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Escarnio a toda plana

Con la mayor dignidad posible el alcalde de Santa Cruz, José Manuel Bermúdez, tendrá que asumir otro nefasto karma heredado de la anterior Corporación y el escarnio público de ver como la sentencia que da la razón al artista Martín Chirino por la mutilación de su obra El Sueño de los Continentes sale publicada íntegramente y a cargo de las arcas municipales en una revista especializada de ámbito internacional, en un periódico de máxima difusión nacional y en otro regional.

La titular del Juzgado de lo Mercantil número uno de Santa Cruz, María de la Paloma Álvarez, ha obligado al Ayuntamiento a que dé a conocer a toda plana el contenido del fallo con el fin de reparar en lo posible el daño que se causó al artista grancanario conocido en todo el mundo. Es otro mal trago más al que tendrá que enfrentarse Bermúdez a causa de la escasa mano izquierda que demostró su antecesor, Miguel Zerolo, para resolver el contencioso con Chirino.

La sentencia rechaza la petición de indemnización al autor que se cuantificaba en 270.000 euros pero supone un éxito del escultor en cuanto se viene a reconocer que se produjo un atentado a sus derechos de autor.

El propio Chirino nunca mostró interés alguno en cobrar dinero del Ayuntamiento. Siempre quiso que se reparara su obra y que los tribunales le dieran la razón desde el punto de vista digamos moral. Así lo consiguió. Primero porque el nuevo grupo de gobierno emprendió una carrera contrarreloj para rehabilitar la escultura antes del juicio oral que tuvo lugar en octubre y en segundo porque ahora el fallo ratifica prácticamente todos sus argumentos. En cualquier caso, tampoco el Ayuntamiento se libra de tener que pagar por el error cometido.

El Juzgado obliga a la Corporación local a abonar las costas judiciales que el entorno de Chirino cifra en un mínimo de 60.0000 euros y fuentes relacionadas con el caso en el Ayuntamiento cuantifican en la mitad. De todas formas, a la cifra final habrá que sumarle los 25.000 euros que costó la reparación de la escultura.

La sentencia se extiende a lo largo de catorce páginas que no tienen desperdicio. En el fallo se hace un pormenorizado repaso de todas las circunstancias que rodearon a la mutilación de la escultura. Se indica que fue a principios del mes de febrero de 2009 cuando unos obreros advirtieron al concejal de Obras, Norberto Plasencia, de que la pieza se encontraba en mal estado y por ello decidieron cortarla en tres trozos con el fin de evitar que las miles de personas que se concentran durante los carnavales en la plaza de Europa sufrieran daños.

El Ayuntamiento alegó también que la tormenta de viento que tenía lugar por aquellas fechas incrementaba el riesgo. No se pusieron en contacto con Chirino para darle a conocer sus planes porque, según dicen, la agenda del Ayuntamiento no estaba actualizada. La pieza de 1,8 toneladas y 750x500 centímetros fue cortada en tres trozos y trasladada a una nave industrial que según se aseguró contaba con vigilancia las 24 horas del día. Aunque los planes eran reponerla nada más terminadas las fiestas, lo cierto es que allí permaneció disfrutando del sueño de los justos durante dos años y medio.

Los hechos no tuvieron trascendencia pública hasta el verano de 2009 cuando algunas voces comenzaron a llamar la atención sobre el llamativo cambio que había experimentado la escultura. Fue entonces cuando Plasencia empezó a mover los papeles para reponerla a su estado original.

Cultura alegó que había remitido cartas a Chirino de las que el artista nunca tuvo conocimiento. Visual Entidad de Gestión de Artistas Plásticos (Vegap) intentó actuar de intermediaria pero los resultados fueron igualmente nulos. Sólo se obtenían promesas vagas de que se iba a reparar la escultura y de que para ello se contaba con la participación de una entidad financiera que al parecer era CajaCanarias, aunque los directivos mostraban su asombro ante las noticias que les relacionaba en un asunto en el que no tenían nada que ver.

El Organismo Autónomo de Cultura incluso se quería desentender del contencioso alegando que la escultura no era de su propiedad, pero lo cierto es que tampoco aportó ningún documento que demostrara lo contrario. La jurisprudencia a la que recurrió la magistrada desde luego no arrojó ningún tipo de duda ni discusión. Se había cometido una infracción contra los derechos de autor del artista. Y no tanto por la retirada de la obra de arte que hubiese estado legitimada por motivos de seguridad, sino sobre todo por no haberla repuesto de forma inmediata y permitir que durante años permaneciera expuesta como un muñón sin ni siquiera advertir a los ciudadanos de que no se trataba de la pieza original.

La legislación apunta que el derecho del autor a la integridad de su obra no puede obstaculizar el de los propietarios a la reparación y restauración, ni a la forma de llevarla a cabo. Incluso se admite que los cortes se realizaron de forma “bastante limpia” con lo cual no se produjo un atentado en el sentido estricto de la palabra.

Ya en 2007 el Colegio de Arquitectos había advertido del mal estado en el que se encontraba El Sueño de los Continentes. A pesar de ello, el perito designado por el Juzgado considera que la medida que se adoptó fue “desproporcionada” ya que nunca existió un riesgo real de colapso de la estructura.

El Juzgado valoró el esfuerzo que emprendió la nueva Corporación presidida por Bermúdez y las negociaciones de las que se hizo cargo directamente el entonces primer teniente de alcalde, Julio Pérez para reparar el error cometido, lo que efectivamente evitó que finalmente se impusiera una indemnización. De hecho, fue Pérez el que nada más llegar al Ayuntamiento decidió llamar personalmente al artista y pedirle disculpas pese a que un pleno del anterior mandato obligaba al entonces alcalde, Miguel Zerolo a dar este paso. La juez, en definitiva, impone el pago de las costas a la Administración básicamente por considerar que actuó “con temeridad” y “eludió sus responsabilidades” pasándose las culpas entre el Organismo Autónomo de Cultura y la Concejalía de Obras. Todo ello dio lugar a que se cayera en un “círculo vicioso con el solo propósito de confundir y eludir” las competencias municipales.

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