Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare (IX): Tagaragre

10 de febrero de 2026 19:07 h

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El noveno término y señorío era Tagaragre, que llaman hoy Barlovento y era señor Temiaba, que, por ser hombre de poco ánimo, tenía un palmero consigo, llamado Autinmara, valiente y de quien se hacía tanto y más caudal que del mesmo señor, y éste lo gobernaba todo al tiempo de la conquista (J. Abreu Galindo, 1977: 268). El topónimo Tagaragre, aunque en su versión castellana, se ha mantenido hasta la actualidad, puesto que su significado es el de ”…barlovento…“ (I. Reyes Martín, 2011: 362), extendiéndose por el territorio del actual municipio de Barlovento.

Estaba gobernado, a la llegada de las huestes castellanas de Alonso Fernández de Lugo, por Temiaba. Es interesante detenernos un poco en este antropónimo, puesto que su traducción literal es: “…mujer temerosa…” (I. Reyes Martín, 2011: 402). Podríamos plantearnos que, a pesar de que las fuentes etnohistóricas coinciden en que se trataba de un hombre, fuese, en realidad, una mujer. Igualmente, no es descabellado suponer que tuviese inclinaciones homosexuales puesto que, en lengua amazigh, la variante “temia…” (I. Reyes Martín, 2011: 401) tiene, precisamente, ese significado. No obstante, lo más probable es que fuese un varón cuyas dotes de mando eran poco enérgicas, puesto que Temiaba, en sentido figurativo, también se puede traducir como una persona “…pusilánime.” (I. Reyes Martín, 2011: 402). Por esta misma razón, no es de extrañar que en las tareas de gobierno se dejase aconsejar por otro benahoarita, llamado Autinmara quien, en realidad, llevaba todo el peso del control del cantón, tal y como se desprende de la cita textual del primer párrafo. Autinmara, calificado de valiente, se puede traducir como “…hijo de los reconocimientos.” (I. Reyes Martín, 2011: 106-107). Este nombre, quizás, alude al beneplácito que su labor tenía entre la población benahoarita moradora del cantón de Tagaragre.

Parte occidental del cantón de Tagaragre desde el Mirador de La Lomadita (Gallegos). Foto: Jorge Pais Pais

La conquista de Benahoare no fue tan sencilla como, generalmente, se suele creer. Incluso, se produjeron una serie de rebeliones tras la captura de Tanausú en la Fuente del Pino (Barranco del Riachuelo. El Paso). Y esta gran rebelión se produjo entre la población benahoarita del cantón de Tagaragre: “Los palmeros, como vieron al capitán Alonso de Lugo fuera de la isla, levantáronse más de trescientos palmeros, los cuales hacían mucho daño. De esto fue avisado Alonso de Lugo, que estaba en Tenerife; y, por no dejar de proseguir la empresa comenzada, mandó por capitán de la isla de La Palma, para que la quietase, a Diego Rodríguez de Talavera, hombre plático y cursado en la guerra y conocido de los palmeros. El cual, venido que fue a La Palma con treinta soldados, recogió alguna gente y amigos que se juntaron, y con ellos, después de algunos reencuentros que tuvo, los desbarató, aunque le costó algunos soldados que le mataron, y muchos heridos. Pero al fin, con su industria, los tornó a quietar, y puso la isla en paz y sosiego, haciendo en los alzados castigo ejemplar, con el cual estuvieron siempre leales y obedientes.” (J. Abreu Galindo, 1977: 288-289).

De la cita textual del párrafo anterior podemos extraer una serie de conclusiones sumamente interesantes. El capitán Diego Rodríguez de Talavera desembarcó en el espigón rocoso que, a partir de ese momento, paso a llamarse Puerto o Porís de Talavera, topónimo que se ha mantenido hasta nuestros días. Cabe suponer que este lugar fue el escogido para tomar tierra porque en esta zona, del primitivo cantón de Tagaragre, se encontraba el núcleo de la rebelión o, cuando menos, se habían concentrado en este punto de Benahoare, bastante alejado de los principales núcleos de población del este y oeste. Este aislamiento y, seguramente, la quebrada orografía, así como los densos bosques de laurisilva que, prácticamente, llegaban hasta la orilla del mar, convencieron a los insurgentes de que se trataba del lugar ideal para enfrentarse al ejército invasor. Y, como señala la fuente bibliográfica, el sometimiento de los rebeldes no fue un paseo y tuvieron lugar una serie de enfrentamientos con numerosos muertos y heridos, por ambos bandos, aunque el resultado final ya se conocía de antemano ante la superioridad armamentística de las huestes castellanas.

