Adrián Caraballo, docente experto en innovación educativa: “La clave no es prohibir la IA en el aula, sino enseñar a usarla de manera crítica y responsable”

Adrián Carballo, responsable del departamento de Diseño e Innovación Educativos de ecca.edu.

José J. Jiménez

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Adrián Caraballo (Las Palmas de Gran Canaria, 1980) es miembro de la junta coordinadora de GEG Spain, una comunidad de educadoras y educadores empeñados en revolucionar el sistema educativo a través de la innovación y el uso de las nuevas tecnologías. Como responsable del departamento de Diseño e Innovación Educativos de ecca.edu está comprometido con el objetivo de lograr que las nuevas herramientas digitales como la Inteligencia Artificial se incorporen al sistema educativo de manera “crítica y responsable”. Y lo hace desde la solidez de un currículo que lo ha llevado a ser miembro de la Junta Coordinadora de Transformación Educativa de Google for Education España.

Las Palmas de Gran Canaria será el escenario de unas interesantes jornadas de formación para el profesorado sobre las posibilidades que ofrece el uso de la Inteligencia Artificial en las aulas. ‘Hackeando la Educación’ traerá a la capital grancanaria (los días 20 y 21 de marzo) a expertos de primera línea en una materia que genera filias, esperanzas, miedos y suspicacias. Con esta iniciativa, ecca.edu vuelve a ser referente en formación para el profesorado de Canarias y se posiciona a la vanguardia de herramientas educativas para su alumnado y equipo docente.

Pregunta: Yo lo siento mucho, pero uno dice en la calle eso de mezclar Inteligencia Artificial (IA) con Educación y es posible que a muchos no les suene muy bien la cosa…

Respuesta: A la gente no le suena demasiado bien porque lo primero en lo que piensas es que la IA son máquinas y en un sector como la Educación las máquinas no pueden entrar porque ahí debe mandar el factor humano. Pero aquí es muy importante señalar que la IA siempre está supervisada por ese factor humano. Y entonces la cosa cambia, porque esto nos abre un mundo impresionante.

Dígame. Véndame el producto…

Le voy a poner un ejemplo claro. Desde que el ser humano se ha puesto a enseñar, una de las grandes preocupaciones ha sido poder adaptar el sistema de manera personalizada. Es un hecho que no aprendemos igual y que necesitamos enseñar de forma diferente a cada persona. En un aula con 30 alumnas y alumnos esto es muy complicado. Pero con esta herramienta tenemos un asistente que nos permite a acertar a la diana con el dardo y ayudarnos a personalizar el aprendizaje del alumnado. Pero hay mucho más.

No empezamos mal. ¿Qué más nos puede dar la IA para mejorar el sistema educativo?

Una de las ventajas es clarísima. Podemos ser mucho más precisos a la hora de planificar actividades. Yo recuerdo que cuando yo entré en la docencia en el 2002 uno se pegaba toda una tarde para hacer cuatro o cinco actividades. Cuando empezó toda la revolución de internet 2.0 yo pensaba, qué bueno poder subir todo esto a la red, pero no tenía conocimientos de programación. Y ahora no nos hace falta. Podemos diseñar una actividad, casarla con los estándares de aprendizaje o los resultados que cumplan los objetivos. Pero es que no sólo es eso. Tecleando un poco, no hace falta ser un programador experto, consigues que se suba a la red, que el alumnado tenga acceso y pueda hacerla.

¿Pero el profesorado siempre va a estar ahí detrás?

Claro. El factor humano es clave. La persona que esté trabajando con la IA no debe olvidar nunca que es una herramienta. A mí, por ejemplo, me gusta mucho una frase del educador Carlos Magro que dice que si a una persona le das un martillo lo único que ve son clavos. Pues aquí pasa lo mismo. Uno puede pensar que con esta herramienta tecnológica se puede hacer todo y no. No es así. No podemos dejar que la IA tome las decisiones. Nosotros como personas y docentes somos los que tenemos que validar esos resultados que nos ha dado son o no correctos. La IA no va a pensar por ti ni a darte las soluciones que estás buscando. Te va a ayudar a llegar a ese punto que tú estás buscando.

¿En qué punto estamos en este momento?

Ahora se está utilizando sobre todo para generar contenidos nuevos. Una de las grandes dificultades que tenemos en Educación ahora mismo es que o bien seguimos un manual o hay que buscar en internet a alguien que haya hecho alguna ficha para llevarla al aula… Y todos tenemos muchas ideas para hacer cosas. Y lo que la IA nos permite es que yo le dé una serie de instrucciones y que me dé un contenido nuevo, una actividad nueva o, incluso, traducir contenidos para alumnado inmigrante que antes quedaba excluido por la dificultad idiomática y ahora puede seguir la actividad al mismo ritmo que el resto.

¿Y qué pasa con el sesgo de la IA? Porque la IA tiene cierto sesgo que a veces hasta asusta…

El sesgo existe y siempre va a existir. Yo en mis charlas siempre digo que no tenemos que olvidar que la IA es un sistema creado por humanos para resolver problemas humanos. Y los seres humanos tenemos sesgos. La clave para superar este problema es usar la IA de forma crítica y reflexiva. Hay que tener en cuenta nuestros propios sesgos, porque nosotros mismos trabajamos dándole sesgos a la herramienta.

¿Cómo podemos limitar esos sesgos?

