Una evolución con orgullo

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Mi infancia siempre estuvo marcada por lo que la sociedad dicta, lo que estaba bien y lo que no y creo que a todos nos ha pasado en algún momento de nuestra vida.

Ser gay no ha sido fácil durante la juventud. Había mucha desinformación, nadie explicaba que es algo normal, o por lo menos en mi infancia y siempre existían más dudas que respuestas. No hay un solo día en el que yo no me haya preguntado qué hubiese sido de mí si hubiese habido alguien que me dijese que todo estaba bien. Sobre los últimos años he estado reflexionando lo que es pertenecer al colectivo LGTBIQ+, y cómo ha sido mi tránsito hasta hoy en día.

Desde pequeño, siempre supe que era distinto. La sociedad alrededor recalcando que me comportaba diferente, resultando raro para ellos, e incluso algunos despreciándome sin siquiera conocerme o realizar un pequeño esfuerzo por hacerlo. Más de un golpe me he pegado en estos años debido a la incomprensión o falta de empatía por parte de la sociedad. No es común que un niño de 7 u 8 años sea golpeado en la cara por un puñetazo porque se piensa que es gay o como suelen decir, maricón. Los primeros años de adolescencia fueron en total silencio, un silencio del que muchas veces me arrepiento. Me arrepiento de no haber contestado o no haber gritado en más de una ocasión en la que se burlaban de mi forma de ser.

Ya luego uno coge carrerilla, te importa poco cómo miren, qué digan, empiezas a entenderte y a perder esa confusión que llevas años acumulando para poder salir del cascarón.

A mis 16 años ‘salí del armario’ con mis amigos y cierta gente de confianza, de la cual siempre tuve el apoyo, algo muy importante y necesario dentro de este colectivo. Ciertos aspectos de mi por fin podían ser libres y expresarme de una forma más libre, sin tantas barreras que contuviesen mi personalidad, empezando las bromas que yo mismo promovía sobre situaciones, cosas que se dicen, comentarios sobre tus gustos personales y liberando mi sexualidad. Más tarde vino la segunda salida, con los padres, que ha sido siempre un tema muy escabroso para nosotros, ya que no sabemos cuál será la reacción y tememos al rechazo, pero gracias al universo que salió todo bien y ellos se han convertido en una fuerza y apoyo muy importantes en mi vida.

A mis 20 y pocos años, todo ha seguido siendo un aprendizaje en el que averiguo cómo soy y cómo me veo reflejado en mis gustos, en cómo me relaciono con mi gente y vivo el día a día en esta etapa adulta. También he aprendido con el tiempo a involucrarme en causas que son necesarias para todos, y luchar por ello. Por esta época empecé a indagar sobre lo que significaba pertenecer al colectivo LGTB por aquel entonces. Las luchas, peleas por derechos, los desencuentros con gente que nos odia, personas que han dado la cara antes que yo para que nosotros y las generaciones posteriores puedan vivir mas tranquilos.

Hoy en día el colectivo es tan amplio como diverso, incluyendo orientaciones sexuales que antes no habíamos escuchado, géneros que se salen del espectro del binarismo, es decir: hombre y mujer, expresiones de género tan diversas y coloridas, derechos que hemos ido ganando poco a poco con esfuerzo. Todavía nos queda mucho camino de aprendizaje, tanto a personas que pertenezcan dentro del colectivo como personas fuera de él. Es importante que nos desarrollemos juntos y podamos formar una sociedad en la que cualquiera pueda sentirse seguro y vivir lo más felices posibles, sin que nadie cuestione la sexualidad personal e individual porque todos tenemos derechos a expresarnos como verdaderamente somos con total libertad. Ahora yo puedo decir que formo parte, con orgullo, de este maravilloso grupo de gente en el que he encontrado este pilar importante en mi vida. Puedo decir lo mucho que quiero a mis padres por siempre estar ahí y a mis amigos por comprenderme, por encontrar esa camaradería. Ahora puedo decir que, verdaderamente, me muestro como soy.

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