La edad de los pueblos: dónde envejece más Aragón
El mapa de la población aragonesa cambia cuando, en lugar de contar habitantes, se cuenta su edad. Hay municipios en los que prácticamente uno de cada dos vecinos tiene 65 años o más y otros, situados a pocos kilómetros de las capitales, donde los menores de 20 años duplican o incluso cuadruplican el peso de los mayores. La estructura demográfica permite observar así una realidad que el número total de habitantes no siempre refleja: Aragón no envejece de manera uniforme, sino que avanza hacia una creciente polarización entre los núcleos rurales y los municipios capaces de atraer o retener población joven.
Los datos más recientes de los 731 municipios de la comunidad autónoma corresponden al censo anual de población de 2025 elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y recopilado por el Instituto Aragonés de Estadística (IAEST). La estadística permite conocer el peso de los grupos de 0 a 19 años, de 20 a 64 y de 65 o más, además de indicadores como la edad media o el índice de envejecimiento, que mide cuántas personas mayores de 65 años hay por cada cien menores de 20.
La fotografía autonómica ya evidencia el desplazamiento hacia las edades más altas. En los datos de población de 2026, Aragón cuenta con más de 318.000 habitantes de 65 años o más, alrededor del 23% del total (1.326.315 habitantes), frente a un 17,7% de menores de 20 años. El resultado es una comunidad donde los mayores tienen un peso claramente superior al de niños y adolescentes. Además, las generaciones más numerosas se concentran actualmente en las edades centrales: los grupos de 45 a 59 años reúnen buena parte de la población, de modo que una parte importante de esos habitantes avanzará hacia la jubilación en las próximas décadas.
Pero la media aragonesa oculta diferencias enormes. La provincia de Teruel presenta la estructura más envejecida, mientras Zaragoza, y especialmente los municipios de su entorno metropolitano, concentra algunas de las poblaciones más jóvenes. Huesca se sitúa entre ambos extremos, aunque dentro de sus límites provinciales conviven realidades radicalmente diferentes.
En Huesca capital, por ejemplo, el 22,2% de la población tiene 65 años o más, frente al 19,7% que tiene menos de 20. Su índice de envejecimiento es de 112,7 mayores por cada cien jóvenes. La situación cambia por completo al desplazarse unos kilómetros. Tierz tiene únicamente un 9,4% de población mayor de 65 años y un 28,7% de menores de 20, con un índice de envejecimiento de 32,6. Monflorite-Lascasas presenta un 15,4% de mayores y un índice de 57,9, mientras Igriés se sitúa en el 15,1% y 67,1.
Estos municipios periurbanos ilustran uno de los fenómenos que explican la polarización: la capacidad de los alrededores de las capitales para atraer familias jóvenes que buscan vivienda y residencia fuera de la ciudad. El patrón es todavía más evidente en Zaragoza. Cuarte de Huerva, con más de 14.000 habitantes, cuenta con una población menor de 20 años muy superior a la de mayores de 65. Su índice de envejecimiento se sitúa en torno a 23 mayores por cada cien jóvenes. María de Huerva, La Puebla de Alfindén o La Muela presentan también estructuras mucho más jóvenes que buena parte de los municipios rurales de la provincia.
En el otro extremo aparecen localidades donde la población mayor representa una parte extraordinaria del padrón. Yésero, en Huesca, tiene un 48,3% de habitantes de 65 años o más, mientras solo el 3,3% se encuentra entre los 0 y los 19 años. Su índice de envejecimiento alcanza 1.450 mayores por cada cien jóvenes. Monesma y Cajigar presenta un 39,7% de población mayor y un índice de 1.350, mientras Ilche llega al 39,6% y supera también el millar de mayores por cada cien jóvenes.
En Teruel y Zaragoza rural se repiten situaciones similares. Loscos, Libros, Hinojosa de Jarque u Orrios, en la provincia turolense, y Paracuellos de la Ribera, Carenas, Langa del Castillo o Moneva, en la zaragozana, figuran entre los municipios con índices de envejecimiento más elevados. En algunos casos, hay decenas de mayores frente a apenas dos, tres o cuatro menores de 20 años.
Estas cifras extremas deben interpretarse, sin embargo, con cautela. El tamaño del municipio tiene una importancia decisiva. Cuando el padrón apenas alcanza unas decenas de habitantes, la llegada o salida de unas pocas personas puede modificar de forma muy significativa los porcentajes y los índices. Por eso, los valores de los municipios más pequeños sirven para mostrar la magnitud de la brecha, pero no siempre permiten extraer conclusiones sobre tendencias generales.
La diferencia también se aprecia entre las principales ciudades y cabeceras de comarca. Barbastro tiene un 21,6% de población mayor de 65 años y un índice de envejecimiento de 110,9; Binéfar registra un 19,5% y 96,2; Monzón, un 19,1% y 89,9, y Fraga, un 18,4% y 87,6. Jaca alcanza el 20,6% y un índice de 111,5, mientras Sabiñánigo llega al 23,6% y 141.
El Pirineo tampoco responde a un único patrón. Hay municipios turísticos que mantienen una estructura relativamente joven gracias a su actividad económica y a su capacidad para atraer población. Benasque es uno de los ejemplos más claros: solo el 13,1% de sus habitantes tiene 65 años o más y su índice de envejecimiento es de 70,5. En cambio, Biescas alcanza el 22,1% de mayores y un índice de 146,4; Boltaña, el 20,7% y 137,8, y Bielsa, el 25,9% y 213,8.
La comparación provincial amplía todavía más la distancia. Teruel concentra la mayor proporción de población mayor, con un 24,1% de habitantes de 65 años o más, frente al 22,6% de Huesca y el 21,7% de Zaragoza en los datos de 2022. También existe una diferencia dentro del propio colectivo de mayores: las personas de 85 años o más representan una proporción especialmente elevada entre los mayores turolenses, por encima de la registrada en Huesca y Zaragoza. Este fenómeno de sobreenvejecimiento añade una dimensión relacionada con las necesidades de atención, cuidados y servicios sociales.
El contraste más significativo, por tanto, no se produce únicamente entre provincias. Dentro de cada una conviven modelos demográficos prácticamente opuestos. En Huesca, Tierz puede presentar un índice cercano a 30 mayores por cada cien jóvenes mientras algunos pequeños municipios rurales superan ampliamente el millar. En Zaragoza, Cuarte de Huerva convive estadísticamente con localidades donde apenas hay menores de 20 años. Y en Teruel, junto a pueblos que han perdido buena parte de sus generaciones jóvenes aparecen excepciones puntuales vinculadas a actividades económicas o procesos concretos de atracción residencial.
La evolución de los próximos años estará condicionada, además, por el tamaño de las generaciones que ahora se encuentran en las edades centrales. La llegada de población extranjera, los movimientos residenciales hacia las áreas periurbanas, la actividad económica de determinados municipios y la capacidad de los pueblos para conservar servicios y atraer nuevos vecinos pueden alterar parcialmente este escenario. Pero la fotografía actual deja una conclusión demográfica clara: detrás de una cifra global de población relativamente estable se esconden dos Aragones muy distintos, uno que concentra generaciones jóvenes en determinados corredores urbanos y otro en el que la pirámide de edad se estrecha cada vez más por su base y se ensancha por la parte superior.
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