Sarabastall, cumpliendo una promesa desde Pakistán: “mujeres libres para decidir su futuro”

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Hace un cuarto de siglo, una conferencia de Sebastián Álvaro daba pie a la creación de un proyecto impulsado por la Fundación Sarabastall, una pequeña ONG española con origen en el municipio zaragozano de Caspe. Este proyecto solidario e ilusionante buscaba mejorar de la sanidad, la educación y la agricultura de regiones remotas del continente asiático. El punto de partida elegido sería Hushe, una recóndita aldea pakistaní a 3.000 metros de altura en el corazón del Karakórum, una de las cordillera más salvajes, agrestes e inhóspitas del planeta.

Desde un primer momento, los miembros de Sarabastall se quedaron prendados de Hushe y de su gente. Historias como la de Little Karim, el mejor porteador baltí conocido, marcaría el rumbo de la fundación y el progreso de la misma en Hushe.

Ya han pasado 25 años desde que comenzó esta preciosa y altruista aventura, y Hushe ha cambiado totalmente en todo esrte tiempo. El grado de escolarización de los niños supera ya el noventa por ciento en la aldea, cuando en otros lugares más urbanizados como Islamabad este dato es muchísimo más pobre.

Óscar Cardo Briones, vicepresidente de la Federación de Deportes de Montaña de Castilla-La Mancha (FDMCM) desde 2024, y miembro de la Fundación Sarabastall es uno de los mayores impulsores de este trabajo. Algo de lo que habla lleno de orgullo: “cuando paseas por nuestra aldea escuchas a los niños decir ¡Hola! ¿Qué tal estás? Es un proyecto muy, muy bonito”.

Objetivo: la montaña

Un proyecto que va más allá de los objetivos planteados inicialmente y que ahora ha desarrollado una rama orientada a la montaña y a un posible futuro profesional centrado en ésta.

“Hace cinco años estaba de expedición y pasé por allí tras completar una actividad en el Baltoro. Los conocí y, simplemente, me enamoró el proyecto tan bonito que habían creado y la transparencia de Sarabastall. Pude ver con mis propios ojos cómo ahora tenían una mejor sanidad y una mejor educación que les permitía disfrutar de una mayor calidad de vida. Al mismo tiempo comprendí que, pese a que tienen las mejores montañas del mundo, no las estaban explotando, ni tan siquiera haciendo buen uso de ellas. De hecho los nepalís son quienes las explotan y a ellos les pagan una miseria. En ese momento nació la idea de crear otro área en Sarabastall para ayudarles: la montaña. Digamos que ahora me encargo yo de esa sección, y así ha sido durante los últimos cinco años”, añade Óscar.

Los pakistaníes de la región carecen de preparación y una mínima organización que les permita poder vivir de este enorme recurso natural que es la montaña. Son, como indica Óscar, los nepalís quienes realmente se encargan de todas las gestiones a la hora de organizar una expedición, contratando de hecho a los pakistaníes como trabajadores de segunda. “Los pakistaníes están empezando a ver ahora que la montaña les puede ofrecer un futuro digno. El problema de Pakistán es que es un país salvaje. Sus montañas, sus ríos, todo... Y son los nepalís quienes lo están explotando y de una forma exagerada. Igual que han explotado Nepal, ahora todas las grandes expediciones a ochomiles las gestionan las empresas nepalís” ―comenta Óscar, quien prosigue― “verdaderamente, a mí no me gusta. He visto allí maltratar a porteadores pakistaníes porque es verdad que van con su ropa de aquella manera y unas zapatillas penosas, pero al final esa persona te está porteando a 6.500 o 7.000 metros con los medios de los que dispone. Fíjate como es el tema que llevan muchas veces los calcetines por fuera de las zapatillas porque no tienen crampones que agarren en el hielo. Yo he visto porteadores bajar del campo 1 del Broadpeak hechos polvo, reventados porque los hacen cargar como mulas.

El tema es que la gestión de las empresas nepalís, en general, está siendo abusiva y vergonzosa y están explotando las montañas de una forma nada sostenible, dejando basura y llevando a gente que no está preparada... Además, ahora mismo las empresas nepalís manejan en torno al 90% del capital que cuesta una expedición, y al pakistaní de allí le pagan una miseria. No es nada justo“.

La idea ahora es, a través de una correcta formación y preparación, que sean ellos mismos quienes controlen su futuro y puedan labrarse un futuro digno en las montañas.

“Al final, es su país y son sus montañas, y deben empezar a tomar las riendas. Nosotros les vamos ayudar en todo lo posible. Tan pronto reciban esa formación y tengan recursos, ellos serán los que negocien en sus montañas”.

La formación

Para que este proceso pueda ser una realidad, Sarabastall, con Óscar a la cabeza en esta rama de montaña, lleva trabajando años. Viajando tanto como le es posible, y muchas de las veces en invierno, hasta Hushe. Al final sus objetivos quedaron predefinidos en tres campos distintos: formar grupos de rescate, formar porteadores y formar a las mujeres de cara a su inclusión en el mundo de la montaña.

