Flores de mayo: “Empezamos a vender algo, pero no hay negocio”

Flores en un cultivo de Jose Antonio Estévez, en Gran Canaria

Alberto Pérez, un autónomo que lleva 25 años dedicado a la venta de flores en la tienda Támbara ubicada en la capital grancanaria, dice que el Día de la Madre y otras tradiciones propias del mes de mayo como las cruces florales, ha propiciado que esta semana haya empezado a recibir pedidos de clientes después de más de seis semanas en las que ha subsistido gracias a sus ahorros y al alivio que le supuso que su casero le suspendiera del pago del alquiler, al no no vender absolutamente nada y tener que tirar lo almacenado.

“Tengo unos 15 pedidos, que pueden suponer unos ingresos de 250 euros en estos momentos, pero me quedaría con 100 euros por los gastos de adquirir el material”, afirma Pérez, quien explica que en estos momentos solo puede comprar flores producidas en las Islas. “Más que nada es por volver a la actividad, por no perder el contacto con la gente, pero no se hace negocio”, añade.

A los pocos días de la declaración del estado de alarma el 14 de marzo, la Asociación de Cosecheros de Flores y Plantas Vivas de Canarias (Asecan) alertó de las graves consecuencias que tendría para el sector de la flor cortada y la planta ornamental en las Islas el paro de la actividad, estimando pérdidas de 1,5 millones de euros y 1.400 trabajadores en riesgo de quedarse en la calle. Sobre todo, al coincidir con la primavera, época " por excelencia de flores y plantas" en la que suele haber mayor demanda.

Floricultores como Jose Antonio Estévez, con fincas de rosas y gerveras en Telde y Agüimes, y Carmen Rosa, con más de 6.000 metros cuadrados en Santa María de Guía dedicados a la flor cortada, reconocen que han tenido que tirar prácticamente toda su producción de las últimas semanas y solo hace escasos días han comenzado a recibir encargos.

Con 36 años de experiencia a sus espaldas en esta actividad, Estévez asegura que antes de la crisis generada por la COVID-19 daba salida a toda su producción porque desde hace diez años suministra a la cadena hotelera RIU y mantiene clientes fijos, sobre todo mayoristas. “De vender el 100% pasé al cero”, explica este floricultor, quien añade que los gastos sí se han mantenido, “la única diferencia es que la flor no se vende”.

Durante estas semanas, dice que ha podido subsistir con recursos propios y porque no tiene deudas, pero ya incluso se planteaba la posibilidad de hacer ventas a domicilio. “Para mantener los cultivos seis meses necesito 100.000 euros”, asegura. Pero ya hace unos días que sus clientes habituales, mayoristas y floristerías, han vuelto a demandar pedidos a su empresa, Jotaflor, y el problema ahora es que no tiene producción suficiente para atenderlos porque paró la recolección al inicio del confinamiento ante “la incertidumbre”. “De cortar 2.500 tallos diarios de rosas, he pasado a 700 u 800”.

En el mismo sentido, Carmen Rosa Padrón, de la empresa Luis Padrón e hijos sociedad civil particular, explica que lleva un mes y medio tirando su producción en una época en la que tradicionalmente suele recibir más pedidos de los habituales. La venta a domicilio la descartó como solución porque “ese es el trabajo de la floristería” y dice que el suyo es el de cultivar.

También asegura que ha vuelto a recibir pedidos por el Día de las Madre, “unos cinco y seis encargos”, algo que no cree que llegue “ni a los 1.000 euros” de ingresos. Sobre el futuro, Padrón confiesa, mientras recolecta flores, que “de momento” intenta “aguantar” y desconoce lo que ocurrirá ni se ha planeado ninguna otra opción. “Igual toca abandonar si viene una crisis muy fuerte”, añade.

Para tratar de mitigar esta situación, Asocan y el Gobierno de Canarias pusieron en funcionamiento una campaña publicitaria para incentivar la compra de flores y plantas, al igual que el Cabildo de Gran Canaria, que lanzó un comunicado para animar a la población a la misma finalidad a través del Mercado Digital Gran Canaria Me Gusta, donde los ciudadanos pueden apoyar a los floricultores haciendo pedidos a domicilio. También algunos municipio, como San Cristóbal de La Laguna, ha permitido el acceso al personal de floristerías a los cementerios para el enramado y el mantenimiento de los nichos.

Un sector afectado a escala global

La crisis generada por la COVID-19 ha afectado gravemente al sector de la flor cortada y la planta ornamental en casi todo el planeta y, especialmente, a Europa. El principal productor y exportador del mundo, los Países Bajos, donde también se celebra la feria más importante de una industria que mueve miles de millones de euros al año, se ha visto obligado a destruir entre el 70% y el 80% de su producción en marzo, según la agencia Agencia France-Presse.

Precisamente de Holanda importaba Alberto Pérez gran parte de las flores que ofrecía en Támbara porque sus proveedores le ofrecían “500 variedades diferentes”, mientras que en las islas dice que hay “poca diversificación”, un problema que a su juicio se debe a que el sector se ha ido abandonando porque el consumo “es ínfimo”.

Desde hace miles de años la flor, que adopta llamativos colores y olores con el fin de atraer insectos o animales y poder reproducirse, ha adquirido distintos significados para el ser humano en diferentes culturas. Desde ser elevada a la categoría de arte en Japón a través del ikebana; estar ligada a las religiones a través de la flor que, en ocasiones, sostiene Buda o el lirio con el que se representa a la Virgen María; simbolizar el poder, como la lis en el escudo de la monarquía Borbón; servir como ofrendas en los cementerios o incluso como medio de comunicación en la época victoriana (siglo XIX).

Según Pérez, a la flor ornamental, aunque no sea un bien de primera necesidad, en otros países, sobre todo del centro de Europa, se le da más uso y forma parte de su cultura, pues también sirve para transmitir determinadas emociones, como simpatía o romance. Por ello, espera que durante la desescalada “se compren flores, se pongan en casa, no solo para ayudar al sector, sino porque dan muchas alegrías”.

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