Sobre periodismo y matanzas
El siempre provocador Charlie Brooker desveló en uno de sus programas cómo los medios de comunicación sobreactúan a todos los niveles cuando informan de matanzas en EEUU y otros países, como la ocurrida en Connecticut. Las imágenes que aparecen en su vídeo proceden de televisiones británicas.
El plato fuerte está al final cuando incluye la opinión de un psiquiatra, entrevistado en BBC. En pocas palabras: los medios hacen lo contrario de lo que deberían hacer. Algunas de esas recomendaciones no son realistas (no convertir el número de víctimas en el titular de la historia); otras, por el contrario, parecen muy razonables: no presentar al asesino como un “antihéroe”, es decir, elegir cualquier elemento diferencial (vestir de negro, ser aficionado a los videojuegos, odiar a los animales...) como si fuera un dato fundamental que ayuda a entender su conducta.
Por extraño que parezca, al hacer esto se presenta al autor del crimen como un modelo para ciertas personas. Cabe la posibilidad, afortunadamente no muy alta, de que algunas personas se sienten representadas por ese sujeto, por sus motivaciones, su estilo de vida o su odio hacia la sociedad.
Otros aspectos de la denuncia de Brooker son evidentes. Pongamos que no informar absolutamente nada sobre la identidad del asesino y sus posibles motivos sea un requisito exagerado o incluso contraproducente. ¿Pero es necesario emplear cualquier imagen de esa persona por anodina que sea aunque no aporte ninguna información sobre su historia personal como el hecho, en el caso del autor de la matanza de Alemania, de que era aficionado al ping pong?
En descargo de los medios, hay que recordar que es en el caso de estas noticias cuando lectores y espectadores acuden a ellos con más necesidad de respuestas. Si la función de los medios es contar y explicar la realidad, la gente esperar encontrar en ellos algún sentido a un hecho inexplicable por horrible. Ahora más que nunca. Y de todas las preguntas, la que con más insistencia se nos presenta es por qué. ¿Cómo puede haber pasado algo así?
Lo dramático es que en muchas ocasiones esa pregunta no tiene respuesta. Si hay algún tipo de motivación política, es más fácil encontrar una pista y deducir que todo se reduce al odio a los judíos/musulmanes/cristianos o a los seguidores de una ideología. Sin este recurso, podemos ser testigos de una constante especulación sin base. Y no es una novedad ni una sorpresa, pese a lo que dice este periodista, que en las primeras horas buena parte de la información que se suministra resulte ser falsa.
Los medios de comunicación venden mercancía. Los periodistas que elaboran esas informaciones no están pensando en la cuenta de resultados de la empresa, pero tienen la presión de saber que tienen que hacer el máximo esfuerzo posible porque se trata de una “gran” noticia. Las mentes bienpensantes lo achacan todo al morbo, a esa costumbre de frenar el coche para ver qué ha pasado en un accidente al otro lado de la carretera. Pero si los medios no hacen una amplia cobertura de hechos dramáticos que concitan el interés de la gente, ¿para qué sirven? ¿Para dar resultados de fútbol y declaraciones de políticos?
Alguien rescató ayer esta crítica de Roger Ebert sobre la película 'Elephant', de Gus Van Sant, que trata sobre la matanza de Columbine pero con un punto de vista que podríamos denominar de amoral (no inmoral). Van Sant no elabora una hipótesis sobre los hechos, no intenta juzgar ni encontrar una explicación lógica y se limita a exponer fríamente lo que ocurrió.
Para el caso que nos ocupa, lo importante es que Ebert cuenta que al día siguiente de Columbine un periodista de la NBC le entrevistó para saber si creía que las películas violentas tenían una influencia relevante en la conducta de los asesinos. En la caza del culpable, alguien había señalado a la película 'Diario de un rebelde', en la que en una alucinación el personaje de Leonardo Di Caprio entra disparando en un aula y mata a seis alumnos.
Ebert dijo que no creía que fuera así. Poca gente vio la película y no había pruebas de que la conocieran los asesinos. Pero sí tenía otra hipótesis:
“Hechos como estos, dije, si están influidos por algo es por programas informativos como el suyo. Cuando un chico desequilibrado entra en una escuela y comienza a disparar, se convierte en un gran suceso periodístico. Los canales de noticias abandonan su programación habitual y hacen una cobertura permanente. A la historia le asignan un logo y música. A estos dos chicos [de Columbine] les adjudicaron el apodo de ”la mafia de la gabardina“ [por su indumentaria]. El mensaje estaba claro para los chicos con problemas de todo el país: si disparo a alguien en mi escuela, me convertiré en famoso. La televisión sólo hablará de mí. Los expertos intentarán descifrar en qué estaba pensando. Mis compañeros y profesores sabrán que no conviene meterse conmigo. Desapareceré en una llamarada de gloria”.
Viene a ser lo mismo que denunció Oliver Stone en 'Asesinos natos'.
La NBC no emitió ningún fragmento de la entrevista con Ebert. Qué sorpresa.
Al final, Ebert comete el mismo error que reprocha a los medios, que en su búsqueda de una razón creen haber hallado la auténtica causa del horror o terminan disparando a todo lo que se mueve, excepto a sí mismos. Los medios y su cobertura también son una víctima propiciatoria, y la denuncia de su comportamiento, un agradable placebo. Si los periodistas actuaran de otra manera, no se producirían estos sangrientos hechos. No habría efecto 'copycat'. Nadie intentaría emular al último psicópata.
Ojalá fuera así. No necesitas medios de comunicación para llegar a este punto. Ocurría lo mismo antes de que existiera Internet o Twitter. Hubo matanzas terribles en EEUU mucho antes de que la televisión condicionara la vida de muchas personas. Las hay ahora en países como Afganistán o Pakistán, donde una familia puede aceptar que se corte la nariz a una chica o se le desfigure la cara con ácido por un supuesto ataque al 'honor' familiar, sin que esa gente reciba órdenes de un movimiento político o secta, o se vea influida por un medio de comunicación.
Los medios están atrapados por esa necesidad de descubrir una respuesta al por qué. Cuando no es posible encontrarla, los errores se suceden. Hay momentos en que casi es mejor reflexionar que hablar, pero eso es imposible para un periodista. La gente espera que cuentes algo, y a veces lo único que se puede ofrecer es ruido.
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--The Best Reporting on Guns in America. Diez artículos sobre armas en EEUU.
--Why the NRA Is Still Winning the War on Guns.
--Un ejemplo del logo al que se refería Ebert.