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Santa Cruz de La Palma: capital llena de día, vacía de noche

Zona de aparcamientos  en el Puerto de Santa Cruz de La Palma.
1 de octubre de 2025 14:42 h

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No está vacía del todo, pero su población desciende, su fisonomía urbana cambia y vive del pulso diario de quienes llegan a trabajar. Con viviendas cerradas y turismo que desembarca de los cruceros, la capital palmera es escenario de una paradoja urbana que ahora exige repensar incluso sus aparcamientos.

Santa Cruz de La Palma se despierta cada mañana como una ciudad distinta a la que se adormece cada noche. Sus calles están en movimiento, pero sus hogares a menudo permanecen vacíos. Su centro, a partir de las diez, late con oficinas, gestiones, comercios y visitantes, pero quienes lo habitan de forma permanente son cada vez menos, y su estructura demográfica envejece. El fenómeno es conocido: la capital palmera se ha convertido en una “ciudad de día”, con un pulso urbano intenso en horario laboral, de lunes a viernes y un silencio residencial en las tardes y noches.

Una ciudad que pierde residentes… pero gana visitantes

En los años noventa, Santa Cruz de La Palma superaba los 17.000 habitantes. Hoy, tres décadas después, apenas ronda los 15.500, según los datos oficiales del INE y el ISTAC. La pérdida no ha sido abrupta, sino constante, como un goteo que ha ido reduciendo el padrón municipal. A partir de 2019 la ciudad tocó un suelo demográfico y en 2022–2024 ha experimentado un pequeño repunte, pero insuficiente para recuperar los niveles previos.

La consecuencia es visible en los barrios: menos familias jóvenes, menos niños, más hogares unipersonales, mayor edad media. Los registros de nacimientos muestran que en la capital casi no nacen niños desde hace años, lo que confirma el envejecimiento estructural.

Mientras tanto, los municipios vecinos de Breña Alta y Breña Baja se han convertido en polos de crecimiento residencial. Sus núcleos, San Pedro y San José, han absorbido población joven que busca viviendas más espaciosas, terrenos y precios más asequibles. Allí se escuchan voces infantiles en los patios de colegios, en las plazas; en la capital, en cambio, las aulas de primaria se vacían lentamente.

Avenida Marítima de Santa Cruz de La Palma.

Viviendas: un parque que se encoge y se transforma

Paradójicamente, la capital parece tener más casas de las que necesita. El censo de viviendas 2021 registró más de 1.600 viviendas vacías en Santa Cruz de La Palma, un porcentaje muy elevado para un municipio de su tamaño. Sin embargo, un análisis comparativo entre los censos de 2011 y 2021, antes del volcán, revela algo aún más preocupante: la isla en su conjunto tenía 645 viviendas menos que hace una década, una contracción que resulta sorprendente en un territorio que siempre se percibió en expansión. La erupción de 2021 aumentó la pérdida —destruyó 1.345 viviendas en el Valle de Aridane—, pero la reconversión del parque al uso turístico explica el resto.

Por cada vivienda nueva que se ha destinado a residencia habitual, se han transformado al menos siete en vivienda vacacional. Eso significa que buena parte de las casas y pisos del centro histórico están cerrados buena parte del año o se usan solo para turismo. El auge del vacacional genera ingresos inmediatos, sostiene bares y cafeterías y da vida a la hostelería, pero encarece los precios del alquiler y resta opciones para jóvenes. El resultado es un casco bello, pero escasamente habitado: balcones de madera recién pintados, pero ventanas sin luz por la noche.

Economía: la capital administrativa, comercial y portuaria

¿Por qué, entonces, cada mañana las calles se colapsan y los aparcamientos se saturan? La respuesta está en la función económica de la capital. Santa Cruz de La Palma concentra la Administración insular: Cabildo, Hacienda, juzgados, delegaciones, comercios y colegios profesionales. Es la sede de las principales instituciones y servicios públicos de La Palma. A ello se suma el puerto, que canaliza el tráfico de mercancías y pasajeros interinsulares, y que en 2024 movió más de 650.000 personas, entre usuarios de líneas regulares y cruceristas.

