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El modelo actual del plátano y la ruina a los agricultores

4 de agosto de 2026 09:36 h (Hora canaria)

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Llevan años diciéndonos que la culpa es del cambio climático, del calor, del exceso de producción o del mercado.

Siempre aparece una excusa distinta.

Mientras, el agricultor vende su plátano por una miseria y el consumidor lo paga a precio de oro en el supermercado.

La pregunta es muy sencilla: ¿dónde se queda todo ese dinero?

Pero la realidad es otra. El verdadero problema es que el modelo actual del plátano ha quedado obsoleto. Es un modelo que lleva demasiados años repitiendo las mismas crisis. El agricultor trabaja más, invierte más, asume más riesgos y, sin embargo, cada año cobra menos por su fruta.

No existe una planificación real de la producción ni de la comercialización.

Las organizaciones de productores de plátanos (OPP) siguen comercializando cada una por su lado, defendiendo sus propios intereses en lugar de actuar con una estrategia común para proteger el precio final percibido por el agricultor local. Mientras el sector siga dividido, el agricultor seguirá siendo el que pague las consecuencias.

El Decreto 48/2018 ya establece que las organizaciones de productores deben planificar la producción y comercializar en beneficio del agricultor. El problema no es la falta de normas. El problema es que no se aplican.

A todo esto se suma un reparto del Posei para el plátano (141,1 millones de euros al año) que necesita ser cambiado y la falta de investigación, ensayos y herramientas fitosanitarias para combatir las plagas actuales y prepararnos para las que puedan llegar en el futuro.

Las soluciones existen. Los agricultores llevamos tiempo proponiendo un cambio de modelo basado en medidas concretas.

  • Un Posei del plátano (medida II) justo y progresivo, donde las ayudas se repartan de forma progresiva: más apoyo para las pequeñas y medianas explotaciones, que son las que más las necesitan para seguir siendo viables y, a medida que aumenta la producción y la dimensión de la explotación, la ayuda se vaya reduciendo progresivamente. Así se consigue un reparto más justo de los fondos, se fortalece al agricultor profesional y se favorece el relevo generacional.
  • Aplicar de verdad el Decreto 48/2018, planificando la producción y comercializando en beneficio del agricultor, tal y como establece la propia normativa.
  • Una comercialización unificada entre todas las organizaciones de productores, concentrando la oferta para negociar mejor con la distribución, reducir costes, adaptar la producción a la demanda y defender el precio del agricultor.
  • Un precio por encima del coste de producción durante todo el año, tal y como establece la Ley de la Cadena Alimentaria, de la que nuestro sector decidió quedarse fuera.
  • Más investigación, ensayos y herramientas fitosanitarias, para controlar las plagas actuales y prepararnos frente a las plagas que puedan llegar en el futuro.

Los datos hablan por sí solos.

Cada año hay menos agricultores.

Cada año desaparecen más pequeñas y medianas explotaciones familiares.

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