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RUIDO Y SILENCIO

Los tres usos del bardeo

el panama
14 de marzo de 2026 14:03 h

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Nació en una plantación cerca de la frontera tejana, y se dedicó a cantar blues por bares de mala nota, entre coristas, matones y chulos con olor a pescado. Hablamos de los primeros años del siglo XX, cuando los hombres como Leadbelly no eran más que 'negratas' condenados al barro y al desprecio. En una de sus canciones, Leadbelly cantó la historia triste y cruel de su navaja; la misma navaja que le servía para cortar el pan del almuerzo, y con la que se afeitaba, la utilizó para asesinar a la mujer que le había sido infiel. Por asuntos así, por convertir la navaja en instrumento de su crimen, Leadbelly fue a dar con los huesos en el trullo, donde, un buen día, se presentaron los Lomax; padre e hijo.

Para quien no lo sepa, John y Alan Lomax eran folcloristas, busqueros de canciones enterradas en la memoria de los caminos; sonidos negros que acabarían formando parte de la Library Of The Congress. Cuando los Lomax llegaron a la cárcel de Lousiana quedaron totalmente seducidos por Leadbelly quien, allí mismo, entre barrotes, se marcó un tema suplicando perdón; un desgarro arrepentido que ablandó el corazón del gobernador y con el que se ganó la libertad.

De una manera parecida a la que practicaron los Lomax, el amigo Iñaki Domínguez -antropólogo doctorado en Macarrología- ha visitado la cárcel de Estremera durante los últimos años. Entre choris y algodoneros patrios, se ha marcado un trabajo de campo recogiendo la experiencia vital de José Manuel Cifuentes, alias el Panamá, una figura legendaria en la historia del hampa que se inició entre los quinquis de los ochenta; fue atracador de sucursales bancarias y guitarrista de rock duro, extorsionador de narcos, traficante de pirulas en la Ruta del Bacalao y habitual de las cárceles de nuestro país, siendo respetado por los más kie del trullo, los mismos que saben dar los tres usos al bardeo. Profesiones liberales que llaman. 

Iñaki Domínguez nos lo presenta en crudo con este trabajo cumbre del periodismo testimonial que, a su vez, es una crónica de la delincuencia española durante la Transición hasta nuestros días; un latido subterráneo que nos habla de lo que sucede bajo la superficie, cuando el Estado muestra su debilidad ante un capitalismo zampón semejante a rata hambrienta. Reducido a los huesos, permite que florezcan pobres diablos en sus márgenes; hombres y mujeres que son carne de cañón; trabajo para policías, fiscales y forenses. Beneficio para el capital, con mayúscula. 

Iñaki Domínguez lo vuelve a hacer, y esta vez al estilo de Truman Capote de visita a la Prisión estatal de Kansas, enredándose en el infierno de un delincuente poco habitual; un tipo complejo con sombras y luces suficientes para hacer que su contraste resulte atractivo. El libro se titula El Panamá: Vida de un fuera de la ley, y viene publicado por Ariel.

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