“No estás loca”: María Bestar y la lucha por visibilizar la violencia vicaria tiene estreno en Beniel
La violencia vicaria es toda una lacra en nuestro país. Se le puso nombre a esto, a la violencia de género que el padre ejerce sobre los hijos e hijas con el fin de dañar a la madre, hace relativamente poco. El término lo acuñó la psicóloga Sonia Vaccaro en el año 2012, pero antes de que se supiera como nombrar esta realidad ya hubo decenas de casos en el imaginario colectivo. Es el caso de Ruth y José en Córdoba o Olivia y Anna en Tenerife. La directora del documental 'No estás loca', también sufrió esta forma de violencia de género. En este largometraje Bestar hace una radiografía de esta lacra en boca de sus protagonistas: víctimas de violencia vicaria, jueces, policías, trabajadoras sociales y expertas se unen para definir y poner nombre a esta violencia.
En el marco de la proyección que tuvo lugar en Beniel -primer municipio de la Región de Murcia en acoger el documental- conversamos con su directora, María Bestar y con la alcaldesa de Beniel, Mari Carmen Morales, sobre el impacto social del largometraje, la recepción del público y el proceso de dar voz a una realidad tan compleja como la violencia vicaria.
Junto a la directora también ha estado Laura, una de las voces de esta pieza documental. Es la madre de Cristian, un niño que fue asesinado por su padre en Murcia pese a tener una orden de alejamiento. El desgarrador testimonio de esta madre es el reflejo de que la violencia vicaria existe y de que también hay que escuchar a los niños.
Beniel ha sido el primer municipio de la Región de Murcia en proyectar el documental. Cuando se encendieron las luces tras el pase del 27 de febrero, ¿qué ambiente se respiraba en la sala y qué te llevaste personalmente de ese estreno?
María Bestar (MB): Fue muy especial porque estaba Laura allí, que yo le tengo un cariño enorme. Todo el pueblo se volcó, se puso de pie e incluso tuve que mandarles que se sentaran [risas]. Yo me emocioné, y de hecho tuve que contener las lágrimas porque fue muy bonito. Sentí como todo el pueblo apoyaba a Laura, había sufrido su dolor y el de su familia.
Mari Carmen Morales (MM): El documental consigue algo muy difícil: hacernos sentir, aunque sea por un instante, el dolor de las mujeres que comparten su testimonio. Las personas que asistieron a la proyección no esperaban relatos tan duros, y eso removió la conciencia y el corazón de toda la sala.
Al final en municipios pequeños las proyecciones generan una cercanía distinta. ¿Notas que el público conecta de otra manera cuando la película se ve fuera de los grandes circuitos culturales?
MB: Realmente cada pase es una experiencia diferente y en todos hay gente muy emocionada. Puede ser que en Beniel se haya sentido más esa unidad familiar que por ejemplo en Madrid, pero esta violencia no solo la sufren las mujeres, sino que la sufrimos todos y todas.
MM:Tuve la oportunidad de ver el documental el pasado año, en una sala de cine de Murcia, y aun así volvió a emocionarme. Porque no te acostumbras; el dolor te atraviesa.
Al final, el impacto real de un documental no solamente está en la pantalla sino también en las conversaciones posteriores. ¿Qué tipo de comentarios o silencios te llegaron por parte del público?
MB: Normalmente cuando acaba el documental hay un silencio atronador y la gente no habla. Por tanto, no es necesario que les deje un tiempo para asimilar lo que acaban de ver. Y luego cuando salen me dan las gracias y me dicen que qué pueden hacer para ayudar. Al final se consigue el efecto deseado, que es remover conciencias y decir “oye, esto lo tenemos que cambiar todos y todas”. Entonces estoy muy contenta la verdad.
Tras ver tu documental muchos espectadores descubrieron el concepto de violencia vicaria por primera vez, ¿Te preocupa que aún no se esté entendiendo bien esta realidad?
