¿Quién defiende realmente a los agricultores de plátano?
Cada vez resulta más difícil encontrar a un agricultor de plátano que no esté preocupado por el futuro del sector. Algunos consiguen resistir porque tienen otra fuente de ingresos. Otros sobreviven gracias a los anticipos del empaquetado o de las ayudas. Y muchos están recurriendo a los ahorros de toda una vida para mantener viva su explotación.
Pero la realidad es una sola: los agricultores de plátano, especialmente los pequeños y medianos, están llegando a su límite.
La crisis actual, que algunos medios ya comparan con la de 2023, demuestra que el modelo de comercialización del plátano de Canarias sigue sin ofrecer soluciones eficaces cuando más se necesitan. Cada vez que el mercado entra en dificultades, los precios que reciben los agricultores de plátano caen por debajo de los costes de producción, mientras que el consumidor sigue pagando un precio elevado en los supermercados.
La pregunta es inevitable: ¿quién está defendiendo realmente a los agricultores de plátano?
En mi opinión, una gran parte de la responsabilidad recae en nuestras propias organizaciones. Las organizaciones de productores de plátanos (OPP), seis entidades, y la asociación de todas ellas, Asprocan, fueron creadas para planificar la producción, organizar la comercialización y defender los intereses de los agricultores de plátano en las islas.
Sin embargo, la percepción de muchos productores es que el sector continúa profundamente dividido, sin una estrategia común, sin planificación, sin ideas y sin propuestas eficaces para afrontar las crisis.
Un sector dividido nunca será un sector fuerte. Sin unidad, sin planificación y sin objetivos comunes, el resultado solo puede ser uno: avanzar hacia un callejón sin salida. Y mientras esto ocurre, los que siempre pagan las consecuencias son los agricultores de plátano.
La sensación que existe en muchas explotaciones agrícolas es que las pérdidas económicas de los agricultores de plátano han terminado por asumirse como algo normal. Campaña tras campaña, se repite el mismo escenario: precios ruinosos, preocupación, incertidumbre y ninguna solución de fondo que impida que la historia vuelva a repetirse.
Pero la Administración pública tampoco puede mirar hacia otro lado.
El consejero de Agricultura, Narvay Quintero, y el viceconsejero de Sector Primario, Eduardo García, del Gobierno de Canarias disponen desde hace años de una herramienta legal que puede marcar la diferencia: el Decreto territorial 48/2018. No hace falta crear nuevas normas. Basta con aplicar las que ya existen.
Ese decreto autonómico establece que las OPP deben planificar la producción y la comercialización en beneficio de los agricultores de plátano. Si esa obligación no se está cumpliendo de forma efectiva, corresponde a la Consejería de Agricultura exigir responsabilidades y actuar conforme a la ley. Aplicar el Decreto 48/2018 no debe ser una opción política; debe ser una obligación institucional.
También ha llegado el momento de abrir un debate que el sector lleva demasiado tiempo evitando: ¿por qué los agricultores de plátano no pueden acordar con sus propias OPP un precio que garantice, al menos, cubrir los costes de producción? Si este tipo de acuerdos ya existen en otros modelos de producción, merece la pena estudiar cómo avanzar en esa misma dirección dentro del marco legal.
Los agricultores de plátano tampoco pueden seguir resignados. Es el momento de preguntar, exigir explicaciones, acudir a sus empaquetados, participar en las decisiones de sus OPP y reclamar que las organizaciones y la Administración pública cumplan con las funciones para las que existen.
Porque el futuro del plátano de Canarias no depende únicamente de las ayudas. Depende, sobre todo, de que exista una planificación seria, una comercialización eficaz y un compromiso real con los que producen la fruta.
Si seguimos aceptando que un sector estratégico se dirija sin planificación, sin ideas y sin propuestas mientras los agricultores de plátano siguen perdiendo dinero, la próxima crisis no será una excepción: será la consecuencia de no haber querido corregir los errores que hoy persisten.
La gran pregunta ya no es cuándo terminará esta crisis. La verdadera pregunta ahora es: ¿cuántos agricultores de plátano quedarán cuando llegue la próxima?
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