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Sólo a Isabel Díaz Ayuso se le puede ocurrir viajar a México con la misión de hacer de superfan de Hernán Cortés, de vender a Malinche como gran símbolo de la hermandad de ambos países, y acabar teniendo que cancelar la visita antes de tiempo porque se ha convertido en el invitado repelente al que todo le parece horrible. Su estrategia habitual ha pinchado. Lo de aparecer en primer lugar en calidad de agresora sin complejos para pasar después a presentarse como mártir y víctima de la mala fe de sus enemigos es un truco habitual que sólo funciona cuando un grupo numeroso de medios de comunicación compra cada uno de los dos disfraces con la misma fe.

Lo primero que debe saber un político es que es esencial conocer la audiencia a la que se dirige. El discurso que dice que España llevó la civilización a América puede ser efectivo en los ambientes en que predomina el nacionalismo español y el orgullo por las glorias imperiales del pasado. En México, uno de los países más nacionalistas de Latinoamérica, y mira que allí el listón está alto, muy pocos van a creer que están en deuda con los extranjeros que les invadieron hace cinco siglos. Hay que estar muy fuera de la realidad para pensar algo así.

Entre países aliados o con buenas relaciones, la idea de que un político viaje al otro Estado para cargar contra un Gobierno que es bastante popular o para avisarles de que caminan hacia el desastre no es muy habitual. Digamos que es poco diplomática. Algunos pueden considerar ofensivo que una extranjera venga a decirte cómo es tu país y qué representa su historia. Ayuso había calificado antes a México de “narcodictadura”, un insulto que seguro que ofendió a todos los mexicanos que se enteraron. Ya en el país dijo que es un país que está “a dos pasos de llegar al camino de Venezuela”, otro pronóstico absurdo que por lo demás también ha hecho sobre España. 

Como es habitual en ella, tras la agresión vinieron las quejas por ser criticada. “El respeto y la amabilidad creo que están por encima de todo”, dijo para responder a las primeras críticas hechas por la presidenta Claudia Sheinbaum. La acusó de estar promoviendo la “división”, el mismo recurso que emplea en España. Primero, saca el hacha y sacude preferiblemente hacia la izquierda, y luego se pregunta por qué otros recurren a la descalificación y olvidan las buenas maneras. 

Ayuso fue a provocar con su teoría de que la conquista de América –invasión sería la palabra más correcta– fue un proceso de hermanamiento y mestizaje entre las dos orillas del Atlántico. Es un punto de vista sobre la Hispanidad que es casi idéntico al que promovió el franquismo, cuyo aislamiento internacional en sus primeras décadas hizo que se volcara con Latinoamérica. 

Esa interpretación de la historia ignora la violencia de la conquista, la desaparición de pueblos enteros víctima de las enfermedades traídas por los colonos, la extracción masiva de sus recursos naturales más valiosos, el régimen de semiesclavitud que suponía el sistema de las encomiendas y el comercio de esclavos desde África con destino a esos países. Entre otras muchas cosas. 

El motor de la conquista fue la codicia, explica el historiador Antonio Espino. Conseguir allí la prosperidad que era imposible en España. “Luego esa codicia se camufla de ideología cristiana, civilización y libertad. Pero lo que está en la base es la codicia y el deseo de enriquecerse”. 

La defensa de ese colonialismo llega al extremo de elogiar a Hernán Cortés como si fuera un héroe de la época que hay que homenajear. Ella pretendía que los mexicanos se unieran a sus halagos y esto ya es delirar hasta niveles superlativos. Y hubo tiempo también para acompañar a su amiguete Nacho Cano y extender los elogios a Malinche. “Vengo de ese Madrid en el que hay muchas malinches en el metro, en las calles y en los colegios”. La esclava y luego amante e intérprete de Cortés es un símbolo muy cuestionado en México, casi un sinónimo de traición. El término 'malinchismo' aparece descrito en el diccionario de la RAE como “actitud de quien muestra apego a lo extranjero con menosprecio de lo propio”. 

Si Ayuso pensó que iba a torear con facilidad a Sheinbaum, estaba muy equivocada. La presidenta mexicana ganó las elecciones de 2024 con un 59,7% de los votos. Su principal adversaria, Xóchitl Gálvez, del partido conservador PAN, se quedó en el 27,4%. La última encuesta sitúa su popularidad en un 68%. Con ser alta, es inferior a la que disfrutaba en el primer año de su mandato. Aprovechó las declaraciones hostiles de Ayuso para enviar un recado al PAN al que acusó de desconocer la realidad del país: “Lo que trae la derecha mexicana es a una adoradora de Hernán Cortés. Qué bueno, fuera máscaras”.

Era una situación ventajosa para Sheinbaum. Cuanto más se hablara de Ayuso, menos se hablaría del caso del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, de Morena, el partido de la presidenta, al que el Departamento de Justicia de EEUU pretende procesar por narcotráfico. En cualquier caso, la visita de Ayuso tampoco ha interesado mucho a los medios del país. 

Cuatro gobernadores del PAN se fotografiaron con ella en la visita. La politóloga mexicana Viri Ríos cree que es incomprensible que el partido conservador haya apoyado su presencia por ser una estrategia condenada al fracaso. “La concepción de la conquista como un acto de hermandad o de Cortés como padre de lo mexicano, que Ayuso y los suyos pregonan, es prácticamente inexistente en México”, escribe en El País. Un estudio de 2025 sobre figuras históricas relacionadas con México coloca a Hernán Cortés con la puntuación más negativa. La medalla que Ayuso recibió de manos de las autoridades del Estado de Aguascalientes, gobernado por la derecha, es un ejemplo de esa ceguera, según Ríos: “Un deseo triste, casi patológico, por ser reconocido por el colonizador con la finalidad última de sacudirse la vergüenza del retraso y lo primitivo con el que se asocia a sí mismo”. 

Se suponía que el viaje iba a durar nueve días y que el motivo central era asistir a los Premios Platino que se celebran de forma alternativa en España y México. Cuentan con el apoyo económico de la Comunidad de Madrid con 450.000 euros. Estaba previsto que Ayuso subiera al escenario para dar un discurso. El ruido provocado por la visita hizo que los organizadores mexicanos decidieran retirarle la invitación “debido a sus desafortunadas declaraciones”.

Ayuso y su equipo vieron la oportunidad de dar algo de brillo a este viaje accidentado. Denunciaron el supuesto boicot de las autoridades del país y cancelaron el resto de la visita. Cuando fracasas, siempre te queda la opción de alegar que ha habido una gran conspiración. Sheinbaum había “amenazado” al evento si mantenía la invitación a Ayuso, dijeron, algo desmentido por los organizadores. En resumidas cuentas, había sido “expulsada” de México. Ante la sorpresa de nadie, Ayuso volvía a ser LA VÍCTIMA inocente de las maniobras de sus enemigos. Como pasar de ser Juana de Arco a la inocente Caperucita que cruza el bosque para llevar la comida a su abuelita. Son dos papeles que tiene muy bien aprendidos, pero en México ha fracasado con ambos. No es un país al que se pueda ir a dar lecciones sobre su propia historia. Lo mismo tienes que salir corriendo.