Los animales de Cumbre Vieja se quedaron “en silencio” minutos antes de la erupción y huyeron del lugar

Un agente de la Guardia Civil tranquiliza a un gato en la zona próxima al volcán. Foto: GUARDIA CIVIL

El comportamiento de los animales es uno de los indicadores de una erupción volcánica inminente, y “se ha usado con éxito en grandes terremotos”, ha explicado a este periódico la directora del Observatorio Geofísico Central del Instituto Geográfico Nacional (IGN), Carmen López. “Tienen un sentido mucho más afinado que el nuestro con relación a los cambios ambientales, oyen en un rango de frecuencia mucho más amplio, saben que lo que están percibiendo no pertenece a la normalidad”, ha señalado.

Unos minutos previos a las 15.10 horas del 19 de septiembre, en la zona de Cumbre Vieja donde entró en erupción el volcán, en Cabeza de Vaca, “había mucho silencio, según las observaciones de la población, parece que los animales tienen una sensibilidad especial y se suelen ir del área porque, posiblemente, -y eso quizás lo puede explicar mejor un biólogo-, notan algún cambio muy sutil de gases, de temperatura…seguramente tienen otras frecuencias audibles, otra percepción y se suelen anticipar a lo que va a suceder”, ha destacado.

El doctor en veterinaria y profesor de investigación, Juan Capote, asegura que “muchos animales, en los movimientos previos a la erupción, se echaron a correr, se desorientaron y se perdieron, según cuentan nuestros colegas”.

“Diez minutos antes de entrar en erupción el volcán,  los animales que estaban en el albergue de forma preventiva empezaron a mostrarse muy inquietos, bien sea por una mayor percepción auditiva, bien sea por las ondas magnéticas o por algún movimiento de la tierra”, apunta Capote.

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