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Fin del mundo cada dos días

Turistas en el Pilar.

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Trumpismo aragonés funciona a todo trapo, está blindado por sus medios de cabecera etc. Cada dos días se acaba el mundo, tal es la velocidad de los poderes claros y oscuros que a veces son los mismos o coinciden en los mismos picnics. Igual que el microplástico, cada cual lleva un Trump en su interior.

Hubo un momento mágico esta semana en la Santa Capilla del Pilar. Habían quitado los bancos y pulido el suelo, que no suele verse. Durante cinco minutos se pudo ver esta maravilla, enseguida se llenó de turistas. Se ha inaugurado la nueva iluminación.

La Santa Capilla del Pilar con el suelo recién pulido.

Huelga de recogida de basura anunciada para las fiestas del Pilar, espléndido horror. Como en todas partes cada dos días se acaba el mundo. Rusia ataca, guerras híbridas, USA confina a Cuba para hacerle un Delcy sin petróleo, Irán resiste, el crudo sube sin piedad. Vuelve la prima de riesgo a los altares.

Esperando el bus.

En la Inmortal y sus inmensos alrededores todo va justo por los pelos, como en todas partes en los antiguos primeros mundos. Colapso inminente, fin del mundo cada dos días, colas para coger el bus. En la foto tres vehículos con el mismo número, el 36, llegaron juntos. El caos diario.

Cada dos días se acaba el mundo y sube la inflación. Estamos muertos en vida y en plena oleada rutinaria de deshaucios, todo sin remedio.

En Ceuta se vive el caos en directo y visto desde lejos se olvida como la dana de Valencia y los trenes aquellos.

Han hackeado con IA Renfe y Adif, y tantos sitios que ya son, como los deshaucios, rutina. La IA se metió también en Australia, la ONU existe a ratos, el temblor es mundial.

Acceso ilimitado a la nada, sin tiempo para pensar, sin dinero para vivir, que es el no pensar, guerras híbridas en cada cerebro, lo mundial se contagia en cada dendrita y el enfrentamiento se hace intimidad esquizoidal.

Ataques por tierra, mar y hackers.

Este futuro iático presenta nuevos pánicos, intrusiones, virus sintéticos, montañas de ropa usada, islas de plástico, adn con microfibras y el contador del futuro peor que el reloj del fin del mundo nuclear, etc.

Un hombre trabajando.

Este posmundo lo clava la serie y película “Mis muertos tristes”, de Mariana Enriquez y Pablo Larraín (el del Pinochet vampiro) para Netflix. No sólo por lo sobrenatural sino también por lo social, que es más terrorífico y deshauciante. Serie y peli para no dormir… pero como ya no dormíamos...

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