Peleado con el mundo

Desde el que aparca mal su coche y no me deja salir del garaje, pasando por el que tira la señal de prohibido poner a cagar los perros en un jardín particular, hasta el que se come la curvas en la carretera y me hace frenar el vehículo, parece que no tengo otra esperanza que estar peleado con el mundo. Luego nos encontramos con el que piensa que es una tontería disponer de cinco contenedores en nuestras viviendas para separar, ahora por último, la materia orgánica (restos de comida), y el que se pone a mirar el móvil cuando estás hablando algo interesante desde mi punto de vista con él, y a continuación tienes que soportar el perro del vecino ladrando toda la noche, sin dejar descansar a los otros vecinos, y si voy por la acera de abajo, no puedo caminar por culpa de la caca de otros perros, perros que tienen prioridad en las aceras de mi pueblo. De este modo, actividad tras actividad que realizo, siempre me tengo que tropezar con algún disparate que me obliga a pasar de todo o a estar peleado con el mundo.

Razones para estar peleados con la clase política hay de sobra, pero permitirme algunos ejemplos, como el pago de productividad a muchos empleados del Cabildo, ya de por sí bien pagados, o los indultos que lleva a cabo el Gobierno de la nación, cuando tenemos una justicia colapsada y sin recursos -o sea, nos gastamos el dinero en la justicia, para que luego esos señores les aplique un indulto a los condenados-, sin contar la mala gestión en Sanidad, donde en dos semanas hemos tenido cuatro pediatras. Por esto encuentro un punto desolador en muchos políticos, que dedican su horas de trabajo a publicitar acciones tontas que no ayudan en nada a solucionar los problemas de las personas, cuando estos no están dedicados a las tareas del partido o a sus negocios particulares. Por ello, leer en las noticias algunas notas de prensa me generen en mi unas ganas enormes de pelear, pero si peleas con esas personas, menos consigues porque la gente siempre les da la razón. De este modo cuando comentas que algo está mal a personas del mismo partido que el criticado, terminas igualmente peleado con el mundo, sin darse cuenta que lo que está mal, está mal venga de donde venga, lo mismo que lo que está bien, está bien, aunque la acción la haya realizado un golfo.

Hace ya un tiempo, en un desplazamiento en el coche, conecté la radio, y de manera muy interesante la cadena Ser estableció un debate entre dos profesores con planteamientos diferentes pero ambos necesarios para mejorar la educación en este país, o pongamos que se hubiere establecido un debate sobre cualquier otro asunto importante como luchar contra el paro, la falta de igualdad entre hombres y mujeres, etc, no importa, se paralizó y terminó el debate por una noticia de última hora, parece que iban a destituir al entrenador del Valencia CF. Pues nada, me tuve que tragar otro enfado, porque lo único que podía hacer en ese caso era apagar la radio. Es este uno más de los ejemplos que en el día a día fuerzan a estar continuamente indignado.

Pero ¿qué puedo hacer? ¿qué hago? Pasar de todo como indicaba anteriormente, y aunque vea mil cosas a mi alrededor que no ayudan a nuestra comunidad, seguir tragando y tragando, sin saber si me voy a enfermar de tanto ver y escuchar negligencias sin poder decir nada, o convertirme en un amargado que al ver tanta desidia, se enfrenta a todas las personas intentando cambiar algo. La respuesta debería de ser la de establecer un punto medio; pero no puede ser, porque al primar el individualismo, al más mínimo comentario que realices a personas de tu entorno o de otro entorno no tan cercano, solo consigues ganarte enemigos y que descalifiquen tus palabras por mucha razón que lleven las mismas.

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14 de marzo de 2017 - 19:25 h

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