El empleo, por tanto, se concentra en la capital, aunque los trabajadores residen fuera. El INE documenta flujos pendulares diarios desde Breña Alta, Breña Baja y otros municipios limítrofes. El fenómeno se siente en la calle: por las mañanas los bares sirven desayunos a empleados públicos y privados que llegan de fuera; al mediodía las cafeterías hierven de actividad, los comercios están llenos; avanzada la tarde y llegada la noche, la ciudad se vacía de nuevo.

Una ciudad de turistas y de oficinas.

El turismo patrimonial multiplica esa dualidad. Cada escala de crucero convierte a la capital en un escenario: grupos guiados recorren la Plaza de España, fotografían los balcones de la Avenida Marítima y consumen en comercios locales. Se calcula que siete de cada diez turistas que visitan La Palma pasan por la capital, aunque solo sea por unas horas. Es un motor económico evidente, pero de nuevo refuerza la condición de ciudad de tránsito: la gente llega, compra, consume y se marcha.

El resultado es una ciudad de día. Llena de funcionarios, trabajadores de oficinas y turistas en horario laboral, pero que por la noche pertenece a una población mayor, envejecida y menguante.

El problema de aparcar: síntoma de un modelo urbano

El síntoma más visible de esta transformación se encuentra en los aparcamientos. De lunes a viernes, entre las siete y las nueve de la mañana, llegar al centro en coche es un reto. Quienes acuden desde las Breñas, Puntallana o los Sauces para trabajar ocupan la mayoría de plazas en torno al Cabildo, las avenidas de entrada y las calles perimetrales. Más tarde, entre las nueve y las diez, los vecinos de barrios como Mirca, Velhoco o Calcinas bajan al centro a comprar o a hacer gestiones. Para ellos, encontrar sitio es casi imposible. A mediodía, la congestión alcanza su máximo. A partir de las 15 horas, cuando los funcionarios abandonan la ciudad y los comercios cierran, el tráfico se relaja y el aparcamiento vuelve a ser más sencillo. Cuando los comercios cierran, a partir de las 20 horas, aparcar es fácil. Los fines de semana, el problema desaparece: entonces Santa Cruz de La Palma recupera plazas libres y el tránsito es fluido. Lo que nos muestra que en la capital la mayor parte de la gente tiene garaje propio.

El problema del aparcamiento en Santa Cruz de La Palma es el reflejo más claro de su funcionamiento diario. Durante la mañana, la población de la ciudad no solo está compuesta por quienes residen en ella, sino también por la gran cantidad de personas que llegan desde otros municipios: trabajadores, estudiantes, compradores y turistas que se suman a los vecinos ya presentes.

Esta población añadida multiplica la actividad en las calles, llena comercios, oficinas y cafeterías, y genera una presión evidente sobre los aparcamientos. El resultado es una ciudad vibrante en horario laboral, que late con más fuerza de la que permite su censo oficial.

Sin embargo, a medida que avanza la tarde y cae la noche, ese pulso se reduce drásticamente. La ciudad se vacía, los trabajadores regresan a sus municipios de residencia, los turistas se marchan y los estudiantes desaparecen de las calles. Lo mismo ocurre los fines de semana, cuando el movimiento laboral y administrativo desaparece casi por completo.

El aparcamiento, por tanto, actúa como termómetro de esta dualidad: la capital concentra durante el día mucha más población de la que realmente vive en ella, y al caer la tarde vuelve a convertirse en un espacio tranquilo y envejecido, con pocos residentes activos y un uso limitado de su centro histórico.

Posibles soluciones: bolsas de aparcamiento y transporte público

Para que Santa Cruz de La Palma no siga en declive residencial y mantenga su función como capital viva, es imprescindible abordar el problema de la movilidad y el aparcamiento. Algunas propuestas están sobre la mesa:

Grandes bolsas de aparcamiento en las entradas de la ciudad. Junto al túnel, en la entrada sur, y en Maldonado en la entrada norte. El espacio existe y ya se han habilitado aparcamientos provisionales, pero se necesitan infraestructuras permanentes, modernas, bien señalizadas y bien conectadas con la Avenida Marítima; el caso de la conexión entre Maldonado-Barranco de El Carmen con la Alameda es paradigmático de lo mal resuelto que está y es peligroso transitar por ahí para los peatones.