Porís-Puerto de Talavera. (Foto: Jorge Pais Pais)

Las prospecciones superficiales realizadas durante la elaboración de la carta arqueológica de Tagaragre, actual Barlovento, nos indican que fue una demarcación territorial que soportó un denso poblamiento aborigen, desde las primeras oleadas, en torno al siglo II, hasta finales del siglo XV. Así lo indica la presencia de fragmentos de cerámicas de todas las fases, desde la I (más antigua) a la IVb, que se hacía cuando llegan los conquistadores castellanos. La vida, en esta parte de Benahoare, no fue sencilla puesto que la mayor parte del territorio estaba cubierto por densos bosques de laurisilva y su relieve está surcado por enormes barrancos de laderas muy verticales y difícil tránsito. No obstante, contaban con uno de los recursos naturales más preciados, cual era la abundancia de agua en forma de fuentes, manantiales (Roque de Los Árboles. Gallegos) y, muy posiblemente, escorrentías casi permanentes. Los asentamientos se concentraban en las numerosas cavidades naturales que se abren en las laderas de barrancos y barranqueras hasta una cota altitudinal que, raramente, superaba los 300-400 metros, puesto que la frondosidad del monte y la intensa humedad ambiental hacían muy complicada la vida cotidiana.

Desgraciadamente, tras la conquista de Benahoare en 1493, las zonas de costas y medianías en las que vivió la población aborigen acogieron los asentamientos históricos. Los lomos y llanadas fueron intensamente roturados, las laderas de los barrancos abancaladas y el monte “rosado”. Esta gran modificación del territorio tuvo, evidentemente, grandes consecuencias en la integridad y conservación de su rico y variado patrimonio arqueológico. Así, por ejemplo, las cavidades naturales fueron intensamente reutilizadas hasta nuestros días como vivienda, “pajeros”, encerraderos de cabras, almacén, cuarto de aperos, etc. Una costumbre muy habitual fue el uso del sedimento arqueológico como suelo agrícola en las vetas que se hicieron en las laderas de barrancos y barranqueras. Es habitual que muchas cuevas de habitación fuesen vaciadas, hasta llegar a la roca madre, de tal forma que los materiales prehispánicos (fragmentos de cerámica, piezas líticas, restos de fauna doméstica y malocológicos, etc) “siembren” las vetas de cultivo. Así mismo, también se vaciaron los yacimientos funerarios conocidos como cuevas del polvo o del gofio.

Asentamiento en cuevas en el Topo del Hoyo (Montaña La Centinela. Oropesa) y laderas del barranco abancaladas. (Foto: Jorge Pais Pais)

Este tipo de transformación del territorio la encontramos en toda la orografía insular aunque, bien es verdad, que en ningún lugar alcanzó la magnitud que en Barlovento. Esta modificación del relieve tan acentuada es una de las posibles causas, entre otras, de la escasez de estaciones de grabados rupestres que, en el estado actual de la investigación arqueológica, se conocen en el primitivo cantón de Tagaragre que, por otro lado, si son bastante abundantes en los pastizales de alta montaña en los bordes de la Caldera de Taburiente. Ello no quiere decir, ni muchísimo menos, que no existan yacimientos arqueológicos sumamente interesantes en cuevas de habitación, enterramientos, petroglifos, conjuntos de canalillos y cazoletas, almogarenes, piletas marinas, amontonamientos de piedras, conjuntos pastoriles, abrigos y cabañas, etc. (F. J. Pais Pais, 2007).

Uno de los yacimientos arqueológicos funerarios más interesantes de La Palma fue localizado en Los Pedregales, caserío de La Cuesta, en un paraje conocido por La Mondina. El hallazgo se produjo el 30 de abril de 1894 y se descubrieron “…los huesos de tres seres humanos con sus sombreros de palma al parecer, encajados en cada calavera, con sus bastones de diferentes clases de madera junto á cada esqueleto y una bolsa de cuero y un pedazo de lienzo. Todo tendido horizontalmente debajo de un empedrado y sobre hojas de pino y otros árboles de nuestros montes perfectamente secas.” (F. J. Pais Pais, 2007: 323). Finalmente, los denominados sombreros de palma que, en realidad, parecen tres cestos “…elaborados con haces de juncos dispuestos en espiral y unidos entre sí por la trama que se trabaja envolviendo el haz y al mismo tiempo parte del siguiente…” (E. Martín Rodríguez, 1992: 80). Del ajuar funerario y los restos humanos descritos anteriormente, solo los cestos fueron entregados a la Sociedad La Cosmológica y, actualmente, forman parte de la exposición permanente del Museo Arqueológico Benahoarita (Los Llanos).

