La pregunta sobre la independencia de Cataluña
El manifiesto final de la manifestación de Barcelona pone la firma definitiva a la convocatoria, que es claramente independentista. No es una sorpresa ni una aberración. Frente a la creencia banal del Gobierno de que el PP representa el rigor y la prudencia, hay una parte de la sociedad española que prefiere representar a la realidad.
Eso en Cataluña tiene un sentido claramente independentista, desde los grupos que siempre han defendido esa idea hasta los nacionalistas de CiU que sólo la han utilizado hasta ahora en el terreno de los amagos.
Hace sólo unos meses, CiU estaba apoyando en el Congreso los planes económicos del PP y ha aplicado los mismos recortes del gasto social, incluso con más intensidad que el Gobierno central. Ahora está obviamente en otra línea, sobre todo Convergència, el partido de Artur Mas. No hay una sola razón que justifique la mutación: la búsqueda de un enemigo exterior como el nacionalismo español tan propenso a caer en la vía tremendista, el estrangulamiento económico, un cambio generacional en sus líderes, la necesidad de conectar con una corriente de opinión muy presente en la sociedad catalana...
Muchos se preguntan ahora en Cataluña qué hará Rajoy. La respuesta es obvia: nada. No está en su psicología política llevar la iniciativa en nada. Además, hay que admitir que el margen de maniobra del Gobierno es reducido o inexistente en la actual situación económica. Es imposible encontrar un consenso sobre un nuevo sistema de financiación autonómica en España cuando ni siquiera existe dentro del PP. O si existe, es claramente contrario a cualquier cambio que pueda beneficiar a Cataluña. En Andalucía o Extremadura se ganan votos atizando el sentimiento anticatalán.
En realidad, quienes tienen que mover ficha y decidirse son los nacionalistas de CiU y los sectores del PSC que se han mostrado partidarios de la movilización de hoy. Tienen que decir a los catalanes cuál es su horizonte estratégico. Algunas de las quejas sobre el actual sistema de financiación son legítimas, pero un país no se mantiene unido por unos pocos miles de millones de euros. No se puede decir que Cataluña podría seguir formando parte de España si recibiera 5.000, 10.000 o 12.000 millones de euros más. Formar parte de un país no es un contrato mercantil.
La sociedad española está acostumbrada a que CiU adopte una posición radical o moderada (a veces con un margen de meses) en función de las circunstancias. Lo que ahora tienen derecho a saber es en qué lado del debate que se intensificará en Cataluña en los próximos meses o años, o quizá para siempre, está CiU. Lo mismo se puede decir de todas las grandes instituciones de la sociedad catalana, no sólo los partidos. No se puede tomar en serio a políticos que anuncian que Cataluña ha iniciado el camino a la independencia pero que dicen que si tienen su propia Agencia Tributaria, lo mismo se replantean la cuestión y no es para tanto.
La pregunta es: ¿quieren seguir formando parte de España o no?
Si la respuesta es negativa, es ya sólo cuestión de tiempo. En cualquier caso, creo que la gente tiene derecho a conocer la respuesta. Lo mismo igual no se lo toman como algo personal.