Las islas periféricas necesitan un REF diferenciado
El poder adquisitivo de los canarios, siguiendo la tendencia nacional, ha ido disminuyendo de forma alarmante. El nivel de vida de los que aquí vivimos se aleja de la media nacional, y el empobrecimiento de la sociedad hace años que es preocupante; pero como siempre ocurre estos indicadores negativos se multiplican de forma exponencial en las islas no capitalinas por nuestra condición más allá de la ultra periferia. Tanto a nivel personal, familiar, empresarial, comercial… nuestros gastos aumentan por nuestro posicionamiento geográfico de isla dependiente del exterior, y no de isla afortunada.
La riqueza en Canarias se concentra en las capas sociales altas y, aunque no me gusta hablar de clases, la media no llega a final de mes y la baja pasa penurias, o dicho de otra manera: el rico cada vez es más rico y el pobre se empobrece a la velocidad de la luz. El Instituto Canario de Estadística (ISTAC) sitúa en casi 18,4 millones la entrada de turistas a Canarias durante 2025, lo que se traduce en unos ingresos de 23.185 millones de euros en gasto turístico, recursos económicos que se esfuman entre los beneficios de las grandes cadenas hoteleras y operadores turísticos.
Desde mi perspectiva de habitante de isla menor, me hago una pregunta: ¿qué incentivos fiscales específicos o diferenciados tienen las islas no capitalinas frente a las capitalinas? Me da la impresión de que inventan todos estos foros de cohesión territorial con la boca grande para propiciar un mejor reparto de la población y de la riqueza, pero mientras, y con la boca pequeña, los poderes políticos y empresariales se resisten a ‘aflojar un punto’ en el crecimiento. Algo que me recuerda a lo que decía un técnico de una administración pública a su jefe: “No los hagas fijos, que después se te revuelven”. Claro, él ya tenía el nivel 30, lo máximo, y nosotros estábamos en precariedad laboral.
En esa comparativa, las islas capitalinas son también bilingües porque ya tienen el nivel máximo e igualar velocidades también es equilibrar poder. Por un lado las capitalinas se quejan de la sobrepoblación y de la saturación de todos los servicios, pero sin embargo incentivan y propician la vida y el consumo en las grandes ciudades. Mientras las islas periféricas somos meros espectadores de lo que acontece, y ellos siempre deciden.
Tenemos un Régimen Económico y Fiscal (REF) obsoleto, pero también interesado, que no recoge el factor de la doble insularidad y/o perificidad. Es necesario actualizar los incentivos fiscales de las islas no capitalinas para afrontar sus dificultades económicas y reducir la distancia: la primera respecto al resto de España y la segunda dentro de Canarias. Rebajar el IRPF de trabajadores y autónomos, no debe ser solo la excepción, como el caso más que justificado de La Palma, sino la regla a aplicar a los que vivimos en las islas menores.
Es preciso introducir ventajas fiscales específicas para las islas no capitalinas y favorecer la inversión empresarial en formación y conocimiento. La doble insularidad siempre ha generado desequilibrios internos, los marca fundamentalmente la conectividad, y aunque hemos avanzado en esta materia, tenemos claro que Gran Canaria y Tenerife importan los productos de consumo de la España peninsular o de otros orígenes, y pagan este transporte hasta sus puertos, pero después hay otro tramo añadido y a la vez sobrecoste, si hay que llevarlo a La Gomera, a La Palma o a El Hierro, y esto no está contemplado en el REF.
Los impuestos, en este caso el IGIC, no discriminan la condición de isla, y contribuimos con un 7% o un 3% allí donde vivamos, por lo que sería conveniente que se distinga una bajada de puntos impositivos a las empresas con sede fiscal en las periféricas. Por qué no crear igualmente una Reserva para Inversiones de Canarias (RIC), específica para islas periféricas, e incluso más pensada para el tejido empresarial de estas islas representado en su mayoría por autónomos y micro pymes.
Es necesario además que estas compensaciones del REF lleguen directamente a los ciudadanos y que las familias perciban sus beneficios en su vida cotidiana, así podremos aumentar la renta per cápita disponible. Aunque parezca una cantinela del romancero popular, por ejemplo en El Hierro seguimos trasladándonos por muchos motivos: médicos, familiares, comerciales, empresariales… Nuestros hijos han estudiado o estudian fuera de nuestras casas, y esto tiene un sobrecoste añadido, al igual que todo lo que compramos, sea alimentación u otros bienes de consumo.
Estamos acostumbrados a pedir, es como ese café diario que tomamos por la mañana para despertarnos. Ahora que se aproximan elecciones el 29 de noviembre podríamos emplazarnos a pedirlo en las futuras cámaras legislativas, antes de que el insomnio y las pesadillas no nos permitan dormir. En todo caso, por lo menos, seguiremos soñando.
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