De la IA que puede matar a la IA que ayuda a curar: una experiencia desde Córdoba
En medio del debate sobre las oportunidades y los riesgos de la inteligencia artificial, una iniciativa nacida en Córdoba busca acercar la tecnología a la sanidad con un propósito concreto: mejorar la formación de los profesionales y facilitar que los pacientes comprendan mejor su salud. Se trata de PlaySalud, fundada por César Díaz López, cirujano del Hospital Universitario Reina Sofía.
El proyecto es independiente del hospital y surge de su interés por aprovechar las posibilidades de la tecnología en el ámbito sanitario. “PlaySalud nace con una finalidad: pretende contribuir a la transformación digital para que la IA mejore realmente la sanidad, tanto para los profesionales como para los pacientes”, explica el médico.
Para ello, cuenta con dos líneas complementarias: PlayAcademy, orientada a la formación de profesionales, y PlayCare, dirigida a pacientes y cuidadores. La primera propuesta formativa de PlayAcademy es Entender la inteligencia artificial en salud desde cero, un curso dirigido principalmente a sanitarios que se desarrollará hasta diciembre y cuenta con el aval de cinco sociedades científicas. Las aplicaciones de la IA en sanidad son diversas.
“No se trata de sustituir el criterio médico”
Hay herramientas que pueden ayudar a detectar posibles interacciones entre medicamentos; otras permiten anticipar la demanda asistencial o apoyar la planificación de los recursos de hospitales y consultas. Su utilidad depende de que estén adecuadamente evaluadas y se utilicen en el contexto para el que fueron desarrolladas. “La IA puede aportar tiempo, información y capacidad de anticipación a los profesionales; y atención más rápida, personalizada y segura a los pacientes”, expone César Díaz López. “No se trata de enseñar a programar ni de sustituir el criterio médico. Se trata de que los profesionales sepan entender, preguntar, verificar, supervisar y decidir”, añade.
La formación también abordará las limitaciones de estas tecnologías, sus riesgos y las condiciones necesarias para utilizarlas de forma segura y responsable. Entre sus posibles aplicaciones, el cirujano destaca el apoyo a la interpretación de imágenes. Por ejemplo, algunas herramientas pueden señalar un área sospechosa en una radiografía o una mamografía para que el profesional la valore. Otras analizan datos clínicos, como las constantes vitales, los resultados de laboratorio o los antecedentes, para estimar el riesgo de deterioro de un paciente.
La IA también puede contribuir a orientar decisiones terapéuticas y apoyar el seguimiento a distancia mediante dispositivos que registran y transmiten información. Sin embargo, no todos los sistemas de monitorización o de alertas utilizan inteligencia artificial, y sus resultados deben interpretarse dentro de la atención clínica. Otra aplicación es el apoyo a las tareas de documentación: preparar borradores de informes o resumir una historia clínica para su posterior revisión por el profesional. Reducir esta carga podría liberar tiempo para hablar con el paciente, escucharlo y explicarle mejor su situación.
En paralelo, el autor trabaja con informáticos e ingenieros en el desarrollo de PlayCare, una plataforma de contenidos audiovisuales destinada a mejorar la información que reciben pacientes y cuidadores. Su objetivo es explicar de forma accesible las enfermedades, las pruebas, los tratamientos y los cuidados, como complemento a la información proporcionada en consulta.
“El lenguaje médico es muy técnico y muchas veces damos papeles y no lo explicamos suficientemente”, señala. Con esta iniciativa pretende que los pacientes comprendan mejor su enfermedad y puedan participar de manera más informada en las decisiones sobre su atención. “Muchas personas salen de una consulta y buscan después respuestas en internet, donde pueden encontrar información confusa o poco fiable. Nuestra idea es ofrecer contenidos sanitarios claros, visuales, comprensibles y supervisados por profesionales”, expone.
El aval de cinco sociedades científicas
Entre las cinco sociedades científicas que avalan el curso de PlayAcademy figura la Asociación Española de Coloproctología (AECP), que reúne a especialistas en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades del colon, el recto y el ano. Su presidente, Antonio Arroyo, destaca la necesidad de incorporar estas tecnologías de forma controlada: “Tenemos que elegir la ayuda, los programas y los asistentes adecuados, con seguridad”.
En este contexto, considera imprescindible la formación. “Sin formación no vamos a saber hacer las cosas bien. En la sanidad ya hay muchos programas sobre IA implementados y que están ayudándonos a mejorar nuestra atención sanitaria. No solo es el futuro; es el presente”, afirma.
De todas maneras, Arroyo insiste en que todavía queda trabajo por hacer para conocer qué herramientas resultan más adecuadas y en qué procesos pueden utilizarse: “Cursos, aprendizaje y saber qué herramientas son más válidas y podemos aplicar a cada uno de los procesos que tenemos”.
La iniciativa aspira a acercar sus propuestas a profesionales, pacientes, sociedades científicas, universidades y otras entidades sanitarias. El planteamiento mantiene un principio común: la inteligencia artificial debe utilizarse con supervisión humana y contribuir a una atención más cercana. Como defienden sus impulsores, “la tecnología debe ayudar a humanizar la sanidad, no alejar al profesional del paciente”.
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