La Justicia avala el despido de un conductor funerario por intercambiar dos cadáveres

Ataúdes en una funeraria, en una imagen de archivo.

Efe

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El Tribunal Superior de Justicia de Canarias ha ratificado como procedente el despido disciplinario de un conductor de una funeraria tinerfeña que entregó un cadáver equivocado a una familia en un velatorio, lo que supone “el peor error que se puede cometer en esta profesión”, según la empresa.

La compañía realizó el despido laboral al considerar que el operario había incurrido en una falta muy grave en el ejercicio de sus funciones en diciembre de 2023, durante la recogida de un difunto en el Hospital con destino al tanatorio de Güímar.

El trabajador omitió la verificación obligatoria de la identidad del cuerpo al no presentarlo en el velatorio a los familiares debido a que estos no querían verlo en esos momentos.

Una vez comprobado el error, el trabajador llevó el cuerpo a Guía de Isora y regresó a Güímar con el difunto correcto, lo que generó un gran malestar en las dos familias afectadas.

La compañía considera que el conductor incumplió sus obligaciones porque debería haber presentado el cuerpo al menos a uno de los familiares, aunque los demás no quisieran verlo.

La funeraria mantuvo que “confundir los fallecidos es de los peores errores que se pueden cometer en esta profesión, estamos hablando de personas que están pasando uno de los más difíciles momentos de su vida, y supone una negligencia que no se puede tolerar”.

La entidad ha tachado el incidente de negligencia inadmisible por conculcar el código ético de la empresa y desatender la obligación de prestar una atención de calidad.

Los protocolos internos de la compañía establecen como tarea primera y más importante la comprobación de la identidad mediante el brazalete o el documento nacional de identidad, y “como último recurso, se molestará a la familia para que lo reconozcan sólo si no hay más remedio”.

El operario alegó en su defensa que el despido resultaba excesivo y podría sustituirse por una amonestación o una suspensión temporal como castigo proporcional a su error.

El empleado achacó la equivocación a una confianza razonable en el trabajo previo de su compañero y a la negativa excepcional de la familia a ver el cuerpo.

La funeraria insistió en que el trabajador ha cometido uno de los peores errores de la profesión, provocando situaciones muy desagradables en momentos extremadamente delicados.

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