Nunca me interesaron los eclipses

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Me he dado cuenta escuchando las noticias que anuncian un eclipse que podrán ustedes ver a 600 km del Sáhara, desde una parte remota y peligrosa de Kenia, o desde cualquier pueblo habitado en las llanuras de Mongolia. ¡Alucinante! Lo importante es que en Luarca se verá durante un minuto y pico, en Canarias menos tiempo y más en Baleares... Son muchos los que están buscando ya el lugar especial con vistas privilegiadas para poder observar el fenómeno y uno de ellos es en alta mar, claro,­ porque sin duda es uno de los mejores puntos para evitar cualquier tipo de obstáculos. Desde ahora empiezan a alquilarse barcos, yates y otras fruslerías para no perder ripio de tal fenómeno con una copa de champán en una mano y caviar ruso en la otra. Ante el aumento de embarcaciones incluso la Marina Mercante lanza una serie de recomendaciones como que no vayan en esos barcos más personas de las permitidas, evitar distracciones y estar pendientes por lo que pueda ocurrir en el agua que no sé qué más puede sucedernos a no ser las salpicaduras de un delfín para mayor regocijo de inocentes adultos, o el ataque imprevisto de mi querido Godzilla.

Se anuncian conciertos especiales con títulos igualmente especiales como “Bienvenidos al eclipse”, “Gran baile cósmico” y otros hallazgos propagandísticos dignos de tener en cuenta como cuando nos informan sobre las personas que lo observarán y las reacciones que provocará en ellas, porque no cabe duda de que se emocionarán especialmente cuando la luna se retire y la luz regrese al aparecer el sol. Los psicólogos hablan de un estado de fascinación, un renacer, un volver a la vida, un quedarnos enredados del cielo, un unirnos bajo el mismo asombro. Esto último me ha parecido muy tierno, tanto como los múltiples avisos de riesgos que hay de cara a esa jornada: atascos, la previsión de altas temperaturas y un mapa de incendios pintado de rojo en buena parte del país, etc., etc. ¡Fantástico!

Y yo me pregunto si eso es verdaderamente importante en estos momentos. ¿Importante un eclipse? ¿Para quién? Con la que está cayendo encima del mundo no creo que un eclipse de sol pueda interesarme lo suficiente como para dejar de pensar en Gaza y en esas bombas que caen sobre sus tiendas maltrechas; las que derrumban edificios en Ucrania y dejan a una niña de ocho años masacrada en el suelo; las que envía Estados Unidos sobre islas sin nombre y le devuelve Irak sobre países con nombres inverosímiles para el común de los mortales. Pero nosotros, erre que erre, inventando novedades, partidos de fútbol, festivales de música y cabalgatas pseudo eróticas; una variada muestra de frivolidades que nos entretengan en el coliseo, inútilmente callados. Nosotros, humanidad completamente deshumanizada y fría ante los verdaderos dolores que nos cercan y destruyen; ajenos al sufrimiento y la muerte de inocentes criaturas del planeta mientras nos aplastan el cerebro con músicas, tambores y juegos circenses. Y mientras nuestros hijos aplauden todas esas maravillas inventadas para dormirnos acunados por el resplandor, ellos, los artífices de tanta destrucción, se frotan las manos desde el palco superior y cuando nosotros morimos aplastados por sus secuaces en la arena, ellos beben y celebran los goles, los bombardeos y los éxitos de sus campañas deportivas, musicales y guerreras.

Y ahora nos llegan con el anuncio de este oscurecimiento solar para distraernos de naufragios, hambrunas, martirios infantiles y broncas parlamentarias. Nosotros a llorar y ellos a embolsarse dinero con festivales y eclipses; nosotros a suplicar viviendas, pan y medicinas, y ellos a llenarse los bolsillos con distracciones argumentadas (¡no faltaba más!) por científicos y otra clase de autoridades académicas que llenan los carteles, la prensa y las cuentas bancarias con su aparente sabiduría y proclamada verborrea. Nosotros a suplicar dignidad en nuestras vidas, y ellos a distraernos con un buen muestrario de guerras y catástrofes en todos los telediarios incluida la información de lo que hay que llevar en una mochila en sustitución del bolso cuando llegue el famoso acontecimiento. Escucho atentamente y resulta que el móvil no sirve, tampoco el pintalabios ni el peine para darte un retoque, ni las llaves. Nada de eso hace falta. Hay que llevar gafas especiales, agua, comida de larga duración pero que se pueda utilizar en cualquier momento, una linterna, también, tamaño XXL con sus pilas de repuesto y, para remate, unas cerillas y una navaja. No proponen para nada un libro de poemas o una buena novela como “Lo que el viento se llevó”, con muy oportuno título. No, porque, lamentablemente, en este mundo desgarrado, sin sensibilidad ni valores, todo lo que alcanzas a llevar en el bolso es una nube y no creo que nos haga falta nada más si queremos sobrevivir a tanta estupidez, incluidos los eclipses.

Elsa López

10 de agosto 2026

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