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La necropolítica o cómo dirigir a la muerte a las personas africanas

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Decía el prestigioso filósofo camerunés Achille Mbembe que “Ia expresión última de Ia soberanía reside ampliamente en el poder y Ia capacidad de decidir quién puede vivir y quién debe morir”. Es lo que él denominó como necropolítica. Un término que, aunque acuñó hace más de 10 años, ya tuvo sentido durante la etapa de la esclavitud y de las colonizaciones y que en la actualidad sigue vigente.

La tragedia que este viernes se vivió en la frontera entre Melilla y Marruecos, donde según las ONG fallecieron al menos 37 personas en su intento de acceder a suelo español podría interpretarse como un claro ejemplo de esa hoja de ruta que conduce a muchas personas africanas a la muerte. En este caso, ha sido la treintena de personas que ha perdido la vida en dicha frontera, pero no se debería obviar a las más de 4.000 personas que han muerto en la ruta atlántica, la más mortífera para llegar a Europa.

La ruta mortal de miles de migrantes africanos empieza cuando se ven obligados a salir de sus países debido al expolio de sus riquezas y recursos naturales por parte de Occidente. Ocurre en Senegal con la pesca, como ha señalado la organización Greenpeace, que acusa la flota pesquera internacional de causar un grave impacto en el país, lo que aboca a miles de personas a migrar. Empieza también cuando se ven obligados a salir a causa de diferentes conflictos avivados por las consecuencias de un colonialismo que empezó con el reparto de África en el siglo XIX, como ocurrió en Ruanda en los años 90. Empieza cuando un simple joven tiene el deseo de partir para probar suerte en el extranjero y su propio país se convierte en una fortaleza. A la gran mayoría de estas personas se les impide venir de manera segura, ya que los consulados de los países occidentales se niegan a concederles un visado, de modo que muchos terminan recurriendo a rutas cada vez más peligrosas. Eso sí, cada migrante o persona que busca salir, expresa su deseo de hacerlo cómodamente en un avión que lo traslade en unas cuantas horas a suelo europeo y no pasar 10 días en alta mar ni viajar durante años por diferentes países africanos.

La ruta mortal de los migrantes africanos continúa en su extenso periplo por los países africanos que se ven obligados a cruzar. En Marruecos, como denuncian muchos jóvenes que arriban a Canarias y distintas organizaciones, sufren maltratos y persecuciones. En Niger muchos mueren en el desierto por deshidratación. Todo este mecanismo es lo que se conoce como externalización de fronteras.

La ruta mortal de los migrantes africanos ha estado marcada por la violencia y sin embargo todavía puede suceder un final peor. Muchos de ellos terminan ahogados en el Atlántico o en el Mediterráneo, o perdiendo la vida al ser aplastados por otros cuerpos, golpeados por pelotas de goma o por porras de la policía.

El camino del migrante africano es, en miles de casos, un camino hacia la muerte. Y es un camino nada arbitrario, porque la guerra de Ucrania ha demostrado que cuando existe voluntad para practicar una acogida en sintonía con el respeto por los derechos humanos y sobre todo hacia la dignidad y la integridad física de las personas, es posible hacerlo.

Durante estos últimos meses hemos podido escuchar que la predisposición en la acogida de refugiados ucranianos se debe a que proceden de un país europeo. Sin embargo, Ucrania está a casi 4.000 km de distancia de España. Y es este último país el que tiene una parte de su territorio enclavado en el continente africano, concretamente Ceuta y Melilla. Pero nos sentimos y vemos de lejos. Hemos visto morir en nuestras fronteras a decenas de personas y no ha habido un clamor popular, exceptuando el que han liderado las comunidades racializadas y antirracistas de España, a quien se les debe que haya una respuesta firme y justa que canalice la tristeza y la indignación de las personas aliadas. Esa distancia mental y emocional que sentimos en Europa con respecto a las personas del Sur global, solo tiene una respuesta: el racismo estructural. Y mientras seamos incapaces de extirparnos esa mezcla venenosa de supremacismo blanco y eurocentrismo, las vidas de las personas negras serán dirigidas hacia la muerte.

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