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RUIDO Y SILENCIO

Una bala con nombre de mujer

Gino Paoli en 2020, cuando recibió el premio La Mar de Músicas.
27 de marzo de 2026 22:05 h

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Nunca un artista aspiró a un epitafio tan desgarrador como el que dejó escrito Gino Paoli cuando intentó suicidarse y, por un error de cálculo, la patata le siguió latiendo hasta hace un rato. A veces, la realidad trae esos inconvenientes en los que uno tiene que seguir viviendo con el peso de una bala en su corazón, a sabiendas de que cada latido es un recuerdo. 

Eso mismo es lo que sucede cuando el tiempo empieza a correr en tu contra, y bordeas la muerte con la esperanza de que la muerte sea una experiencia que vale la pena ser vivida. Algo parecido pensaba Gino Paoli cuando subía a escena y el plomo de su pecho acusaba las palpitaciones de una mujer que le susurraba al oído palabras con el aliento frío de una tumba abierta. “El suicidio es el único medio para poder elegir entre la vida y la muerte. Las cosas importantes, como el amor, no las podemos elegir”, dejó dicho el artista italiano con esa caída sentimental que le ponía a sus melodías lapidarias. O viceversa.   

Porque hay canciones que nos asaltan a deshoras; vienen impregnadas en el perfume de las despedidas y dejan el pecho cosido de tetilla a tetilla. A mí me ocurre con las de Gino Paoli. Cualquiera de ellas me devuelve a los tiempos en los que se bailaba pegado y las luces de la verbena encendían el final del verano. De aquello hace ya tiempo, cuando las chicas dejaban su número de teléfono apuntado en una caja de cerillas, y el tabaco se podía comprar suelto. Canciones como Sapore di sale, Il cielo in una stanza o Una lunga storia d'amore sonaban en los bailongos de entonces, cuando yo aún no había nacido y mis padres se acababan de casar. El olor de las sardinas espetadas al borde de la playa, un 600 comprado a plazos y el transistor a pilas son cosas que forman parte de mi memoria sentimental; fotos a blanco y negro de un verano que no viví, pero que recuerdo como si lo hubiese vivido. 

Las canciones de Gino Paoli me ayudan; trajes a medida que vestían una época que ya no se deja acariciar y que, a veces, echo de menos, de la misma manera que se puede echar en falta un tiempo que sólo llegué a imaginar con los primeros cigarrillos, tosiendo el humo furtivo desde un tejado de pueblo, a la sombra de una vieja antena de televisión. Qué quieren que les cuente, si no renuncio a imaginar lo que nunca he podido vivir en persona. 

Por ello, vuelvo hasta aquellos tiempos que ya existían antes de yo nacer, y lo hago en este preciso momento en el que acabo de recibir la noticia de la muerte de Gino Paoli, el cantautor italiano que vivió con una bala de plomo alojada en su corazón. El proyectil tenía nombre de mujer y se llamaba Stefania Sandrelli, con la que se veía a escondidas, pues él era casado y ella era menor de edad. Cosas.

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