COVID en La Palma

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Creo que la vacuna, como mecanismo inhibidor de la pandemia, ha permitido en muy poco tiempo que superemos los parámetros agresivos del virus, al cambiar nuestro estado de ánimo para volver a escribir. Al final tenemos la excusa perfecta para referirnos al Covid-19 y su incidencia en La Palma. Me han inyectado la primera dosis de Pfizer como a algunos compañeros de mi edad, mientras que otros han recibido la de AstraZeneca. Ninguno de ellos se ha mostrado reacio ante los comentarios irracionales surgidos sobre la vacuna. Desde el primer momento en nuestras tertulias mañaneras, nos hemos reafirmado en un compromiso colectivo con la salud.

Es posible que durante la pandemia como en otros momentos cruciales de nuestras vidas, los problemas universales, y este lo es, los hayamos visto desde el prisma cercano del sitio en que vivimos sin que nos resulte indiferente lo que sucede en otros lugares.  De ahí que exprese nuestro parecer a modo de conclusión: “…Si somos serios, salvo raras excepciones, el comportamiento de los palmeros ha sido bastante responsable ante el reto impuesto por una realidad frustrante, que nos ha sumido en angustia y desasosiego con unas altas dosis de incertidumbre. Los datos, sin embargo, corroboran que la actuación de nuestros sanitarios ha sido ejemplar. La inmediata respuesta en momentos decisivos del director del Área de Salud de La Palma, Kilian Sánchez Sanjuán; los eficaces rastreos antes de que se generasen situaciones realmente comprometidas, y el seguimiento de la Red Centinela y Atención Primaria empeñada activamente en cortar de raíz posibles brotes y evitar contagios masivos; el control hospitalario, tanto en planta como en UCI con Mercedes Coello al frente; y, por último, un personal de vacunación, preparado, amable y comprensivo han formado parte de esa fuerza motriz que ha resultado vital para todos”.

En resumen, hombres y mujeres adiestrados, que en una irreprochable actitud de entrega, nos recuerdan a diario que llevamos tiempo jugando al escondite con un virus en permanente amenaza. Un virus que ha roto nuestros habituales marcos de relación, y los ha reemplazado por esquemas de vida diferentes en extraños escenarios de convivencia. Sabemos con certeza que en La Palma, como en otros lugares, ese virus ha perjudicado al turismo, a la hostelería y al pequeño comercio, elementos básicos de nuestra precaria economía, pero no es menos cierto que esta pandemia nos ha acercado un poco más al mundo científico y al personal sanitario a los que hasta ahora no habíamos valorado en su justa medida.

Los hombres y mujeres de ciencia han formado una clase intelectual enajenada que siempre ha estado encerrada y alejada del común de los mortales. Sin embargo, esta pandemia nos  ha acercado a sus estudios, a la eficacia de su trabajo, y a esa tarea investigadora que nos salva. La situación anómala que vivimos  nos ha servido para reconocer que el tiempo y el dinero invertido en investigación y en Sanidad no ha sido el suficiente y que hemos de tender un puente que vaya más allá del aplauso en los balcones que les ofrecimos durante el primer confinamiento. Tenemos que elevar nuestro nivel de compromiso y apoyar en sus reivindicaciones a científicos y sanitarios. Creo que debemos proponernos como meta corregir las injusticias y desigualdades que afectan a recursos humanos que han sido claves en la lucha contra el virus, mejorando y consolidando sus condiciones laborales en hospitales, ambulatorios y centros de salud. Como potenciales pacientes, ese es un imperativo ético que no debemos soslayar.

Julio M. Marante

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Publicado el
23 de abril de 2021 - 11:59 h

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