PERFIL
Alexis Ravelo, el escritor de barrio que usó la novela negra para retratar la desigualdad y la corrupción

Alexis Ravelo.

Alexis Ravelo era un lector empedernido y un escritor comprometido. Su repentino fallecimiento, este lunes a los 51 años, deja huérfana de uno de sus grandes referentes a la novela negra, el género que más frecuentó. El escritor grancanario retrató a través de sus obras sobre delincuentes, perdedores y bajos fondos las desigualdades, la corrupción empresarial y política o la relación entre la violencia física y la violencia estructural. En muchas de ellas con su ciudad natal, Las Palmas de Gran Canaria, como escenario. 

Creció en el barrio de Escaleritas. Hijo de una modista y de un marinero convertido en recepcionista de hostal, devoraba libros para “escapar de la monotonía”, para “salir del mundo en que vivía y, a la vez, entenderlo”. Estudió Filosofía a distancia y trabajó durante años como camarero en la mítica Sala Cuasquías. “Antes de escribir hay que vivir y hay que leer mucho. Y leer con otra mirada, aprendiendo, y siempre teniendo los pies en la tierra”, decía en una entrevista en septiembre de 2015

A Ravelo le atraían los ambientes sórdidos de las novelas negras de Raymond Chandler, Horace McCoy, James M. Cain o Jim Thompson. También el cine negro de los sesenta y setenta. Aprendió narrativa en los talleres de Mario Merlino, Augusto Monterroso o Alfredo Bryce Echenique. Su abanico de influencias era inabarcable. Entre los autores canarios destacaba a Pedro García Cabrera, Dolores Campos-Herrero, Agustín Espinosa o Benito Pérez Galdós, a quien no se cansaba de releer. 

Ravelo era un escritor con conciencia de clase, tanto que cuando construía a un personaje se imaginaba en qué barrio vivía y cuál era su casa exactamente. El lugar de nacimiento influye en las oportunidades y era una de las enseñanzas que el escritor dejó en una reciente entrevista en el programa Informe Trópico

Sus personajes de barrio tenían en común ese afán por querer mejorar. Contaba que existía una gran diferencia entre los delincuentes que entrelazaban sus historias de novela negra; el de barrio lo hace empujado por su contexto, mientras que los personajes de barrios más privilegiados delinquen por ambición pura y dura. Y es esa una de las claves que a sus textos le da una lectura política. “En mis novelas, no puedo dejar a un lado la política, aunque no aluda directamente a personas públicas con nombre y apellido, la intención es claramente social y política”, decía. 

Una mirada política que se palpaba no solo en sus libros. También se posicionó del lado de los más vulnerables y se mostró comprometido con causas sociales. Fue una de las primeras personalidades del mundo de la cultura en impulsar la iniciativa #NoalasprospeccionesenCanarias, unos sondeos con los que fue muy crítico desde el principio. Como otros autores y autoras canarias, la crítica al modelo de turismo “depredador” que ha pervivido en el Archipiélago también ha estado muy presente. “En España faltan escritores menos complacientes con cierto tipo de lector burgués”, llegó a afirmar. 

La corrupción es otro de los grandes temas de su obra. De la que no escapaban políticos, pero tampoco policías o personas del mundo de la judicatura. Sobre el protagonista del libro Un tío con una bolsa en la cabeza dijo que era el fiel reflejo de la corrupción que se ha vivido en España y, en concreto, en Canarias: “Más cutre no se puede”, señaló Ravelo. Le indignaba pensar en corrupción, en qué se hacía con el dinero que a su juicio debía ir destinado a los más débiles.

Ravelo se consagró en la última década como uno de los grandes autores de la novela negra española. En 2014 obtuvo el Premio Hammett por La estrategia del pequinés, una obra que sería llevada al cine por el director Elio Quiroga. Un año antes, había sido galardonado con el XVII Premio de Novela Negra Ciudad de Getafe por La última tumba y un año después se llevaría el Premio Valencia Negra de 2015 por Las flores no sangran. En 2021 recibió el Premio Novela Café de Gijón 2021 por Los nombres prestados.

Aunque se enfocó más en el género de la novela negra, Ravelo era un autor polifacético. Escribió guiones, libros infantiles e, incluso, un libreto de ópera. En 2016 sorprendió con la publicación de La otra vida de Ned Blackbird, una novela que se alejaba de la literatura negra para jugar con los límites de la realidad. “De alguna manera me di cuenta de que esta, probablemente, fuera mi novela seria. La novela personal en la que no estás pensando en que se va a editar, en la que estás intentando experimentar libremente con tu escritura. Por suerte sigue habiendo espacios en los que es posible publicar o ubicar novelas difícilmente etiquetables”, decía en una entrevista en Canarias Ahora

Ravelo era miembro de la Academia Canaria de la Lengua y el año pasado había sido nombrado Hijo Predilecto de Las Palmas de Gran Canaria. El Ayuntamiento de su ciudad natal lamentaba este lunes el fallecimiento de Ravelo, destacando “la creatividad y el trato personal maravilloso del autor, con una proyección desde el punto de vista literario que todavía no había tocado techo a pesar de los magníficos libros que escribió, y los premios que cosechó”.

Consternación en la cultura 

La muerte de Ravelo ha causado una honda consternación en el mundo de la cultura. “Es un día triste para las letras, tanto si son negras como si no”, escribía la editorial Al Revés. “Estamos desgarrados, en shock por el mazazo”, publicaba Siruelo, otra de las editoriales con las que trabajó el escritor grancanario. 

“Absolutamente impactados por la noticia de la muerte de Alexis Ravelo, firma indiscutible de la literatura negra contemporánea parte de la familia de este festival, pero, sobre todo, amigo”, recogía el mensaje difundido por el Festival Semana Negra de Gijón. “Era como Kim de la India, el amigo de todo el mundo. El escritor menos egocéntrico, el más generoso. Comprometido por Canarias, jamás se asoció con la demagogia, sino con la calidad”, destacó el periodista Juan Cruz.  

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