Le pongo un ejemplo. Si yo a la IA le digo, haz el dibujo de un hombre, te lo va a hacer y no va a ser una mujer. Entonces hay que pedirle que haga el dibujo de un determinado tipo de persona realizando este tipo de actividad. El sesgo siempre va a existir y eso hace que cobre especial importancia la verificación humana y enseñar a la IA a mitigar esas respuestas sesgadas.

¿Qué hacemos con el alumnado? ¿Hay que dejarlo fuera del uso de la IA?

Eso que usted dice es como intentar vallar el campo. Es imposible dejar al alumnado fuera del uso de estas herramientas porque ya están democratizadas. El alumno ya accede a diferentes tipos de IA fuera del aula. Nuestra labor como docentes debe ser enseñar a usar estas herramientas de forma crítica y, sobre todo, responsable. Intentar prohibir el uso de la IA sería sacarlos del sistema. La herramienta ha sido tan disruptiva que ya está en todos los ámbitos miremos donde miremos. La clave no es prohibir. Es enseñar a usarla correctamente.

¿Cómo casa todo esto con las voces críticas que plantean sacar la tecnología del aula? Ya hay países como Suecia o Canadá que están planteando una vuelta a un modelo de educación totalmente analógico.

En el mundo educativo siempre hemos dicho lo mismo: la tecnología en sí no es mala o buena. La clave es el uso que se le da. Si yo implanto pantallas en el aula, pero no obligo a leer ni enseño a los alumnos que la pantalla es una herramienta y hay que leer, se puede llegar a la conclusión de que las pantallas son las responsables de que el alumnado no lea. Y no es así. Hay que implantar la tecnología con cabeza y reflexionándolo bien. Habría que ver los análisis que han llevado a esos países a decir que hay que quitar la tecnología, pero yo le hago otra pregunta. ¿Si quitamos la tecnología de los centros en un mundo altamente tecnificado, qué hace el alumnado cuando salga del colegio y se incorpore al su entorno?

Me imagino que llevarse un buen golpe de realidad

Pues sí. Se va a encontrar con un mundo totalmente diferente al que ha tenido en el centro educativo. Y entonces volvemos al dilema que planteábamos antes. No es tecnología sí o tecnología no. Prohibirla o que todo valga. Es promover un uso de la tecnología que sea crítico y responsable. Un ejemplo sencillo de entender, aunque suene a viejo, es que antes para poder tener un ordenador había que aprender mecanografía para ser más rápidos y eficientes. Pues eso se ha perdido y la gente ya no es tan rápida escribiendo. Si nosotros prohibimos el uso de ordenadores vamos a conseguir que cuando el alumnado se enfrente al mundo laboral no tendrá competencias tan básicas como manejar un Excel.

¿Dónde está el equilibrio ideal para solucionar el debate?

Para mí, si me dejan soñar, es tener conocimiento de esas tecnologías pero sabiendo usarla de forma responsable. Si nos lo traemos al ámbito educativo, la IA es una herramienta que se ha liberado y puede ser muy beneficiosa. Pero también puede ser muy peligrosa. Por eso es fundamental inculcar al alumnado el uso cauteloso y ético sabiendo identificar cuáles son los sesgos, las respuestas no válidas y, sobre todo, que sea una herramienta que me ayude a pensar. Qué los ayude a aprender evitando la pereza cognitiva.

Ahí reside el gran debate sobre el uso de estas tecnologías…

Sí. Y hay que incidir en que ese ayúdame a aprender no significa que sólo por leer ya he aprendido esos contenidos. Porque aprender algo es tener capacidad para aplicarlo. Y cuando el alumnado tiene esa capacidad para aplicar esos conocimientos es porque los han aprendido. Y ahí volvemos a ese equilibrio ideal. Un centro donde el profesor se apoya de la tecnología para llegar mejor al alumnado y poder personalizar el aprendizaje.

Ahí puede estar la clave… Estamos hablando de poder evitar que muchos alumnos se queden atrás o, incluso, poder explotar los talentos individuales.

Efectivamente. Le pongo un ejemplo. Estamos realizando un ejercicio de matemáticas y vemos como un porcentaje elevado de alumnos no está consiguiendo llegar a la explicación. Yo puedo consultar a mi asistente de IA y explicarle que usando estos ejemplos y estos ejercicios hay equis alumnos que no logran entenderlo. Y puedo pedirle consejos para explicarlo de una manera que lo entiendan. Y en un par de minutos puedo tener una actividad. Pero es que hay más. Yo puedo tener una parte del alumnado que lo lleva muy bien y tengo la oportunidad de diseñar tareas y ejercicios para mantener su atención y que no se aburran. Te permite personalizar esos ejercicios y ejemplos a perfiles concretos de alumnado.

¿El profesorado actual es consciente del poder estas herramientas?

Hay profesorado que si es consciente de las posibilidades que ofrecen estas herramientas y hay quien tiene miedo. Y lo digo así porque hemos tenido la experiencia en talleres del uso de la IA como aliado docente. A nosotros nos gusta hacer un mapa de impacto para conocer la opinión del profesorado antes y después de impartir el taller. Y hay compañeros y compañeras que nos decían que no sólo no creían en la herramienta, sino que creían que iba a ser mala para el alumnado. Y ahora ya la han convertido en una aliada en la preparación de sus clases y actividades.

¿Cómo se está acercando el profesorado a estas herramientas?

Hay interés. Pero todavía hay más curiosidad que conciencia del potencial que tiene. Yo confío que después de estas jornadas y de todos los talleres de formación que se están haciendo sepan que tienen una herramienta a su disposición a la que se le puede sacar muchísimo partido.

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