Sensores sísmicos en Tenerife registran los cambios del ‘latir’ de la Tierra con la cuarentena

Llanos de Ucanca con el Teide de fondo, una de las postales recurrentes del Parque Nacional.

Antonio Vacas

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Los efectos de la actual cuarentena también los siente la Tierra. La disminución en la intensidad de sus ‘latidos’, en forma de ruido sísmico, refieren el alcance de la paralización productiva y el confinamiento domiciliario provocado por la COVID-19. Observaciones en diferentes puntos del planeta lo apuntan, confirmadas también en Tenerife por los registros de las estaciones sísmicas del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan).

El ruido sísmico es un fenómeno que origina la Tierra por fuentes naturales y artificiales, o antrópicas. El tráfico de vehículos y las actividades industriales son los principales promotores del ruido de origen antrópico. Aunque la localización de las estaciones para el estudio de terremotos y volcanes busca mitigar el ruido artificial, y así ocurre con la red sísmica canaria, lo cierto es que la sensibilidad de estos sensores y la intensidad del ruido artificial visibilizan su presencia en los registros, incluso la actividad diferenciada entre el día y la noche.   

Los registros de las estaciones sísmicas en la isla de Tenerife certifican un antes y un después a partir de la entrada en vigor de la cuarentena (el pasado 14 de marzo), en especial “en las estaciones localizadas en los alrededores de áreas urbanas”, a diferencia de las estaciones sísmicas colocadas en altura que “no han observado ninguna significativa reducción de la amplitud del ruido sísmico”, precisa Luca D’Auria, investigador del Instituto Tecnológico de Energías Renovables (ITER) de Tenerife y director del Área de Vigilancia Volcánica del Involcan.

La tabla comparativa de las gráficas dibuja unas líneas de color negro como expresión de la amplitud del ruido sísmico (medido en decibelios –dB) a lo largo del tiempo, desde el mes de enero, que muestran oscilaciones con periodo diario debidas al diferente nivel de actividad antrópica entre día y noche. Sobre ellas se superponen unas líneas azules (estaciones urbanas) o verdes (no urbanas) como valores promedio semanales, donde dichas oscilaciones desaparecen y evidencian mejor la disminución de la amplitud promedio de ruido como consecuencia de la cuarentena.

En este sentido, D’Auria menciona por ejemplo como los sensores próximos a Arona han registrado una reducción del ruido sísmico también en horario nocturno, indicación evidente del paro de las actividades turísticas en esta área.

Las estaciones en zonas urbanas se disponen en las inmediaciones de Santa Cruz de Tenerife (TANA), Arona (TARO) y Guía de Isora (TGUI). Las otras tres, TCHA, TNOR y TSAN, se ubican en zonas no urbanas de altura, sin que desde el Involcan faciliten más detalle de su localización para evitar actos vandálicos sobre las mismas.

El especialista en Vulcanología subraya que la observación de esta variación en la amplitud promedio del ruido sísmico de origen antrópico tiene interés más desde un punto de vista social que científico, de manera que las labores de investigación no se han visto afectadas en la presente coyuntura. “Se sigue trabajando con la misma eficacia de siempre, pudiendo detectar pequeños terremotos locales en Canarias con magnitud hasta inferior a 1” en la escala Richter.

El ruido sísmico de origen natural tiene al oleaje como principal protagonista y “resulta de gran interés para estudiar el interior de las islas”, destaca D’Auria. En este sentido, “desde hace dos años el Involcan desarrolla un programa de investigación y desarrollo, dirigido a la realización de tomografía sísmica aprovechando el ruido sísmico natural. Dicha actividad ya se ha realizado hasta ahora en Tenerife, La Palma y Gran Canaria y permitirá un mejor conocimiento del subsuelo de estas islas, con el fin principal de valorar la presencia de posibles recursos geotérmicos en Canarias”.

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