CRÓNICA
Vegueta suma más historia con la llegada del Papa: “Que no se olvide el motivo de su viaje”
Las campanas de la Catedral, en Las Palmas de Gran Canaria, repicaron para marcar las once en punto en una, todavía, desierta plaza de Santa Ana. A esa hora, el Papa estaba en Arguineguín, rindiendo homenaje a las personas migrantes que han perdido la vida en la ruta migratoria más mortífera del planeta. Y en la capital aguardaban, dispuestas ante el rosetón -que ha visto pasar casi 200 años de historia-, las más de 500 sillas donde poco después se sentarían fieles y miembros de diferentes parroquias o cofradías de la Isla. Como María Dolores, de la Cofradía de la Esperanza del Santo Padre, de las primeras en sentarse, acompañada de su hija, que declaró sentirse emocionada y que le gustaría que “el Papa estuviera más días en las Islas”, porque “el Archipiélago tiene muchos problemas”.
Mientras tanto, en el interior de la Catedral, todo estaba listo para el encuentro del Papa con obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y agentes de pastoral de la Diócesis de Canarias. “Pudiendo ir a otro sitio, eligió venir aquí”, cuenta Andrea, de once años, que, ataviada con el traje de Néstor Martín-Fernández de la Torre, fue la encargada, junto a Valeria y Sofía, de entregar flores y un rosario al Pontífice.
Fuera, poco a poco, se iba llenando la plaza, donde lució el sol por primera vez después de semanas de panza de burro, y lo más cotizado comenzó a ser una visera, una gorra o, incluso, un paraguas. Al tiempo, resonaban algunos ecos de lo que sucedía en el interior de la Catedral: pruebas de sonido, la reproducción de un vídeo… todo gracias a la fibra óptica que, desde las 08.00 horas, los trabajadores estaban probando: “Si falla algo, verá usted cómo nos buscan”, decían entre risas.
Un regalo de calado
León XIV también se lleva un poquito de patrimonio canario: un calado de Ingenio elaborado por Candela Martín y Adela Hernández, que hablan orgullosas de los casi tres meses de bordado en un mantel, un alba y una estola. “Muy trabajoso, pero contentas de que se vea en el mundo el calado de Ingenio”, confiesan.
Para Carlos, el regalo es ver al Papa, y podrá hacerlo con su familia a una distancia de diez metros. Viene de Marzagán y confía en que continúe dando “un mensaje que cale en la sociedad”. Por su parte, Juan, que vino de la isla majorera para vivir este momento histórico, considera que “algo se está moviendo dentro de las personas” porque, tras ver los actos del Pontífice en Madrid y Barcelona, “la gente pidió entradas para verlo en el Estadio de Gran Canaria”. Para sor Remedios, que vino de Málaga para acompañar en este día a las hermanas canarias de su congregación, las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, Prevost es “un hombre de paz”, que trae el mensaje de unidad de la humanidad.
Por su parte, Juan José Laforet, cronista oficial de Las Palmas de Gran Canaria, cuenta a Canarias Ahora lo que representa este viaje de León XIV: “El muelle de Arguineguín representa el drama que vive la sociedad mundial con las migraciones, que son, de alguna forma, efecto directo de una globalización que se ha vuelto despiadada”. Para él, la visita de León XIV pone hoy “el foco de atención mundial” en Gran Canaria y supone “la coronación de varios siglos de historia de relaciones entre Canarias y el Vaticano”.
Y llegó el Papa
Las pantallas anunciaban el momento en que el papamóvil cogió la curva en la calle Obispo Codina, momento en que se precipitaron los vítores, los cánticos y las campanas sonaron como solo suenan en una ocasión de estas características. En los altavoces, a todo volumen -que para eso se hizo prueba de sonido-, sonaba Alzad la mirada, que es también el lema de esta visita papal.
“Te queremos muchísimo”
El obispo José Mazuelos abrió el acto destacando el carácter del archipiélago como “encrucijada en medio del Atlántico entre África y América”, lo que ha configurado una sociedad “acogedora y acostumbrada a recibir”. Señaló que las parroquias están llamadas a ser espacios donde se pueda “descubrir la belleza de una fe viva, celebrada y compartida con alegría”.
A continuación, el sacerdote y religioso claretiano Santiago Cerrato, destacó la riqueza de carismas presentes en la Diócesis y su labor en ámbitos sociales y misioneros, especialmente en “las obras sociales, el trabajo en las fronteras y la presencia en los márgenes y zonas de pobreza”. Reclamó al Santo Padre un impulso renovado para “revivir el ímpetu misionero” y afrontar nuevas tareas evangelizadoras inspiradas en el Espíritu Santo y le confesó, en nombre de la comunidad eclesiástica: “Te queremos muchísimo”.
En el más esperado turno de palabra, León XIV animó a los fieles a fortalecer su vida espiritual y se refirió al papel que los canarios pueden jugar en ese cruce mundial de fronteras. “En los ojos de un isleño siempre se ve el mar abierto que se extiende en el horizonte sin límites ni fronteras, dispuestos a despedir a los que se van y recibir a los que llegan”, expresó el Pontífice.
“Que no se olvide el motivo”
A la salida de la Catedral, Nadezhda recibió del Papa un rosario y palabras de aliento para atravesar un momento complicado de su vida: “Mucha fuerza, todo va a salir bien”, cuenta que le dijo, visiblemente emocionada. Para Carmen, del colegio jesuita San Ignacio de Loyola, es importante “que no se olvide el motivo por el que el Papa está aquí, ni lo que él ha transmitido”.
Fuera, en la plaza, las cosas vuelven a la normalidad. Las palomas, que se habían refugiado en los dinteles de colorines, con más historia que todos los presentes, regresan a sus quehaceres, y los perros de Santa Ana no pronunciaron palabra, como en el cuento de Víctor Doreste, aunque, si hubieran podido, habrían movido el rabo, contagiados, aunque no crean en nada.
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