Dimitir o no dimitir. Esa es la cuestión, Óscar Puente
La campaña del PSOE, presuntamente un cohete de risas y buen rollo estalló en las vías de Urda. Una desgracia absoluta. Mujeres y hombres salieron una mañana sanos y felices de unas casas que ya nunca volverán a calentar. Familias rotas por un dolor inimaginable. Un auténtico horror. Dicen que Pedro Sánchez tiene mala suerte, recuerden todas sus tragedias, desde el Covid al volcán o Adamuz. Y sí, es cierto, pero quienes de verdad han sufrido esa mala fortuna han sido las víctimas. Para ellas y sus familias, como no puede ser de otra manera, todo el recuerdo del Ojo, fácilmente impresionable por los amasijos de trenes desde que tuvo que soportar, gajes de la profesión, una colección brutal de imágenes de los vagones destrozados por el salvaje atentado del 11-M. Fotografías que afortunadamente nunca se han publicado. Difícil conciliar el sueño.
Pero no olvidemos que esta es una columna política. A ello vamos y de lleno. Pocos circunloquios, que no tenemos el cuerpo para paripés. ¿Podrá el PSOE, podrá Sánchez y su equipo, remontar el mazazo antes del 29-N? El propio presidente nos ha dejado una frase terrible: “La confianza en el sistema de alta velocidad está quebrada”. ¿También está quebrada la confianza en el gobierno, en los socialistas, en Sánchez? Y por supuesto la pregunta es obligatoria: ¿confían los ciudadanos en Óscar Puente? Esto es, ¿debe dimitir el ministro de Transportes, hombre fuerte en el Gobierno, persona de confianza del presidente, rayo que no cesaba ante los rivales? Sale de los adentros, azuzados por la rabia, pedir la dimisión del ministro y de todos los responsables de Renfe y Adif. Pero un poquito de calma, por favor.
El Ojo es más bien un ladrillo sin sentimientos, y lo tiene claro: la salida o la permanencia de Puente dependerá de lo que digan los sondeos que hacen a diario desde La Moncloa. Sánchez ahora mismo, además de amar muchísimo a Begoña Gómez y se supone que a sus hijas, solo debe tener en mente el 29-N. Para esas urnas, alma, corazón y vida. En este caso se permite el TOC: último domingo de noviembre, último domingo de noviembre, último domingo de noviembre. Y a eso, a obtener el mejor de los resultados posible debe sujetar el presidente cualquier acción política que emprenda. O sea, por derecho: ¿qué conviene más al PSOE cara a las elecciones, según sus encuestas, que dimita Puente o que siga dando la cara? Los posibles votantes del PSOE, ¿prefieren una exhibición de datos y poderío del aún ministro, aunque un punto soberbio, o decir hasta aquí hemos llegado, mejor vamos sin usted?
Cree el Ojo que el propio ministro, un hombre recio de partido, estaría absolutamente de acuerdo con aceptar la decisión que mostraran esos sondeos: ¿interesa más a los míos que siga en el cargo o que me vaya a mi casa? Suena descarnado y sin alma, puro pragmatismo sin honra alguna ni otros aditamentos morales. A la política se viene llorado de casa, y déjense de pamplinas de si en realidad tengo o no la culpa de lo sucedido o incluso vamos a olvidarnos del hecho de si para mantener la dignidad, a la vista de la tragedia, sería exigible la dimisión, mera asunción de responsabilidades, la conciencia tranquila. A Puente el cuerpo le pedirá una de las opciones, irse o quedarse, pero está obligado, o el Ojo así lo cree, a tomar la decisión que mejor sitúe a su partido frente a las urnas. Ni más ni menos. Y Sánchez, tres cuartos de lo mismo.
Desde luego no debería escoger el presidente el camino de contentar a socios y opositores, unidos en un populismo de baratillo, los primeros por razones de ética perfectamente entendibles, y los otros por su calidad contrastada de políticos carroñeros. Dejemos a Vox y su Óscar Muerte, pura bazofia moral. Pero recordémosle a Alberto Núñez Feijóo, damisela ofendida, que él mantuvo durante un año, ¡un año!, a ese presidente de la Comunidad Valenciana Carlos Mazón, ejemplo patético de tipo infame, de comportamiento bochornoso mientras los ciudadanos valencianos morían ahogados en el lodo. O volvamos a ver sus declaraciones achacando al conductor del Alvia de Angrois la culpabilidad de aquella tragedia, 80 muertos. Quiere ahora insultar a Puente por dar a conocer los audios del centro de Atocha y ese terrible “reanuda la marcha a velocidad normal”.
