El entramado que militariza Canarias: clústeres empresariales, Arquimea y la élite pro-OTAN tras la Fundación Ferrer-Dalmau
Canarias se encuentra en un momento decisivo. El pasado 30 de marzo de 2026, el diario Canarias7 publicaba una información que, bajo la apariencia de una oportunidad económica local, revela un proceso de transformación profunda del archipiélago. CEOE Tenerife, en colaboración con PwC, el Gobierno de Canarias a través de Proexca, el Cabildo de Tenerife y el Parque Científico y Tecnológico de Tenerife, impulsan la constitución del Clúster Canario de la Industria de Defensa. La iniciativa se presenta como una vía para diversificar la economía, generar empleo cualificado y aprovechar la posición geoestratégica atlántica. Sin embargo, un análisis riguroso del ecosistema que sustenta este proyecto desvela un entramado más complejo, donde intereses militaristas se entretejen con instituciones empresariales, fondos europeos y redes elitistas de poder.
En el centro de este rompecabezas se sitúa Arquimea, la única empresa con perfil armamentístico plenamente integrada en el Hub de Tecnologías Duales impulsado por CIDIHUB (Canary Islands Digital Innovation Hub). Este hub, reconocido como European Digital Innovation Hub (EDIH) en la convocatoria del Programa Digital Europe de la Comisión Europea, es un consorcio de organizaciones y centros competenciales especializados en digitalización empresarial. Entre sus miembros figuran la Asociación de Empresas Tecnológicas Innovalia (coordinadora), el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC), el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN), el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), la Universidad de La Laguna (ULL), el Parque Científico y Tecnológico de Tenerife (PCTT), el Clúster Marítimo de Canarias (CMC), el Clúster Canarias Excelencia Tecnológica (CET), Avantalia Soluciones y Proexca (Sociedad Canaria de Fomento Económico).
El consorcio canaliza cofinanciación europea, del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo y de la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información (ACIISI), y ha movilizado previamente más de 50 millones de euros en proyectos de digitalización. Arquimea fue incorporada como socio prioritario de CIDIHUB en noviembre de 2025, accediendo directamente a programas del Fondo Europeo de Defensa y a la Estrategia de Autonomía Estratégica de la Unión Europea. De este modo, la empresa se coloca en la parrilla de salida del futuro Clúster de Defensa, mientras el artículo de Canarias7 habla de que “muchas empresas canarias ya están trabajando en este ámbito”.
El hilo que une a Diego Fernández Infante, presidente de Arquimea, con este proyecto trasciende lo empresarial. Como patrono de la Fundación Arte e Historia Ferrer-Dalmau, forma parte de un patronato que constituye un verdadero think tank de élites militares, judiciales, nobiliarias y culturales de orientación marcadamente conservadora y pro-OTAN. Presidida por Pedro de Borbón-Dos Sicilias y de Orleans, Duque de Calabria —Gran Maestre de órdenes militares católicas—, la fundación cuenta entre sus miembros con el general de Ejército Fernando Alejandre Martínez, ex Jefe del Estado Mayor de la Defensa (2017-2020) y con experiencia directa en mandos de la Alianza Atlántica. Junto a él figura el magistrado Manuel Marchena Gómez, ex presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, quien ha recibido la Grand Star del Premio Serge Lazareff de la OTAN, máximo reconocimiento civil de la Alianza, e ideólogo de la cuestionada sentencia condenatoria a los soberanistas catalanes en el juicio del procés. Completan el cuadro figuras como el académico Arturo Pérez-Reverte y otros altos mandos retirados de las Fuerzas Armadas. Esta composición no es meramente cultural: la fundación promueve una narrativa épica de la historia militar española, apoya donaciones a museos castrenses y difunde valores de lealtad, honor y sacrificio que legitiman simbólicamente la proyección del poder armado.
Esta red elitista —clasista en su composición nobiliaria y militar, y explícitamente alineada con la OTAN— no opera en el vacío. Proporciona el marco ideológico y relacional que permite a Arquimea y al Clúster Canario de Defensa presentarse como una iniciativa “local” cuando, en realidad, se inserta en la lógica de rearme europeo y de control del flanco sur atlántico. Canarias no es un territorio neutral: su posición geoestratégica la convierte en plataforma avanzada para la vigilancia del Sahel, el Golfo de Guinea y el Atlántico Sur. Drones, sistemas no tripulados, satélites de comunicaciones seguras y ciberdefensa —precisamente las especialidades de Arquimea y del Hub de Tecnologías Duales— son herramientas idóneas para monitorizar rutas migratorias, rutas energéticas y posibles escenarios de inestabilidad que justifican la presencia militar reforzada. Los fondos europeos (EDIH y potenciales convocatorias del Fondo Europeo de Defensa) actúan como lubricante: se destinan oficialmente a innovación y diversificación económica, pero su destino final es fortalecer capacidades duales con clara aplicación militar.
Los intereses en juego son múltiples y convergentes. Por un lado, las instituciones empresariales canarias —con CEOE Tenerife y PwC al frente— buscan reconvertir una economía turística vulnerable en un polo de alto valor añadido ligado al sector defensa. El Gobierno autonómico, a través de Proexca y el Cabildo de Tenerife, aportan legitimidad institucional y facilitan el acceso a suelo y a infraestructuras públicas. Por otro lado, la élite representada en la Fundación Ferrer-Dalmau moviliza contactos en el Ministerio de Defensa, en la OTAN y en círculos de poder judicial y nobiliario que allanan el camino para la obtención de contratos y el ejercicio de influencia política. Diego Fernández Infante, ingeniero formado en Airbus Defence and Space y convertido en empresario independiente, encarna la síntesis perfecta: innovación tecnológica al servicio de la soberanía estratégica europea y atlántica, con la bendición simbólica de una fundación que glorifica la tradición militar española.
A los canarios nos corresponde exigir transparencia. Detrás de la retórica del “desarrollo local” y la “oportunidad urgente” se perfila una progresiva militarización económica que incrementa la exposición del archipiélago a conflictos externos y subordina el tejido productivo a los presupuestos de defensa. No se trata de oponerse al progreso tecnológico, sino de rechazar que este se oriente prioritariamente a la lógica de la confrontación armada en lugar de a la paz y el bienestar ciudadano. El Clúster Canario de la Industria de Defensa, con Arquimea en posición privilegiada y respaldado por una red elitista pro-OTAN, no es una mera iniciativa empresarial: es el primer eslabón visible de un proceso que transforma Canarias en nodo avanzado del complejo industrial-militar europeo.
Nuestro pueblo merece conocer estos hilos para poder decidir, con pleno conocimiento, el modelo de desarrollo que desea. La paz no es un lujo abstracto: es la condición indispensable para un futuro digno. Y un futuro digno no se fabrica con la militarización de Canarias para guerras de agresión y ocupación.
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