Un jardín de más de 40 años, 40 especies y 400 árboles reivindica su valor para sobrevivir en AZCA
El pasado sábado 19 de septiembre tuvo lugar en AZCA un paseo botánico. Un recorrido para conocer los 367 árboles de más de cuarenta especies y los innumerables arbustos que conforman el jardín ubicado en el espacio central de del complejo de negocios –de titularidad municipal–. Un jardín botánico y una arboleda que las asociaciones vecinales del distrito–la de Cuatro Caminos-Tetuán se ha dedicado a inventariar los árboles– y ecologistas, reclaman como un patrimonio de la ciudad y un pulmón natural que debe integrase en el nuevo proyecto de remodelación de AZCA.
Al frente del recorrido, la voz de Luciano Labajos, reconocido jardinero, educador ambiental y ecologista, que desgranaba las particularidades de los enormes plátanos que articulan los paseos, los alcornoques, cipreses, coníferas, un pino blanco, innumerables arbustos…El paseo, al que acudieron unas cincuenta personas, concluyó con una pequeña manifestación que acabó en el Paseo de la Castellana, donde se hizo evidente el contraste climático entre el espacio protegido por la densidad arbórea de AZCA y la acera de la gran avenida.
Una de las asistentes al paseo fue Luisa Roquero, paisajista y discípula de Leandro Silva, el conocido paisajista –restauró el Jardín Botánico de Madrid– que fue responsable de las zonas ajardinadas de la Plaza Pablo Ruiz Picasso en el entorno de AZCA.
Luisa nos desgrana la complejidad paisajística de AZCA, que no es poca. “La parte de jardín tiene la firma de dos personas distintas. El más antiguo, justamente el que tiene todo el arbolado que se ha visitado en el paso botánico, es del arquitecto paisajista Luis Palacios, y el entorno de plaza Ruiz Picasso, con sus arriates perimetrales de vegetación, es de cuando se hizo la torre, a finales de los ochenta, de Leandro Silva”
Roquero se retrotrae al solar que había allí en los años sesenta y cómo surgió la idea de hacer lo que los anglosajones caracterizan como square, un espacio similar al Rockefeller Center, con un perímetro con edificios altos y la idea de una diferenciación entre que lo superior fuera solo peatonal y lo inferior fuera para los coches.
“Los dos proyectos, el de Calvo y el de Silva, son complementarios: sol y sombra; geometría y naturaleza”, explica, e insiste en que hay que salvar como sea la arboleda, un auténtico oasis urbano en tiempo de cambio climático situado en un distrito en el que no abundan los árboles.
Mireia Iglesias es paisajista y, también, hija del arquitecto paisajista Luis Iglesias, diseñador de la zona ajardinada objeto del paseo, al que ella misma acudió. Llama la atención sobre la necesidad de acoger en una visión patrimonial los espacios ajardinados y, en concreto, gran zona central de AZCA. “Cuando te enfrentas al encargo de intervenir en un espacio histórico tienes que pensar en actuaciones que respeten lo que hay, yo creo que es patrimonio y, de hecho, es un jardín que en su día fue premiado”, explica.
Aunque era pequeña cuando su padre diseñó el jardín, nos desgrana algunas claves de su diseño con el plano a la vista. “Las plantaciones por zonas geográficas, hay mediterráneo, aunque también un poco de todo”, explica. Algunas de las plantas arbustivas que se plantaron en la época, como es normal, no se conservan porque la plaza ha pasado por momentos de mejor y peor mantenimiento y porque el gran porte de los árboles ha quitado luz a algunas especies mediterráneas que la precisan en abundancia, cuenta.
Cree que la estructura es muy aprovechable en un nuevo AZCA. “El buen paisajista o el buen arquitecto o el buen diseñador es el que sabe crear algo a partir de algo que está hecho, mejorarlo, ¿no? Pero no destruirlo”.
Palacios abunda en la idea de que el trasplante de aboles, algo que siempre sale a relucir en estos casos, no es posible. “Esos árboles, si los arrancan, se mueren”. A la vista de las infografías que presentó el Ayuntamiento, la paisajista se fija en las praderas, que le parecen poco sostenibles en nuestra ciudad, “¿Praderas en Madrid? Sí estamos a casi a 40 grados en verano. Necesitan grandes cantidades de agua, siegas y mantenimiento”, objeta, a la vez que reclama la necesidad de que el diseño final cuente con participación ciudadana.