Mucho hemos leído estos días sobre los accidentes de trenes y hasta nos hemos empapado de los varios sistemas llenos de siglas que circulan por vías y pantallas desconocidas para el público. También de la obsolescencia técnica y la falta de inversión. Hemos sabido, además, el tremendo incremento de viajes que se ha producido en los últimos años. Falta plantilla, dicen los sindicatos, mucha plantilla. Pero la arrogancia de los detentadores de los avances técnicos, hasta tenemos la IA, no debería hacernos olvidar que al final del recorrido suele haber personas. Y eso es lo que queremos, que cuando unas máquinas apestosas nos dicen marque el 3, el 4 o el 9, haya al final de la epopeya, por caridad, una voz humana a la que consultarle nuestra desgracia sobre el filtro de la lavadora. Sí, confiamos en las personas. Pero eso es lo que tiene el factor humano: el error. Para no repetir cifras de trenes, el Ojo se ha ido a los controladores aéreos y los aeropuertos, que está seguro de que también ustedes han pensado en ellos cuando han visto que en ese Centro de control ignoto de Atocha trabajaban esa mañana 16 personas, de las 118 asignadas al Centro, y que el encargado de la cosa llevaba dos horas de turno ante decenas de pantallas llenas de datos, gráficas y colorines.
Pues bien. Datos de la FAA, (Federal Aviation Administration), la agencia del gobierno federal de los Estados Unidos que regula la aviación civil, en aquel país “se han registrado unos 1.100 incidentes de ‘casi choques’ por irrupciones en pista, entre mayo de 2023 y mayo de 2024”. Y los detalla. “De esos incidentes”, dice el informe, “183 fueron errores de controladores aéreos, 706 fueron errores de pilotos, quienes despegaron o aterrizaron sin autorización adecuada, y 199 incidentes involucraron peatones o vehículos en la pista sin permiso de la torre de control”. Tuvieron suerte en Estados Unidos con esos incidentes, pero todos recordamos tragedias aéreas por despistes de los controladores. En Urda hubo no un “casi choque”, sino un choque inhumano. La moneda dijo cruz.
¿Qué hacer entonces ante el 29-N? Remodelar la campaña, claro, y eso sabrán hacerlo, o no, los encargados del asunto, que buena panocha recibirán por ello. Así, a bote pronto, al Ojo se le ocurre que habría que repetir todo lo que se ha hecho e invertido durante estos años en la alta velocidad y anunciar que muy pronto se ofrecerá un plan gigantesco de inversiones -a ver de dónde se saca- para devolver la confianza a los ciudadanos en esos trenes tan modernos. Incluso a repensarse esa liberalización que ha llenado las vías hasta límites difícilmente asumibles. Pero sobre todo no estaría de más preguntar cuánto crecimiento del presupuesto para el mantenimiento del sistema ferroviario preparan en el PP, y cuántos impuestos pretenden subir para lograr esa cifra. Tampoco estaría mal plantear al respetable si cree que Miguel Tellado, un suponer, sería mejor ministro de Transportes que Óscar Puente. Y sepan, desde ya, que la privatización de todo ese entramado va a sobrevolar por encima de las catenarias patrias.
Afortunadamente, aunque sabemos que tenemos memoria de pez, existen las hemerotecas. Años de Aznar. Ministro de la cosa, entonces llamado Fomento, Francisco Álvarez-Cascos. 19 muertos en un accidente de un Talgo en Chinchilla, Albacete y otro en Lorca, 12 fallecidos. En cuatro accidentes durante su mandato, 42 muertos. Por no hablar del Prestige. A Ana Pastor, con Rajoy, le tocó el accidente de Angrois que antes hemos citado. ¿Dimitieron uno y otra? Ni intención hicieron de irse a su casa.
Hay más preocupaciones. Como esos jóvenes, incluidos menores, que armados de piedras y palos asaltan comercios y queman coches y contenedores. No pasa solo aquí, que un fantasma recorre Europa. Urge saber qué les bulle por el cerebro, qué botón se ha pulsado para el estallido y tenemos que conocer, más pronto que tarde, el mecanismo de esas redes sociales en manos de delincuentes menores, pero amparadas por el secretismo y desvergüenza de los grandes multimillonarios tecnológicos, que hacen mangas y capirotes con las leyes que deberían cumplir. No basta la mano dura en las algaradas. Hay que trabajar mucho más para hallar salidas a esa fiebre juvenil.
Los acampados dejan Sol. Muchos ciudadanos que tenían claro votar al PSOE viven momentos de desánimo. Lógico. Se ha fallado. Pero se ha acertado en múltiples ocasiones. Y la alternativa son Feijóo y Abascal.
Arriba ese ánimo, que como no reaccionemos nos comerán por las patas.
Adenda. Le da mucha pena al Ojo que las elecciones de medio término en Estados Unidos se celebren hoy. Le hubiera gustado comentar los resultados. Ojalá se cumplan los pronósticos y el loco de Donald Trump reciba un varapalo ejemplar. Ha sembrado el pánico y debe pagar su locura. Pero sí se puede comentar el desastre israelí. El criminal Benjamín Netanyahu no es solo el culpable del genocidio de Gaza y Cisjordania, de la locura en el Líbano o de la estúpida guerra en Irán, desgraciadamente aún en marcha. Es que ha dejado su país hecho unos zorros, una ciudadanía polarizada hasta el desastre y un panorama político sin solución, con los partidos árabes, minoritarios, levantados en votos.
¡Qué pareja deleznable, Trump y Netanyahu, qué cloaca ocuparán en la historia!