“La formación tiene varias patas, por así decirlo. Una primera que, por mi profesión, soy bombero, sería la de crear los primeros grupos de rescate en Pakistán.

En esa zona hay un collado que se llama Gondogoro La, a 5.800 metros, que es la puerta de bajada de toda la gente que hace el trekking del Baltoro o que baja de los ochomiles. Es un collado bastante peligroso. Nada fácil. Y es ahí dónde ellos montan ahora una especie de patrulla de rescate. Llevamos ya 13 años formándolos para que al menos estén organizados y sepan como desenvolverse a la hora de hacer un rescate. Ayudándolos con lo que ellos llaman el Rescue Team.

Pensad que aquí tenemos la suerte de tener servicios especializados como los bomberos, que son profesionales que se ocupan de muchas de estas tareas, pero allí, la verdad es que no hay nada ni tan siquiera parecido.

Por otro lado, como ya sabréis hay cinco ochomiles en Pakistán, y nosotros estamos dando formación ta los porteadores, es decir, la gente que abre los ochomiles de Pakistán, la gente que pone las cuerdas a las expediciones comerciales. Lo increíble es que esa gente se baja, por ejemplo, del cuello de botella del K2, sin saber hacer un nudo dinámico en un mosquetón. Por eso les estamos dando una formación para que verdaderamente no tengan problemas a la hora de subir y bajar y sus vidas corran el menor riesgo posible porque los accidentes mortales allí son habituales. Como lo que pasó hace un par de años en el cuello de botella cuando varias expediciones pasaron por delante de Muhammad Hassan y lo dejaron morir ahí... Por eso les estamos dando una formación, muy básica sí, pero este año, por ejemplo, hemos acabado escalando cascadas de hielos con ellos. Es una formación que estamos empezando ya a ver sus frutos“.

No obstante, y aunque todas estas formaciones se antojan vitales, Óscar se siente especialmente orgulloso de lo logrado en esa tercera “pata” de la sección de montaña, la que tiene a la mujer pakistaní como la gran protagonista.

“A la gente de Sarabastall, a la Federación de Deportes de Montaña de Castilla-La Mancha y a mí es la que más nos llena el corazón... La mujer en Pakistán tiene unas funciones, por así decirlo, totalmente diferentes a cómo concebimos aquí las funciones que tiene la mujer. Es como vivir una regresión a la situación de la mujer en la España profunda de los años 50. Pero es algo en lo que estamos trabajando y, por ejemplo, este año, que ha sido maravilloso, hemos becado a ocho mujeres pakistaníes y las hemos dado formación en montaña. Ocho mujeres valientes que no han sentido vergüenza de hablar en público delante de el resto de hombres pakistaníes.

En esa formación les hemos enseñado cómo mejorar técnicas como el RCP, maniobras básicas en montaña, de primeros auxilios, cómo construir un punto caliente, etc. Al final las animamos a que fueran ellas quienes dieran las clases y vimos cómo las mujeres entraban al refugio que tenemos en Hushe y daban ellas mismas las clases. A mí se me llenó el corazón porque eran cosas que hace cinco años eran inviables y ahora vemos cómo, poco a poco, logramos integrar a las mujeres y darles la opción de poder ser partícipes de la montaña“ ―y añade― ”ha sido una integración total. No queríamos hacer grupos de hombres y mujeres. Ahora los hombres por aquí, ahora las mujeres por ahí... Buscábamos la integración total y todos dentro de nuestras posibilidades hacer lo mismo. De entre las ocho mujeres que participaron, elegimos a las tres mejores preparadas y nos las llevamos incluso a hacer cascadas de hielo con nosotros. Escalamos con ellas en roca, instalamos un circuito de formación tanto de jumareo, pasamanos y rápeles técnicos, y llenos de orgullo comprobamos que se desenvolvían fantásticamente. Ha sido una experiencia muy, muy bonita la verdad“.

La situación de la mujer en la sociedad pakistaní es muy distinta a la que viven en occidente. Mucha más limitada y totalmente organizada por el colectivo masculino. Es por ello que uno de los mayores hándicaps con el que a priori esperaban encontrarse era la reacción de los hombres a la participación, como iguales, de las mujeres en estos cursos de formación.

“La verdad es que ha sido muy buena, aunque para ilustrarlo un poco es como si ahora en la redacción de Campobase se mete un alienígena de Marte a trabajar... Allí la mujer se ocupa del ganado, de la casa, cuida de los críos y poco más. Pero la verdad es que las han aceptado muy bien, las han arropado y, quizás lo más importante, no les han cuestionado por qué estaban haciendo esto.

Estas mujeres nos contaban que en Islamabad, en Karachi, en Skardu, de donde son ellas, siempre se les cuestionaba y siempre se les critica. Era lo normal si se salían de sus tareas preestablecidas en su cultura. Sin embargo, hemos comprobado que en Hushe, y posiblemente gracias a los 25 años de trabajo de mis compañeros de Sarabastall, ya hay educación y respeto hacia las mujeres y no se les cuestiona. Si una mujer hace montaña es porque quiere hacer montaña, no se le cuestiona, sino que se le apoya y arropa. Al final es es resultado de la educación, de tener a gente formada y educada“, nos cuenta Óscar.

