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Dos errores desbaratan el estreno del Tenerife en Ipurua

Enric Gallego, durante el Eibar-Tenerife

José Miguel Galarza

Santa Cruz de Tenerife —

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El Tenerife arrancó la Liga desconcertando frente a un rival, superior en efectivos y en dinamismo, que solo pudo ganar por las concesiones del equipo de Ramis cuando había conseguido adelantarse con un gol soberbio de Mo Dauda. Primero mal defendiendo un saque de falta lateral –provocada por la querencia de los atacantes para meter la pierna cuando no deben–que habilitó un remate plácido de Venancio. Luego concediendo un penalti por una mano de Sergio que recordó su error ante el Girona.

La consecuencia fue una derrota hiriente, no tanto porque el Tenerife anda incompleto y en proceso de acoplamiento –a la espera de tres refuerzos que concluirán en una plantilla definitivamente corta de profesionales–, como porque llegando como víctima a Ipurua fue capaz de mantenerse en la primera parte y de golpear primero tras el entreacto. Pero con medio partido para negociar el 0-1 como mejor hizo el curso anterior, se le aflojaron las costuras con una facilidad impropia de la mejor versión del método Ramis.

Con todo, pudo dejar en tablas el resultado el Tenerife. Entrando en la prolongación, aprovechó una segunda jugada Elady para rematar a la heroica tras un tiro violento de Gallego rechazado por el larguero. Pero el gol se sometió al juicio del VAR y sentenció que había fuera de juego de su ariete antes del remate. El 2-2 hubiera lucido más apropiado a la suma de méritos de cada uno, aunque no escondería la permisividad de los blanquiazules, muy lejos este sábado de lo habitual hace unos meses.

El Tenerife llegaba al debut del curso escaso de recursos atacantes, estrenando a José Ángel como socio de Aitor Sanz y a Nacho en el flanco izquierdo de la defensa. Ramis sorprendió con la titularidad de Dauda, tiró a Corredera como interior derecho –está por ver su protagonismo si llega un extremo nato– y rehabilitó a Shashoua como segundo delantero, ya repuesto, a lo que se ve, de su maldita pubalgia.

Con esos y los fijos conocidos, le salió al Tenerife un primer acto amañadito. Sin balón casi siempre y sometido al ritmo alto del Eibar, que ha perdido matadores en el área (Sol, Llorente y Blanco) y a Edu Expósito para revolucionarse, pero conserva a Stoichkov –un incordio que acaba decidiendo marcadores– y a la pareja Tejero-Corpas para hacer del ala derecha un escenario de pánico a poco que te descuidas. Por ese lado lo intentó una y otra vez el equipo de Garitano, antes con facilidad porque Dauda llegaba tarde a las coberturas, luego con menos claridad y siempre finalizando con una pelota al área sin mayor peligro o con Corpas tratando de encontrar por el interior, sin éxito, a los puntas.

Al amor por el balón del Eibar respondió el Tenerife con tanto orden como incapacidad para sacarla jugada o armar una contra. Y cuando enlazó más de tres pases en el campo local pagó la asincronía de Dauda con sus nuevos compañeros y la desubicación de Corredera, menos protagonista cuando lo pegan a la banda y que igual luciría más a la espalda de Gallego e intercambiado con Shashoua.

El regreso de la pausa no cambió el patrón del partido hasta que se apareció, insólita, la oportunidad que necesitaba el Tenerife para romper el guion y escribirlo a su gusto. De un saque de banda intrascendente nació el 0-1. Lo puso Nacho al pico del área, recibió Mo Dauda, se acomodó al balón con un control sencillo y se sacó una volea envenenada que enfiló la escuadra del palo largo, imposible para Yoel. Con medio partido por jugarse, los de Ramis solo tenían que defender la ventaja, una obra que, si enfrente tienes al Eibar, se torna en magna y no casa con las pérdidas de tensión.

Y eso fue lo que pasó, antes incluso de que Garitano recurriera a un fondo de armario –Aketxe, Rahmani, Quique o Ríos Reina– que valdría al Tenerife para cualquier puesto de titular. La génesis surgió por la conocida capacidad de los atacantes para meter el pie donde no deben. Lo hizo Dauda llegando tarde y mal a una disputa con Tejero y provocó un tiro libre con la consecuencia ya descrita.

Movidas las fichas del Eibar tras el empate, ingresado Elady en el campo en el único cambio natural del Tenerife –porque el correctísimo debut de Teto y la vuelta de Ethyan lucen igual que un año antes, puramente circunstanciales–, volvieron los locales a la carga, a ratos convertido el choque en un ida y vuelta, hasta que entró en escena Sergio con una mano, tan discutible su penalidad como impropia del central que se reveló el curso anterior imprescindible como pareja de León. Para el penalti se presentó Stoichkov, que es ese jugador que saca el estoque cuando crees que ya no va a mojar. Al cabo, un comienzo indeseado que obliga a pedir paciencia en lo que el Tenerife cierra su mercado y acaba la pretemporada. O viceversa, tanto da.

(2) SD EIBAR: Yoel; Tejero, Venancio, Arbilla, Imanol (Ríos Reina, m.72), Sergio Álvarez, Matheus, Corpas (Rahmani, m.72), Javi Muñoz (Aketxe, m.62), Stoichkov y Bautista (Quique, m. 80).

(1) CD TENERIFE:  Soriano; Mellot, Sergio, José León, Nacho; Álex Corredera (Ethyan, m.88), Aitor Sanz, José Ángel, Mo Dauda (Elady, m.56); Shashoua (Teto, m.80) y Enric Gallego.

GOLES: 0-1 (m.50) Mo Dauda. 1-1 (m.56) Venancio. 2-1 (m.85) Stoichkov, de penalti.

ÁRBITRO: Adrián Cordero Vega (Comité Cántabro). Amonestó a Arbilla (m.24), Sergio Álvarez (30), Stoichkov (67) y Rahmani (m.97) y a los visitantes Mo Dauda (m.55) y Sergio (m.84).

INCIDENCIAS: Partido de la 1ª jornada de LaLiga SmartBank, jugado en el estadio de Ipuruz ante 3.024 espectadores.

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