Después del paseo pudimos hablar también con Luciano Labajos. El jardinero y activista de los árboles –y de Ecologistas en Acción– nos habla de “un auténtico jardín botánico de árboles, un arboreto cuya importancia radica también en el lugar en el que está”.
Labajos se refiere al anuncio de plantar un millar de árboles en el nuevo diseño de AZCA para convertirlo –en palabras del Ayuntamiento– en “un vergel” y pone en cuarentena el maximalismo. “No hacen falta más árboles, aquello está lleno de árboles. La parte central es un sitio bien mantenido, con los árboles en buen estado –salvo alguna excepción, como en todos los jardines consolidados–”.
Adelantándose a las voces habituales en este tipo de proyectos, niega que haya deficiencias significativas en el arbolado que justifican su eliminación. “Nuestro trabajo ha sido en los últimos meses intentar contrarrestar toda esta información de que los árboles no estaban muy bien o que los árboles no valían mucho, y poner en valor lo que hay allí”. Ante la pregunta de cuánto tiempo tardaría el nuevo jardín en ser equivalente al actual se muestra explicativo, pero tajante:
“Depende del tipo de árboles que se pongan y de su mantenimiento, pero podemos hablar de 25 o 30 años tranquilamente incluso si se plantan árboles grandes. Tenemos allí plátanos –unos 130– de 18 o 20 metros, que no se pueden suplir fácilmente. No se epuede hacer una sustitución hablando simplemente de números, habría que medir también los metros cuadrados de proyección de copa (cuánta sombra proyectan), o calcular la densidad de hoja”.
La Asociación Vecinal Cuatro Caminos-Tetuán, muy involucrada junto con otras del distrito en el inventariado de especies vegetales, ha insistido mucho en estar prevendos ante posibles ofrecimientos de trasplante de los árboles. Labajos lo confirma, como también hiciera Mireia Iglesias:
“Es una medida, podríamos llamarla así por decirlo suavemente, populista, y es algo que hacen todas las administraciones. Intentar trasplantar esos grandes plátanos, los cedros, los cipreses…Puede ser viable quizá con algunos, los más pequeños, pero no con el resto. Además, sería carísimo, sobre todo los plátanos”.
Labajos advierte que van a seguir con la campaña para salvar los casi 400 árboles de la parte central de AZCA, y para ello harán “un estudio pormenorizado del arbolado”.
El proyecto de reforma Nuevo AZCA –cuyos planos definitivos aún no se conocen– es una colaboración público-privada, como dicta la naturaleza compleja del espacio. El coste de la obra será de 89,3 millones de euros, de los que 55,6 serán abonados por el Ayuntamiento de Madrid y 33,7 millones por las empresas presentes en el ámbito
La gran parte central, de titularidad pública, es la mejor conservada del complejo, pero también la más atractiva de cara a servir de lienzo para un diseño que se quiere rompedor. La información y las recreaciones que han trascendido reflejan allí una zona verde, un anillo con cinco pasarelas, zonas estanciales y una ría escalonada que lo atravesará. También habrá un auditorio al aire libre.
El nuevo proyecto llega cuatro años después de que muriera el anterior, conocido como Renazca, un plan presentado por una parte de los propietarios que implicaba la enajenación del corazón financiero de Madrid durante 40 años para su explotación por agentes privados. El nuevo proyecto debía haberse presentado el pasado mes de agosto pero el plazo se amplió hasta el próximo 31 de enero.
Las asociaciones vecinales y ecologistas mantienen que, pese a que el proyecto se presenta con marchamo verde y la promesa de plantar un millar de árboles, resulta absurdo hacer tabula rasa de un jardín consolidado e histórico, con árboles de casi 50 años que proveen al distrito de un microclima que escasea. insisten en que la reforma de AZCA es necesaria pero que el vergel anunciado ya existe y, si desaparece, tardará muchos años en volver.
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