En la España de hoy...
En la España de hoy, es un escándalo mayúsculo que el hermano del presidente del Gobierno viviera unas semanas en la residencia habitual de Pedro Sánchez, pero no lo es que, con cargo al erario público, Mariano Rajoy contratase a dos personas durante cuatro años para atender a su padre enfermo en La Moncloa.
En la España de hoy, se puede investigar judicialmente a Begoña Gómez porque su asistente personal -cargo al que tienen derecho todas las esposas de los presidentes del Gobierno- escribiera varios correos electrónicos en nombre de la esposa del presidente y, sin embargo, nada hay que decir sobre los 60.000 euros anuales que cobró durante dos años y medio un tal Jaime de los Santos por acompañar a Elvira Rodríguez en sus compras habituales y sujetarle el bolso a la mujer de Rajoy.
En la España de hoy, que Begoña Gómez dirigiera una cátedra extraordinaria de la Complutense -que es una colaboración entre la universidad y entidades externas- es una impudicia, pero que Ana Botella dispusiera de una planta entera de la residencia presidencial para diseñar con un nutrido grupo de colaboradores su campaña electoral al Ayuntamiento de Madrid es un servicio a la democracia.
En la España de hoy, podemos saber todos los viajes privados en vuelos regulares que ha hecho Begoña Gómez desde que Sánchez es presidente del Gobierno, pero nada sabemos de los traslados de otras esposas y los hijos de distintos jefes de Gobierno en los Falcon de los que dispone el Estado.
En la España de hoy, una fotografía del presidente del Gobierno tomada a la salida de un mitin junto al empresario Víctor de Aldama -hoy investigado por los tribunales- es una prueba inequívoca de la corrupción que rodea a Pedro Sánchez, pero una imagen del líder de la oposición navegando con un narcotraficante forma parte de un pasado que no tiene la menor importancia.
En la España de hoy, que Sánchez tuviera un asesor que presuntamente acosaba sexualmente a sus colaboradoras, le convierte inmediatamente en cómplice, pero que Ayuso silenciara la denuncia de una concejal de Móstoles por el mismo delito contra el alcalde del municipio, hoy en los tribunales, es un ejercicio de responsabilidad frente a las cuitas internas de los partidos.
En la España de hoy, una fotografía improvisada del presidente del Gobierno con el multi imputado Aldama es la demostración empírica de que Sánchez era uno más de la trama Koldo, pero una imagen de Isabel Díaz Ayuso junto a Fernando Camino, alto cargo del grupo Quirón -gracias a quien su pareja, Alberto González Amador, se embolsó una comisión de casi dos millones de euros por la venta de mascarillas- no merece ni unas colas de telediario. Y eso que la Fiscalía entiende que, para devolver el favor a Camino por sus suculentos ingresos, Amador le pagó una comisión encubierta de 500.000 euros, que camufló con la compra de una empresa de estética ruinosa, propiedad de la esposa del directivo de Quirón.
En la España de hoy, que Sánchez disfrute de un fin de semana en familia en el Valle de Arán y se hospede en el Parador de Vielha es motivo de lo que algunos otorgan categoría de “exclusiva”, pero que el directivo de Quirón cerrase un local de León para cenar con Ayuso seis meses antes de la destitución de la interventora de la Comunidad de Madrid que puso trabas al pago de 1.390 millones de deuda al grupo hospitalario no merece un breve.
En la España de hoy, esa fotografía de Ayuso en la puerta del local que el directivo de Quirón cerró para cenar con ella y ha publicado El país no ha abierto informativos, ni portadas de diarios, ni ocupado horas de tertulias televisivas. Y eso que, en este caso, lo que parece es: una relación indisociable entre Ayuso y Quirón.
La España de hoy, en definitiva, está enferma de odio. De una inquina que envenena la razón, corrompe el pensamiento y fomenta una hostilidad persistente en un determinado periodismo que ya no se molesta en ocultar su lado más tenebroso.
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