Servicio de guaguas lanzadera. Entre esas bolsas y el centro deberían circular microbuses cada pocos minutos, garantizando que trabajadores y compradores puedan dejar el coche a las afueras y llegar rápido al corazón urbano.

La bolsa de aparcamientos del Puerto se ocupa de lunes a viernes, desde primera hora, por los trabajadores de la administración, que dejan sus vehículos estacionados durante toda la jornada laboral. Esto provoca que, a las ocho de la mañana, el espacio ya quede bloqueado durante ocho horas seguidas, sin posibilidad de rotación.

Panorámica de Santa Cruz de La Palma.

Se podría ensayar una medida sencilla: cerrar la bolsa de aparcamientos del muelle entre las 6 y las 9 de la mañana. De este modo, quienes llegan temprano para trabajar en la administración tendrían que utilizar las bolsas de entrada a la ciudad, pensadas para absorber ese flujo diario de vehículos. A partir de las 9 o 10 de la mañana, en cambio, este espacio del muelle quedaría disponible para los vecinos de los barrios altos y para quienes acuden al centro a realizar compras o gestiones. Así se favorecería la actividad comercial y se garantizaría un uso más equilibrado del aparcamiento, con rotación real a lo largo del día.

Plan de movilidad integral. La capital necesita un documento estratégico que piense a la vez en residentes, trabajadores y visitantes, y que reparta las cargas de manera equitativa. Una ciudad envejecida no puede permitirse que sus mayores pierdan acceso al centro por problemas de aparcamiento.

Dos poblaciones reclaman atención: los residentes que aún sostienen la capital y quienes llegan cada día a trabajar; reconciliarlas es la tarea pendiente de la política local.

Los responsables políticos de Santa Cruz de La Palma deben tener en cuenta una realidad incómoda: la mayoría de las personas que colapsan la ciudad en horario laboral no son votantes de la capital. Llegan a diario temprano, usan sus servicios, saturan los aparcamientos y dan vida al comercio, pero regresan cada tarde a sus municipios de residencia. Los votantes de la ciudad son, en su mayoría, los vecinos que aún residen en el casco, una población cada vez más envejecida, con muy pocos niños y jóvenes y los vecinos de los barrios que necesitan transporte para bajar al centro. Esa doble condición —una ciudad que acoge más usuarios de los que habita y una base electoral que envejece y se reduce— debería obligar a la política local a actuar con visión estratégica. Hacer posible la ciudad pasa por atender a ambas poblaciones: garantizar vivienda, servicios y vitalidad para quienes aún viven en ella, y ofrecer soluciones de movilidad y aparcamiento para quienes la usan cada día entre semana. Solo así se podrá reconciliar la ciudad real con la ciudad política.

Retos de futuro: ¿ciudad de día o ciudad para vivir?

Santa Cruz de La Palma no está vacía, pero tampoco rebosa vida residencial. Es una capital con funciones claras: administrar la isla, recibir a los turistas y servir de eje comercial. Pero su residencialidad se resiente. Envejecimiento, baja natalidad, pérdida neta de viviendas útiles y presión turística conforman un cóctel complejo.

El reto es encontrar el equilibrio. Si no se facilita la fabricación de viviendas, si no se movilizan las viviendas vacías, si no se generan incentivos para atraer familias jóvenes, si no se facilita el aparcamiento y la movilidad, la capital corre el riesgo de convertirse en un escenario hermoso pero inerte: lleno de vida a mediodía, vacío por la noche. Una ciudad cada vez más envejecida, con menos nacimientos y más viviendas cerradas, que vive del pulso ajeno en lugar del propio.

Pero también hay oportunidades: rehabilitación del parque existente, políticas de vivienda social, regulación equilibrada del vacacional, y soluciones innovadoras de movilidad. Solo así Santa Cruz de La Palma podrá ser no solo una “capital de día”, sino una ciudad de futuro.

Fuentes:

  • Instituto Nacional de Estadística (INE) – Padrón municipal, Censos de Vivienda 2011 y 2021.
  • Instituto Canario de Estadística (ISTAC) – Cifras oficiales de población y series de movilidad.
  • Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife – Tráfico de pasajeros 2024.
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