca de residuos, otras organizaciones conservacionistas lo hacen desde hace años, pero el esfuerzo casi siempre se concentra en las playas. Esta caracterización de residuos en tierra es importante porque aporta datos específicos para tratar de atajar el problema en origen.

El predominio de las colillas en número no es algo particular de esta campaña de recogida o de España. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los filtros de tabaco son por mucho el desecho más abundante a escala mundial, hablando siempre en cantidad. No es que el resto de residuos no sea importante ni alarmante, pero desde los años 80, las colillas suponen de forma constante entre el 30% y el 40% de todos los objetos recogidos cada año en batidas internacionales, da igual que sea en la costa o en las limpiezas urbanas. Pero casi toda la atención del impacto ambiental de estos filtros está centrado en los entornos y organismos marinos.

Se sabe que algunos de los miles de químicos del tabaco como la nicotina, el arsénico o los metales pesados, pueden ser muy tóxicos para organismos acuáticos invertebrados y para los peces, en un proceso que además ocurre muy rápidamente dentro del agua y con una cantidad mínima de colillas. Pero poco se conoce aún sobre el impacto en los entornos terrestres. Y, como recuerdan los investigadores del estudio Cigarettes Butts and the Case for an Environmental Policy on Hazardous Cigarette Waste, publicado en el Journal of Environmental Research and Public Health,  “las colillas recuperadas en las playas no proceden necesariamente de cigarrillos fumados en ellas. Las colillas se tiran en las aceras o desde los coches y después se desplazan hacia los desagües, y de ahí a los ríos y a los océanos”. Por ello es tan importante identificar cuántos de estos desechos hay en tierra y dónde están desperdigados.  Recordemos que cada año se venden unos seis billones de cigarrillos en todo el mundo. Sí, billones, con b. 

No siempre hubo filtros en el tabaco. En su informe Tobacco and its environmental impact: an overview, publicado en 2017, la propia OMS relata cómo entraron en el mercado y se muestra muy dura sobre sus efectos: “En los años 50, la industria tabaquera empezó a hacer marketing sobre los cigarrillos con filtro como una alternativa ‘más saludable’ [pues en teoría protegía a los fumadores de los tóxicos, impidiendo que estos alcanzaran sus pulmones]. Este paso alteró el mercado para siempre e hizo que los cigarrillos con filtro se convirtieran en el producto más vendido. Ahora sabemos que ese mensaje de ‘más saludable’ ha sido fraudulento. El único logro de los filtros ha consistido en hacer que fumar sea más fácil y menos molesto, incrementando dos riesgos: la adicción de los fumadores y el lastre de los filtros tóxicos de acetato de celulosa para nuestro entorno”. Según el estudio del Journal of Environmental Research and Public Health, la investigación ha demostrado que este compuesto no es biodegradable. “A pesar de que, en condiciones ambientales idóneas, los rayos ultravioletas del sol puedan romper el filtro en pequeñas piezas, la materia nunca desaparece, sino que se diluye en el agua o en el suelo”. Esto, para la OMS, significa “expulsar algunos de los 7.000 químicos que contiene un cigarrillo, de los cuales muchos de ellos son ambientalmente tóxicos y al menos 50 son conocidos cancerígenos para los humanos”.

La Universidad Anglia Ruskin, en Reino Unido, publicó en marzo de 2018 los resultados de un experimento para saber más sobre los efectos de las colillas en la tierra. Se colocaron semillas de césped en tres macetas de plástico, y en cada una de ellas un filtro de cigarrillo fumado (por una máquina, no por personas), no fumado y neutro. La prueba duró 27 días, con sesiones diarias de luz de 16 horas. Al cabo de ese periodo de tiempo, el césped de la maceta con el filtro del cigarrillo fumado era más fino y menos rígido que en las otras dos; los tallos eran más cortos. El estudio concluyó así: “El contacto directo con el suelo y la contaminación de los cigarrillos puede ser la única causa de pérdida de biomasa, aunque la prueba con filtros de cigarrillos sin fumar también produjo una biomasa más pequeña comparada con la prueba neutra”.  


Esta nueva sección en eldiario.es está realizada por Ballena Blanca. Puedes ver más sobre este proyecto periodístico aquí.


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