Los primeros pasos en la dirección correcta ya se han dado. Ahora es necesario seguir con esta labor de apoyo a las mujeres para que ellas también puedan tomar las riendas de su destino y decidir qué camino desean tomar. No obstante es una labor que requiere la ayuda y esfuerzo de muchas personas, desde profesores e instructores a miembros del equipo que den a conocer el proyecto a otras mujeres pakistaníes de otras regiones...

“Ahora mismo se ofrecen talleres con maestros, talleres con enfermeras, hay médicos y ahora también bomberos... todos aportando su granito de arena. Es una gran labor altruista la que organiza Sarabastall.

Y en cuanto a la inclusión de las mujeres en el mundo de la montaña, todo surgió cuando le comenté a Ismail, el jefe de profesores, que queríamos colaborar. La idea había nacido realmente cuando Little Karim, aquel porteador que salió en el programa de Al filo de lo imposible, antes de morir nos pidió que, por favor, cuidáramos de su familia, de su pueblo y de sus nietas. Nos pidió que si ellas querían hacer montaña que pudieran hacer montaña pero, sobre todo, que hicieran lo que ellas quisieran, que fueran mujeres libres para poder decidir su futuro. Y eso hemos hecho, escalar con las dos nietas de Karim y con otras más.

Es verdad que al final no había más mujeres en la región dispuestas a escalar y fue por eso por lo que le dije a Ismail que diera a conocer nuestra propuesta por las escuelas de todo el país y ofreciera la oportunidad de participar en este proyecto a tantas mujeres como fuese posible“.

El coste económico

En este punto, la Fundación Sarabastall se enfrentaba a uno de los grandes obstáculos en toda gran empresa: el aspecto económico. Todo cuesta dinero, el material, el alojamiento, el transporte... y la gente de Pakistán, generalmente, no puede correr con esos gastos. Tras contactar Ismail con otras escuelas, el problema en muchos casos era el transporte hasta Hushe y el alojamiento posterior, un aspecto en el que entró de lleno la Federación de Montaña de Castilla-La Mancha sufragando el gasto del alojamiento, la comida y el transporte de estas mujeres, llenas de ilusión, llegadas de todos los rincones del país.

“La Federación de Montaña de Castilla-La Mancha se hizo cargo de los gastos de estas mujeres, y Sarabastall nos ayudó a los instructores. Por otro lado, alguna marca, como Rab, se involucró en el proyecto y nos ayudó con material para estas mujeres. Allí el material es muy escaso y muy caro, y hasta ahora dependíamos solo de algunas donaciones de material por parte de los servicios de rescate de bomberos de España”.

El futuro

De cara al futuro, Sarabastall espera seguir con esta labor de mejora sanitaria, educativa y en el campo de la agricultura que se remonta ya a un cuarto de siglo, pero también con la formación de hombres y mujeres en la montaña para abrirles una nueva vía de sustento y un posible futuro profesional en este medio como nos apunta Óscar: “el primer paso del proyecto formativo ya está dado. En Pakistán no hay una formación regulada como podemos tener aquí para los bomberos o personal de rescate, o como la formación TD2 o TD3 de nuestros profesionales de la montaña, nuestros guías. Todo eso no existe. Por eso diseñamos este programa formativo que, afortunadamente, acabamos de cumplir.

Estamos muy contentos con lo logrado hasta ahora porque era un programa muy ambicioso en el que tuvimos que condensar muchas nociones y conceptos de rescate y escalada. Ahora hay que replantearse hacia dónde queremos seguir porque en Sarabastall llevamos 25 años trabajando en Pakistán y, seguiremos allí, eso lo tenemos claro, pero hay que ver cómo podemos seguir ayudándoles a crecer“ ―y prosigue― ”por ejemplo, esta última vez que estuvimos en Hushe, primero en el Laila Peak y luego durante la formación en el propio Hushe, también viajaron con nostros un científico y un fotógrafo para intentar captar imágenes del esquivo leopardo de las nieves, una especia en peligro de extinción pero que curiosamente se ve en esta región. Al parecer hay al menos una familia, compuesta por un macho, una hembra y dos crías, que han logrado filmar. Y ahora la idea no es solo grabar y decir que sigue habiendo, sino enseñar a la gente de la región a protegerlo y darles una serie de criterios para que el turismo en la región sea respetuoso y sostenible. Es decir, que la gente pueda ir a ver el leopardo, con teleobjetivos, pero también que los lugareños entienda que hay que salvaguardar esta especie, y que sigan ciertas normas para cuidar y proteger esta especie... Pero bueno poco a poco, ahora mismo lo siguiente, tras regresar a España es el estreno de un documental, el 6 de mayo en Cuenca, aunque luego lo iremos pasando por diferentes lugares de España, en el que vamos a enseñar al mundo el trabajo de Sarabastall y estos últimos cursos de formación en los que, por primera vez la mujer pakistaní ha formado parte como uno más, dando clase, escalando, etc. Espero veros a todos allí.“