MB: Cada vez que se ve el documental la gente lo entiende y no he recibido ningún tipo de comentario negativo al respecto, cosa que me sorprende mucho porque ya estaba preparada para sacar las armas como quien dice. La gente una vez que lo ve y se pone en la piel de las víctimas, lo entiende. De hecho, he tenido gente que me ha dicho “mira, yo era un poco negacionista y después de ver tu documental retiro todo lo que decía”. Esto es un problema y hay que atajarlo.
Al final tu trabajo combina la denuncia social y el acompañamiento emocional. Cuéntame cómo conjugas contar esta historia necesaria con la protección a quienes la protagonizan. Porque he visto, por ejemplo, que se ha arropado mucho a Laura.
MB: Sí bueno, a ver, al ser una más nos entendemos y hablamos el mismo idioma. Entonces, antes de cada entrevista, primero pregunto si quieren dar la cara porque hay muchas que no podían o bien porque son casos judicializados o porque no querían simplemente.
Luego cada entrevista fue muy cuidada con el mejor equipo posible. Yo era la cámara y el sonido y el resto dejaban las luces montadas y se iban todos fuera. Es decir, intentábamos cuidar un poco esa intimidad de dos amigas hablando y contándose sus penas. Creo que eso se ha logrado y al final ha surgido una amistad muy bonita con todas ellas.
Y al convivir tanto con estas historias, qué idea o creencia personal tuya ha ido cambiando a lo largo de este proceso de creación del documental?
MB: Siempre nos venden ese relato de que las mujeres somos malas entre nosotras y que no nos ayudamos, y eso es totalmente falso. Yo encontré una unión, una fuerza y una sororidad en todas ellas. A todas las que he llamado han estado ahí para echar una mano, preocupándose por mí cuando estaba en el rodaje. “¿María, cómo estás?”, “¿cómo lo llevas?”.
El documental pone el foco en ciertos fallos del sistema, pero también habla de escucha y empatía. ¿Dirías que el cine puede abrir este tipo de debates que a veces la política o la justicia no pueden activar totalmente?
MB: Yo siempre digo que el cine es una herramienta muy potente para hacer que el público empatice y conozca realidades que no pueden conocer de otra manera. Aquí estás durante hora y media sintiendo y viviendo lo que está sintiendo una víctima. Y esa es la clave. Cuando te pones en la piel del otro, entonces empiezas a ver las cosas de otra manera.
Ya el título del documental, “No estás loca”, interpela directamente a quien escucha. ¿Recuerdas el momento en el que entendiste que esa frase resumía no solo el documental, sino también una experiencia colectiva?
MB: El nombre nace a raíz del corto anterior que yo había hecho. Y es justo eso, porque llega un momento de enajenación en el que acabas diciendo “pues será que soy yo, que estoy viendo cosas donde no las hay”. Entonces es un título no solamente para ellas en el sentido de que no están locas, sino para que se lo recuerden a ellas mismas que no, que lo que están viviendo no es su culpa, que eso se llama maldad y violencia.
Si pudieras quedarte escuchando una sola conversación entre espectadores al salir del cine, ¿qué es lo que más te gustaría oírles decir para sentir que el documental ha cumplido su propósito?
MB: Pues lo que ya me están diciendo, que qué pueden hacer para cambiar esta situación, cómo pueden ayudar dentro de su metro cuadrado. Como digo siempre, para mí eso es más valioso que un Óscar, un Goya y cualquier premio, porque significa que les ha calado y que ha cumplido su propósito de concienciar y que la sociedad se moje un poco más en todos estos casos en los que las mujeres y los niños están sufriendo.
¿Qué podemos hacer cómo sociedad para abordarla?
MM: Se ha avanzado, pero como sociedad todavía nos queda mucho por recorrer. Y lo primero es escuchar a las víctimas, creerlas y acompañarlas. En un momento en el que el negacionismo con este tema intenta hacerse paso, necesitamos también un mensaje claro y sin ambigüedades: las violencias machistas matan, y los niños, niñas y adolescentes también son víctimas de esta sinrazón.
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