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Aliados y enemigos

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Dice José M. Aznar que “España debería estar al lado de sus aliados y no al lado de nuestros enemigos”. ¿Qué (nos) quiere decir este señor cuando dice lo que dice, desde un foro de inversores (10 marzo 2026)? ¿Quién o qué es un aliado y qué o quién un enemigo? 

El señor Aznar nos plantea una situación política de bipolaridad, en términos de blanco o negro, donde no apoyar a (A) implica irremediablemente apoyar a (B). En este caso, siguiendo su lógica, el Gobierno de España se habría colocado del lado iraní por el mero hecho de no participar de la voluntad bélica de EEUU/Israel. O estás conmigo o contra mí; la clásica situación de inevitabilidad que plantea aquel que pretende reducir la realidad a la mínima expresión (narcisista, autoritaria): Patria o Muerte, es decir, Yo o nada (tropo). Evidentemente, los perfiles de Trump y Netanyahu, incluso de Aznar, encajan perfectamente en este tipo de visión del mundo, modelo Darth Vader: “Si no estás conmigo, eres mi enemigo” (Star Wars, Episodio III).  

A nadie escapa que la realidad es mucho más amplia y matizada que todo eso, sin incurrir en una [falsa] neutralidad. Apoyar una intervención militar, de la que se desconocen las motivaciones o argumentos, que no ha sido tratada en ningún foro nacional (Congreso EEUU o Parlamento Knéset israelí) ni internacional (ONU, G7, OTAN, etcétera), parece evidente que sería una gran necedad política. Los promotores bélicos solo aparentan estar interesados en compartir los gastos de una fiesta a la que no invitaron a nadie. 

El señor Aznar también dice que “está más que justificado que se intente cambiar un régimen que altera completamente las reglas internacionales, que no las respeta”. De ser esto verdad, ¿realmente es un argumento suficiente que legitime la acción político militar de Trump y Netanyahu, sin que se le altere el rictus al conferenciante? No olvidemos que pesa una orden internacional de arresto contra el mandatario israelí, por posibles crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, orden dictada por la Corte Penal Internacional, si bien estos dos países no reconocen al tribunal en cuestión. No hay que olvidar tampoco el legado de Trump en materia de derecho internacional, con acciones como el apoyo a Netanyahu en los crímenes de este en Gaza, la intervención en Venezuela, el acoso a Groenlandia/Dinamarca, las amenazas sobre Canadá y México, la política internacional de aranceles que su Tribunal Supremo ha tumbado y, en general, su Estrategia de Seguridad Nacional que, de un plumazo, erradica el derecho internacional de aquellos ámbitos que afectan a su interés personal-nacional. Es decir, no parece que la intervención militar sobre Irán se pueda sostener desde la óptica del respeto al derecho internacional, en un marco de quebrantamiento generalizado de un orden internacional basado en reglas, del que también reniega el tándem alemán Von der Leyen-Merz. 

Habla, además, el señor Aznar de ‘aliados’. ¿Quién es el aliado de España: EEUU o Trump? Aliado es, en cuestión de países o estados, “el que está ligado con otro para fines comunes” (DRAE). Si los fines u objetivos de un país los establece su gobierno legal y legítimo, ¿en qué medida el Gobierno de España está o debe estar ligado al gobierno de Trump en esta contienda bélica que no se sabe qué fines tiene o persigue? ¿Debería ser EEUU (o cualquier otro país) un ‘aliado natural’, pase lo que pase, sean cualesquiera que sean los fines, y apoyarlos de forma acrítica e incondicional? ¿Se puede ser aliado/amigo/socio de un ente nacional, de manera esencialista y abstracta, al margen de la política de sus mandatarios? ¿Hasta qué punto la amistad o la alianza es o debe ser ‘incondicional’, incluso más allá de la ley? ¿No apoyar una intervención militar unilateral, al margen del derecho internacional, implica una defensa y justificación del régimen atacado (enemigo)? ¿Puede un agente que actúa de manera unilateral (interés egoísta) exigir a otros que se sumen a su aventura, esgrimiendo la bandera de una multilateralidad (derecho internacional) inexistente? 

Aznar, en modo jerarca romano, recurre al argumento torticero de ‘no estar conmigo es apoyar al enemigo’ (y ser mi enemigo), como también hiciera George W. Bush, su amigo, después de aquel fatídico 11 de septiembre de 2001. Sin embargo, si miramos el origen de la palabra ‘enemigo’ (inimicus), esta significa ‘no amigo’, si bien no implica hostilidad (hostis). Irán no encaja en lo que se llamaría un ‘país amigo’. Como sistema de gobierno resulta altamente despreciable y condenable, por muchas razones, pero básicamente por su maltrato a los derechos humanos. Ahora bien, ¿supone eso argumento suficiente para actuar de manera caprichosa, errática y unilateral en la vida de millones de personas? 

Quizá la cuestión reside en esa política errática, caprichosa y unilateral de un personaje igualmente errático y caprichoso, como es Donald Trump, unido al interés unilateral de otro personaje de dudosa reputación, Benjamín Netanyahu, quienes pretenden construir argumentos con carácter retroactivo (ex post facto) y que, por no se sabe bien qué intereses, adopta como propios el señor Aznar, desde su disfraz de hombre de Estado. 

La conferencia que impartió José M. Aznar se titulaba “Geoestrategia en el nuevo desorden mundial”. ¿Deberíamos ser actores/partícipes de ese desorden global o promotores/actores de un ‘orden’ internacional con criterios diferentes a los que nos exhorta a cumplir el señor Trump? ¿Debemos mantener una alianza acrítica con nuestros ‘amigos naturales’ o bien hacer valer nuestro desacuerdo con unas formas que incurren en aquello que se le achaca al ‘enemigo’? 

A modo anecdótico, dice Trump que puede que bombardee el principal hub petrolífero iraní, situado en la isla de Kargh, “solo por diversión”.  

En poesía, existen dos tipos fundamentales de rima: la asonante y la consonante. La función principal de la rima es la de crear musicalidad, ritmo y armonía en el texto, de cara a un impacto estético en el poema. Si esta guerra/agresión militar fuera un poema, la rima sería malsonante, rompiendo cualquier tipo de estética y condenando a sus palabras a un mero ripio. 

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