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“Hay tiempo para atender a unos mellizos recién nacidos y a una niña saharaui”

Nona Hernández González, de Breña Alta, participa por tercer año en el programa Vacaciones en Paz y ha acogido de nuevo este verano a Daija.

Nona y Daija en la Plaza de España de Santa Cruz de La Palma.

Nona y Daija en la Plaza de España de Santa Cruz de La Palma. LUZ RODRÍGUEZ

Si se quiere se puede. Nona Hernández González, de Breña Alta, tiene tiempo para atender a sus mellizos recién nacidos y también para acoger en su casa a la niña saharaui Daija, que veranea en su casa desde hace tres años en el marco del programa Vacaciones en paz. “Con la ayuda de mi abuela, que la trajo la primera vez, la llevamos a la piscina, a la playa, al cine, al dentista, al oculista y a donde podemos, aunque este año tengo un poquito menos de tiempo por los niños”, ha señalado Nona a La Palma Ahora, ante la atenta mirada de Daija, que disfruta de un helado.

El programa Vacaciones en paz hace posible que en los meses estivales miles de niños y niñas saharauis de los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia) sean acogidos temporalmente por familias españolas. Los menores llegaron a Canarias el pasado 8 de julio y permanecerán en el Archipiélago hasta los primeros días de septiembre. La Asociación de Amigos del Pueblo Saharahui Elías Martín de La Palma ha logrado que este año pasen el verano en la Isla un total de 11 niños y niñas, acogidos por familias de los municipios de Breña Alta, Santa Cruz de La Palma, Barlovento, Puntallana, El Paso y Tazacorte. La coordinadora de la asociación, Celia Fernández, ha reconocido a este digital que se ha producido “un bajón” en el número de familias de acogida y hace un llamamiento a participar en esta causa solidaria.

“Cada familia tiene sus circunstancias y todo el mundo no puede acoger, pero te enriquece y empiezas a valorar cosas que antes no valorabas”, subraya Nona, quien lamenta que este sea el último año que va a poder disfrutar de Daija. “Esta es la tercera vez que viene a casa y ya no podrá volver, así que sentimos nostalgia porque no verla el año que viene será muy duro”, afirma. “Los veranos en La Palma para ella es una gran ilusión, una alegría, ir a la playa, disfrutar con las familias, conocer otros niños… En estos tres años Daija ha aprendido a bailar, porque yo tengo una escuela de danza, ha aprendido otro tipo de cultura gastronómica, hemos ido al cine, ha conocido cosas que no hay en su país”, cuenta Nona con satisfacción. “Ir a la playa, algo tan habitual para nosotros, ella le da mucho valor, y a la comida, porque allí tienen una alimentación muy básica; aquí probó por primera vez la sandía o las piñas de maíz”, dice.

“Los veranos en La Palma me los he pasado muy bien, lo que más me gustó cuando llegué fue la piscina”, recuerda Daija, quien reconoce que a pesar de que las estancias en La Palma han sido maravillosas, la familia le tira. “Tengo cuatro hermanos, y uno no lo conozco, solo lo he visto en fotos, porque nació cuando yo ya estaba en La Palma; le hemos puesto de nombre Nona”, cuenta Daija con una sonrisa, y asegura que quiere ser “doctora”.

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