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Una historia interminable: el poblamiento de Canarias

Eustaquio Villalba

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Cuando en la Baja Edad Media los europeos llegaron a las islas canarias descubrieron que estaban pobladas y que esas sociedades isleñas no tenían un idioma común ni capacidad técnica para comunicarse entre ellas y que sus habitantes vivían aislados en su isla. No eran cristianos, tampoco judíos ni musulmanes, ni negros paganos. ¿Quiénes eran? ¿Cómo habían llegado a las islas? Se preguntaron los primeros colonos y, seis siglos más tarde, los historiadores siguen intentando responder a esta cuestión. Es el caso del libro recientemente publicado: Bereberes contra Roma. Insurrecciones indígenas en el norte de África y el poblamiento de las Islas Canarias. Está publicado por ediciones le Canarien y cuenta con el patrocinio del Gobierno de Canarias. Sus autores son los profesores de la ULL Alicia García y Antonio Tejera.

Lo primero que me ha llamado la atención es la contradicción entre lo que dicen en la contraportada: “En este libro analizamos un conjunto de datos que confirman, de manera evidente, el origen norteafricano de las antiguas poblaciones canarias, como ya lo habían afirmado los primeros historiadores del quinientos, quienes asociaron su poblamiento con etnias bereberes que fueron deportadas a este archipiélago, como consecuencia de los castigos infligidos a distintas comunidades rebeldes por su reiterado enfrentamiento con el poder de Roma.” Por el contrario, en el prólogo los autores afirman que “su libro es deudor de las dificultades que sigue planteando un tema que aún se halla envuelto en un mar de dudas.”

El origen norteafricano de las poblaciones pre-europeas de las islas está reconocido por la mayoría de los investigadores, en este aspecto no parece haber disputa; es el cuándo y el cómo lo que está sometido a debate y discusión. Cuando arribaron al Archipiélago los primeros pobladores resulta la incógnita, aparentemente, más fácil de resolver, la ciencia pude determinar la antigüedad de los restos arqueológicos con diversas técnicas, la más conocida es la del carbono 14. Según estos autores la cronología que aportan estas dataciones confirman de manera indubitada, que el poblamiento de todas las islas tuvo lugar en la segunda mitad del siglo primero antes de nuestra era, sin embargo pocas páginas más adelante dice que el poblamiento pudo haberse producido en una fecha cercana al cambio de era pero que se trata solo de una hipótesis. Esta clara contradicción se pone en evidencia en el listado de su cronología de las culturas canarias en las que incluye la Cueva de La Palmera de Tijarafe datada en el 200 a.n.e. En Tenerife son varias las dataciones que aportan en el listado y que son anteriores a nuestra era: En Buenavista del Norte el nivel II del yacimiento de La Estaca, en la Cueva de Las Arenas en Barranco Hondo que da fechas de la primera mitad del último milenio a.n.e., a las que se suman las dataciones de la Cueva de los Guanches, la de Las Palomas y la de don Gaspar, todas éstas localizadas en Icod de Los Vinos. Sobre esta evidencia se limitan a decir que “mantienen una prudente reserva a la vista de estos datos porque resultan bastante excepcionales en el conjunto de las fechas conocidas hasta ahora en el Archipiélago” Pero el hecho de considerarlas excepcionales no las convierte en dataciones erróneas y, mientras no puedan demostrar lo contrario, el carbono 14 confirma que varios siglos anteriores a la expansión del imperio romano ya había gente en algunas islas.

Llama poderosamente la atención que en el listado de las dataciones no figuren las obtenidas por el catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Pablo Atoche y la investigadora Ángeles Ramírez en la excavación de Buenavista en Lanzarotey que tampoco incluyan ninguna referencia bibliográfica de sus trabajos en esta isla. Cómo no es posible que los autores del libro desconozcan los resultados de estas excavaciones y las numerosas publicaciones que han originado, solo cabe pensar que la omisión es deliberada, algo inadmisible en un trabajo académico en el que solo admite la refutación científica, nunca la ocultación de los datos que no les gustan o cuadran con sus tesis. Así, Atoche y Ramírez dicen en uno de sus artículos: “En Canarias ni las fuentes literarias clásicas greco-latinas, los textos etnohistóricos o la más reciente actividad arqueológica han documentado presencia humana efectiva con anterioridad al siglo X a.C.; entre ese límite y el siglo XV d.C. se desarrolla el periodo protohistórico, un espacio temporal durante el cual en Lanzarote se sucedieron procesos culturales que en la actualidad es posible delimitar cronológicamente con la ayuda de 46 referencias de C14 obtenidas y contrastadas en tres laboratorios, el de Groningen (Centrum voor Isotopen Onderzoek. Rijksuniversiteit Groningen), BETA (Beta Analytic Radiocarbn Dating Laboratory. Florida) y UBA (14CHRONO Centre. Queen’s University. Belfast. Northern Ireland).” De acuerdo con estos datos “El yacimiento de Buenavista constituye la prueba de la temprana presencia en Lanzarote de un grupo humano plenamente establecido en la isla en el siglo X a.C., asociado a un contexto material caracterizado, entre otros elementos, por la presencia de artefactos de procedencia cultural fenicio-púnica.”

García y Tejera afirman, para negar la presencia de fenicios y púnicos en las islas, que “hasta el momento, como decimos, no se ha encontrado ningún testimonio arqueológico que nos permita aseverar tal hecho, ya que todos los elementos materiales señalados los consideramos pertenecientes a las culturas aborígenes de este Archipiélago.” Sin embargo en la excavación de Buenavista y el Bebederoen Lanzarote los investigadores Atoche y Ramírez destacan el hallazgo de “varias decenas de fragmentos cerámicos modelados a torno pertenecientes a distintos recipientes (ánforas y otros contenedores) y una terracota, varias piezas metálicas correspondientes a objetos elaborados en bronce, cobre y hierro, además de un abalorio de vidrio, todo ello inmerso en una secuencia estratigráfica y cronológica que nos sitúa en el ámbito de la cultura fenicio-púnica establecida desde finales del II milenio a.n.e.” Aún en el caso de considerar los autores de este libro que esas afirmaciones no tienen base científica, ni materiales arqueológicos que las avalen, no pueden ignorarlas al escribir un libro sobre el poblamiento de las Islas, en todo caso tendrían que demostrar que el resultado de las excavaciones en Lanzarote son un fraude deliberado de un catedrático de la universidad de Las Palmas y de una investigadora, pero no lo hacen, se limitan a condenarlos al ostracismo.

Otro hecho, el hallazgo de restos de una instalación romana dedicada a la extracción de púrpura en la isla de Lobos , y que los autores del libro solo nombran de pasada y de manera confusa, es una prueba que desmonta la tesis de un poblamiento fruto del desplazamiento forzado de tribus levantiscas norteafricanas. La catedrática de la ULL y directora de la investigación, la doctora del Arco, data este yacimiento en el siglo 1 a.n.e. lo que implica que los romanos navegaban a las islas orientales y explotaban sus riquezas con anterioridad a la expedición ordenada por Juba II.

Creo que libros como éste no contribuyen a mejorar el conocimiento de la historia de Canarias, solo sirven como ejemplo de una manera de actuar poco compatible con  lo que debe ser un trabajo de investigación histórica. En resumen, es un libro prescindible para los que estamos interesados en la historia canaria.

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