Vente pa Europa, tío
A mí, qué quieren, me irrita constatar esta aceptación acrítica de la incapacidad de las islas para absorber a los jóvenes; incluso a los que han pasado un tiempo fuera ampliando conocimientos o adquiriendo experiencias que podrían contribuir al desarrollo de la economía y de la sociedad isleñas. Se acepta, en fin, la emigración como destino fatal de centenares de jóvenes con talento y ni siquiera se advierte que, además de la putada de darles con la puerta en las narices, la sociedad canaria costea una formación llamada a rendir sus frutos lejos de las islas.
El acriticismo no radica, aunque también, en que no se tenga en cuenta la relación inversión-beneficio sino en que ni se plantee una política de diversificación de actividades que ocupe talentos desperdiciados, empujados a buscarse la vida fuera porque aquí no tienen acomodo; apadrinamientos aparte, claro. No se quiere ver que el desarrollo científico y tecnológico da a Canarias posibilidades, inexistentes no hace tanto, que permiten a las islas, por primera vez en su historia, la toma de iniciativas de desarrollo futuro. Hasta ahora, desde el azúcar al turismo, pasando por el plátano y el tomate y hasta la actividad portuaria, la economía canaria la han orientado impulsos venidos de fuera.
Eso ha generado, creo, la inercia diría que sociológica que lleva a la dirigencia política y económica a aguardar lo que gusten mandar de nuevo los centros decisorios foráneos. Y en la espera a que decidan qué hacer con nosotros, en lugar de aprovechar el jacío para explorar alternativas que se han puesto a tiro, se dedica a remover cuantos obstáculos legales, medioambientales por ejemplo, coarten la especulación y que cuando se reproduzcan las condiciones para acabar de pulirse el suelo y el litoral, vaya todo como una seda. Menos mal que en este ínterin contamos con el petróleo “repsoriano” a extraer mediante barcos que se construirán aquí mismito; dicho sea para taparle la boca a los del “no a todo”; por si no tuvieron bastante con tragarse el banderón.
Viene esto a cuento de otra iniciativa del Gobierno para entretenernos. Me refiero a la promoción de la emigración juvenil, por si no hay barcos sacapetróleo para todos, que acaba de lanzar la Dirección General de la Juventud con una guía astutamente titulada “Turismo Juvenil 2012”. En ella se invita a los jóvenes a “conectarse a Europa” y “romper el aislamiento”; lo que queda bonito hasta que pasa a calificar el invento de “experiencia vital que no tiene precio y que cobra mayor valor en este momento en que los jóvenes tenemos un futuro laboral tan incierto”. Tanto los participantes como sus familiares, dice la guía taimada, pueden estar completamente tranquilos porque estarán “cubiertos y protegidos desde el principio del viaje hasta su regreso” mediante un seguro, lo que resulta novedoso visto el precedente del “Valbanera”; aunque no tanto como que la misma guía, que se dice turística, ofrezca, además, la posibilidad de irse al Reino Unido con un puesto de trabajo asegurado. Que es, ya ven, lo que diferencia la oferta a los jóvenes de los viajes del Inserso.
Si me pongo en plan Internet relacionaría la guía con el descargue de Paulino cuando reprochó a los jóvenes no estar mentalizados en la cultura del esfuerzo de sus padres y abuelos; de puro zánganos mayormente, empeñados en quedarse aquí a molestar; lo que en romance equivale, ya digo, a invitarlos a emigrar como única solución; que las habas ya están contadas y distribuidas. No se emplea, ya digo, el palabro “emigración” no sé si por el mismo pudor que aconsejó disfrazar la invención de guía turística y mantener, en la medida de lo posible, hasta que lo prohíba el PP por decreto, la nomenclatura del Estado de bienestar; que va de casi no estar a dejar de ser.
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