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El eufemismo de la “prioridad nacional”

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Vox ha incorporado con fuerza a su relato un nuevo término político, inserto en la línea directriz del fascismo: “prioridad nacional”, amparado además por el apoyo público del Partido Popular (PP), su socio de gobierno en distintas comunidades autónomas. Su trasfondo real está vinculado a la política racista y xenófoba de esa formación de ultraderecha, que señala continuamente a los migrantes como los culpables directos de los problemas nacionales y acusa al Gobierno socialista de Pedro Sánchez de utilizar fondos públicos para atender a este colectivo, en vez de resolver las necesidades de la ciudadanía española blanca y originaria de aquí. Y eso lo argumenta un partido que, últimamente, ha sido acusado de desviar 13 millones de euros a la Fundación Disenso, presidida por Santiago Abascal. 

Desglosando el referido término, el sustantivo “prioridad” significa que algo tiene preferencia sobre otra cosa. Esto, aplicado al contexto político, indica que ahora mismo, y dentro del conjunto general de las actuaciones políticas y socioeconómicas, hay una serie de medidas, calificadas de urgentes e imprescindibles, que deben tomarse por encima de otras como solución drástica a problemas muy serios. Pero, ¿qué es prioritario para Vox que, a su vez, sea beneficioso para el conjunto de la sociedad y para consolidar un Estado de derecho y del bienestar cuando, precisamente, su ideología es fascista, es decir, contraria a la democracia?

Por su parte, el adjetivo “nacional” significa todo lo relativo a una nación. No obstante, encierra un matiz sumamente importante. Quienes lo emplean no están preocupados por el país en sí mismo, entendido como la suma de territorios con diferentes identidades, bagaje cultural, lenguas y, sobre todo, procedencia de las personas, entre las cuales tienen cabida los migrantes. Ahí es donde está la gran diferencia: se utiliza para delimitar de manera clara que lo crucial es la población española, nacida en territorio español y con una vinculación de generación en generación. Incluso, emerge con un componente patriótico de defensa de la nación histórica, pero sin integrar a toda su ciudadanía, donde el interés público desaparece frente al interés particular. A eso se suma que, políticamente, rechaza la administración local, provincial y autonómica frente al poder central. 

Por tanto, la prioridad nacional no tiene como objetivo un plan de desarrollo para todo el país ni una redistribución de la riqueza entre la población para acabar con las desigualdades, ni menos aún la erradicación de la corrupción. La prioridad nacional es una premisa artificial basada en la política del miedo, propia de Estados totalitarios, que pretende controlar a la población expandiendo la idea de que existen una serie de peligros que se ciernen sobre ella y destruyen tanto su seguridad física y emocional como su entorno comunitario. 

En sí misma, es una advertencia de que están desapareciendo los valores nacionales, los únicos y verdaderos, conformados por la población española blanca a lo largo de la historia, así como que estamos inmersos en una peligrosa etapa de destrucción, también nacional. Por eso, hay que construir una muralla defensiva bajo argumentos como este para impedir que ciertas personas y colectivos accedan a nuestros derechos y libertades.

Prioridad nacional es el eufemismo del rechazo a la migración, que es un objetivo clave de la praxis de la ultraderecha. Ahora, el PP también la secunda para evitar la pérdida de potenciales votantes que están basculando más hacia la extrema derecha ante la política populista de Abascal, basada en medidas drásticas para solucionar los problemas, y el auge del racismo y la xenofobia en España. La base de esta denuncia es que el Estado ayuda económicamente a los migrantes, generando un gasto público enorme, sobre todo en ayudas sociales y sanitarias, mientras que los de aquí, los blancos españoles, sufren todo tipo de penalidades y carencias.   

Visto con perspectiva, también podría ser el nombre de una formación fascista, al estilo de la griega Amanecer Dorado, la alemana Alternativa para Alemania y el Partido de la Libertad de Austria, entre otras, porque prioridad nacional pretende la obediencia ciega hacia quienes se presentan como los salvadores de la patria, a los cuales hay que seguir y en los cuales hay que creer, prohibiendo así la heterogeneidad y anulando el razonamiento crítico.

Asimismo, es incomprensible que este término también lo haya asumido Drago Verde Canarias (DVC), que se declara soberanista, bajo la fórmula “prioridad nacional canaria”, con la que enfatiza la necesidad urgente de frenar el crecimiento de la población del Archipiélago, lo cual está vinculado además a una ley de residencia.

Precisamente, DVC ha querido desmarcarse del significado promovido por Vox: mientras que este último lo utiliza para atacar a los migrantes y el color de la piel, la organización nacionalista ve en esa expresión la justificación conceptual para limitar el número de habitantes de Canarias. El foco se centra en restringir la presencia de la población extranjera que se asienta aquí temporalmente, fijando un plazo máximo de permanencia de tres meses bajo un visado. Esa población es la europea de poder adquisitivo, que presiona sobre los recursos naturales del territorio y contribuye a la especulación intensiva del suelo, ya que se construyen más viviendas e infraestructuras pensando en ella que en cubrir las necesidades de los habitantes insulares y en respetar y defender el paisaje y la naturaleza como rasgos distintivos únicos.

De hecho, su líder, Alberto Rodríguez, explicó recientemente su significado de la siguiente manera en Hoy por Hoy Canarias, de Radio Club Tenerife: “Las personas que ya estamos en el Archipiélago, da igual la procedencia, formamos la sociedad canaria y, con las personas que estamos, tenemos que construir nuestro presente y futuro”. Además, negó que dicho concepto sea fascista o de derechas. Entonces, ¿esto significa que entre los que “ya estamos” sí tiene cabida la población canaria que tiene dos residencias en las Islas, una de las cuales está vacía casi todo el año? ¿También aquella que fomenta la vivienda vacacional con precios desorbitantes, perjudicando a quienes no pueden alquilar ni un pequeño piso? ¿Y la que defiende que se construyan más hoteles y apartamentos para el turismo tanto nacional como internacional porque genera puestos de trabajo?  

A pesar de esta pretendida justificación política, “prioridad nacional canaria” no solo es otro eufemismo que justifica la frase xenófoba “no cabemos todos”, sino que además no tiene sentido porque Canarias no es una nación. DVC mezcla un planteamiento basado en un equilibrio territorial y demográfico y en el cambio del modelo capitalista socioeconómico con señalar a esa población europea como culpable de muchos males insulares. Eso suena a algo que ya comenté anteriormente. Diga lo que diga, quien defienda este término defiende el fascismo. 

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