Nadia Calviño se emociona con el poema de Elsa López y la actuación de la Escuela Insular de Música

La Palma Ahora

Santa Cruz de La Palma —
14 de marzo de 2022 14:36 h

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Elsa López, Nadia Calviño y Ángel Víctor Torres con los alumnos de la Escuela Insular de Música que actuaron en el acto.

Elsa López siempre emociona con sus palabras y con su voz dolida y desgarrada, una voz que sale de las entrañas de una escritora comprometida con la sociedad en la que vive, de una intelectual que siempre está del lado de los débiles. En el homenaje a la ejemplaridad del pueblo de La Palma tras la erupción del volcán, que se celebró el pasado sábado en el antiguo convento de San Francisco de Santa Cruz de La Palma, leyó un poema de su libro El viento y las adelfas (1973) titulado Yo vuelvo a La Palma que conmovió a las personas que siguieron el acto. La vicepresidenta primera del Gobierno de España, Nadia Calviño, presente en la ceremonia, tras su clausura, en su cuenta de Twitter escribió: “Emocionante homenaje al pueblo de La Palma por su ejemplaridad y espíritu de superación en respuesta a la erupción del volcán. Enhorabuena a Elsa López, al Coro Insular Infantil y Juvenil y al Cuarteto de la Escuela de Música por sus magníficas intervenciones”. La actuación de los alumnos de la Escuela Insular de Música, bajo la dirección de Mila Álvarez y con un marcado sello isleño, también tocó el corazón.

Poema 'Yo vuelvo a La Palma' de Elsa López:

Cuando el viento estremece las ramas de las acacias

y siento que es ya otro tiempo

y abro en las esquinas la puerta de la sombra

y mi pecho se inunda de bruma

y recuerdo que hay entre encinas lúgubres

los primeros restos de escarcha,

yo vuelvo a La Palma.

Cuando el humo de los tugurios me araña los ojos

y de los labios se me deslizan comisuras blancas

y hay espuma en mis sienes

y el olor del asfalto se me pega como un sudario a la nuca

y recuerdo que agazapados en sus cubiles

hay hombres que no conocen el mar,

yo vuelvo a La Palma.

Cuando se me extravía la mirada en los límites de las mesetas

y observo que más allá hay tierra todavía

y las nubes se estrechan como arañazos

a lo largo de un horizonte de tierra devastada

y recuerdo que si abro mi ventana

no veré ahora el mar,

yo vuelvo a La Palma.

        

La Palma. Mi isla.

El rincón más querido de todas mis nostalgias.

Sumergida pradera de almendros y tuneras.

Largas noches de luna con brisa de eucaliptos.

Desperdigados pueblos de rosas y de azules

con barandales verdes cayendo sobre el aire.

Naciendo de tu vértice los riscos se desploman

y bajan las veredas llenándose de hinojo,

de zarzamora dulce y flores de retama.

Y si en las noches turbias de esta ciudad inhóspita

escarbo en mi cerebro algún punto remoto donde anidar los sueños,

y recorro los mapas, los puntos cardinales,

rincones doloridos de todos mis paisajes,

apareces tú.

Avanzas hacia mí, veleros y gaviotas, por todos mis recuerdos.

Hay una lluvia clara, cenicienta y dulzona,

rasgando plataneras, estanques y azoteas.

Hay un sol de naranjas recostado en las nubes,

y un airecillo fresco filtrándose en los pinos.

Esos pinos extraños, desabrigados, vivos,

que nacen en mi tierra

y vienen a llenarme la casa de olores y sonidos.

Y si me quedo sola en esta tierra extraña,

y hay un viento maligno doblando los racimos

y un bando de palomas girando sobre el agua

para morir, dormidas, en mi ventana fría,

de nuevo llegas tú.

La sirena de un barco que avanza sobre el muelle

bajo un arco de luz tendido entre las casas.

Una canción que habla de marineros viejos,

de ermitas enramadas, de carnavales blancos.

Hay un pájaro negro donde el mar se divide.

Hay un jardín de espuma florecido de cráteres.

Hay un mundo imposible, inabarcable y mágico,

que me nace en la infancia y me muero en tu puerto.

Elsa López (El viento y las adelfas, 1973)

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