Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El PP se queda solo en su petición de que Juan Carlos I regrese a España
El pueblo de la retaguardia del Donbás que siente el frente cada vez más cerca
Opinión - 'El honor de ser español', por Marco Schwartz
RUIDO Y SILENCIO

Huellas en el polvo

Portada de Huellas en el polvo
27 de febrero de 2026 22:19 h

0

Las drogas y el trullo fueron parte sólida en su biografía. Pero, como ocurre con la gente de talento, sus escritos superaron todo, incluyendo los años de presidio y las tiritonas de la abstinencia. Es más, me atrevo a decir que si no hubiera sido por su experiencia vital, sus escritos serían de otra manera o no serían. Porque la memoria de David González era igual a una madeja caliente que soltaba cada vez que se ponía a relatar su perra vida. Y es aquí, en este lado de la hoja, donde se medía con los más grandes de su especie. Y hablo de Céline y de su hijo bastardo, Bukowski, y también hablo de Hamsun, de Henry Miller, de John Fante y de François Villon, aunque David bien podría dejar atrás a cualquiera de ellos.

David González escribía con el sabor de la sangre pegado al paladar. Con esa rabia contenida del que ha visto pasar la vida por delante, riéndose a carcajadas de él y de toda la fauna que habita en los márgenes; estribillo cruel que preña el resentimiento de clase. De ahí que su prosa sea tan despojada de roña y de fuegos de artificio, un hueso duro de roer pero con la chicha suficiente para tatuarse en ella el epitafio. Si nos ponemos críticos, el secreto de su escritura reside no ya en sus palabras, sino en lo que hay entre ellas, que es lo mismo que decir entre sus silencios. Dicho de otra manera: en la escritura de David González encontramos el eco de un ritmo atávico y oscuro que nace en las tripas y que encuentra en el silencio el verdadero significado de las palabras. Por eso resulta tan acertado que sea la editorial Efe Eme la que haya dado el paso y publique ahora su narrativa completa. Se titula Huellas en el polvo, y es una de las alegrías editoriales de los últimos tiempos.

Entre sus páginas descubrimos la experiencia vital de un tipo duro, curtido en la calle y en el presidio, pero con la suficiente sensibilidad para contarnos su relación con la droga, con las rejas de la prisión, con su padre y si, nos apuramos, con la mujer que le desvirgó; una manera de escribir que te conquista con su golpe seco, una forma de ser que te atrapa y que no te deja. Así era David González, el autor más puro que he conocido y al que más admiro de todos los que ha parido este país tan grosero con sus artistas. Su prosa, cargada de silencios, resuena en lo más profundo de mí una vez terminado cualquiera de sus relatos.  

Yo quiero que ustedes hagan la prueba, que busquen un rincón y unos minutos, que cojan al buen tuntún cualquier historia de las muchas que contiene este libro, y que se sumerjan en la literatura de alta graduación que destila David González. Seguro que me darán la razón cuando digo que era el mejor de todos; con diferencia. 

Etiquetas
stats