Cesto de juncos trenzados descubierto en la necrópolis de La Mondia (la Cuesta. Barlovento). (Foto: Pedro Riverol-MAB)

También en el barrio de La Cuesta (Barlovento) se conoce otro yacimiento, conocido como Cueva de La Higuera, sumamente interesante para la arqueología de La Palma. Este yacimiento, a diferencia de la necrópolis de La Mondina, fue excavado, en diciembre de 1979, por Ernesto Martín Rodríguez (1979: 253-262). Desgraciadamente, los materiales más llamativos e importantes fueron recogidos por particulares en el momento del hallazgo, de tal forma que estos objetos malacológicos, hoy depositados en el Museo Arqueológico Benahoarita (Los Llanos de Aridane), fueron estudiados cuando ya habían sido descontextualizados, por lo que desconocemos datos tan interesantes como su posición, relación con los otros materiales, etc. Entre las piezas más llamativas, sobre todo por su gran cantidad, destacan 63 colgantes, con un agujero de suspensión, realizados sobre conchas marinas sobre conchas marinas, especialmente ostrones (Spondylus gaederopus), que recuerdan poderosamente al reciente al reciente hallazgo de una ofrenda ritual en el interior de un tubo volcánico en el Salto de Tigalate (Villa de Mazo).

Colgantes sobre conchas de ostrones descubiertos en la Cueva de La Higuera (Barlovento). (Foto: Saúl Santos-MAB)

En la Cueva de La Higuera también aparecieron otras piezas que, hoy en día, siguen siendo únicas para la arqueología palmera. Nos referimos a tres colgantes, de gran tamaño, realizados sobre marfil, lo cual plantea un dilema sobre el que solo es posible plantear distintas hipótesis. La presencia de estos objetos de adorno personal, aunque también podrían tener una funcionalidad mágico-religiosa (amuletos protectores) o suntuaria (símbolos de prestigio o poder), solo puede explicarse por su traída desde su lugar de procedencia en el continente africano, donde si existe esta materia prima en animales salvajes, o, más probablemente, se recogieran en las playas de Benahoare tras el varamiento de algún tipo de cetáceo cuyas piezas dentarias son de este material.

Colgantes de marfil (Cueva de La Higuera. Barlovento). (Foto: Saúl Santos-MAB)

Los colgantes de conchas marinas, así como los de marfil, fueron recogidos en 1979 por los autores del hallazgo. Los resultados de la excavación arqueológica en la Cueva de La Higuera nunca han sido publicados. También sabemos que apareció una vasija entera de la fase IVb que, desde esa fecha, permaneció custodiada por José Luis Pérez Martín, quien decidió donarla al Museo Arqueológico Benahoarita (Los Llanos de Aridane) a principios de 2017. Es interesante destacar que, junto a esta vasija de barro, también se entregó una mandíbula y otros huesos humanos lo que otorga a este yacimiento mayor importancia, si cabe, puesto que desconocíamos su uso como depósito funerario.

Vasija de la Fase IVb descubierta en la Cueva de La Higuera. (Foto: Jorge Pais Pais)

Los límites territoriales del cantón de Tagaragre serían, prácticamente, los mismos que los del actual municipio de Barlovento. Así, la frontera con Adeyahamen (San Andrés y Sauces) estaría en el Barranco de La Herradura, mientras que con el bando de Tagalguen (Garafía) se encontraría en el gigantesco Barranco de Franceses, cuyo recorrido va desde la costa hasta su enorme cabecera en los bordes de la Caldera de Taburiente.

Bibliografía general

-ABREU GALINDO, J.: Historia de la conquista de las siete islas de Canaria, (Santa Cruz de Tenerife), 1977.

-ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, Nuria y PAIS PAIS, Felipe Jorge: Los yacimientos funerarios benahoaritas en las antiguas demarcaciones territoriales de La Palma, Actas de las IV Jornadas Prebendado Pacheco de Investigación Histórica, (Tegueste), 2011, Págs. 17-42, ISBN 978-84-938791-0-5 (Publicación digital).

-MARTÍN RODRÍGUEZ, E.: La Cueva de La Higuera. Nueva aportación a la prehistoria de la Isla de La Palma, Revista de Historia Canaria, XXXVII, (Santa Cruz de Tenerife), 1979, Págs. 253-262.

-MARTÍN RODRÍGUEZ, E.: La Palma y los auaritas, (Santa Cruz de Tenerife), 1992.

-PAIS PAIS, F. J.: El bando prehispánico de Tagaragre, (Madrid), 2007.

-REYES GARCÍA, Ignacio: Diccionario ínsuloamaziq, (Islas Canarias), 2011.

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