Qué ver en Sucre: El centro histórico del mejor casco urbano virreinal de América

El casco histórico de Sucre desde las terrazas de San Felipe Neri.

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Sucre es una de las ciudades más bonitas e intensas de Hispanoamérica. Sin duda alguna. Eclipsada por la cercanía de Potosí y la mística de su historia vinculada al Cerro Rico, la capital constitucional de Bolivia es uno de los rincones más auténticos y mejor cuidados de este macrocosmos que es el país andino. La llaman la Ciudad Blanca. Sólo hay que subir a lo alto de la Iglesia de San Felipe Neri, el mejor mirador intraurbano de la ciudad, para constatar el porqué del nombre: un océano de edificios coloniales de níveo blanco que soportan un mar de tejas del que emergen los remates de las iglesias (campanarios y cúpulas). Sucre es una de las ciudades del continente con mayor concentración de patrimonio arquitectónico, artístico e histórico de todo el continente (ver iconos azules en el mapa). A nuestro juicio, su potencia es comparable a Cuzco, Cartagena de Indias, México o nuestra amada Quito. Una ciudad vibrante que late en lugares maravillosos como su Mercado Central (Junin, 366) donde sólo ver papas y frutas es un espectáculo.

Para entender la ciudad hay que tener en cuenta varias cuestiones. La primera es su origen. Cuando Gonzalo Pizarro (hermano de Francisco) llegó a este lugar en 1538 se encontró con una especie de colonia incaica. Los incas habían conquistado la plaza militarmente el siglo anterior, por lo que la llegada de los españoles a ‘Chuquiochata’ no fue mal recibida por los charcas, la etnia que vivía aquí y que había sufrido durante décadas la doble presión de incas y de hordas de guaraníes que subían desde las selvas amazónicas. Los españoles se instalaron y fundaron la ciudad de la Plata de Nuevo Toledo debido a la abundancia de cerros argentíferos en los alrededores. El nombre no tuvo mucha fortuna y quedó como Chuquisaca. La plata de los cerros y la cercanía de Potosí convirtió al lugar en uno de los más ricos del mundo. Y de ahí su potencia patrimonial.

Claustro principal de la Universidad de Sucre.

Una de las claves que explican el porqué de Sucre (ya hablaremos del nombre más adelante) es la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca (Junin, 58). El enorme complejo de edificios, claustros y dependencias que forman las instalaciones históricas de una de las universidades más antiguas de América (1624) es una huella de ese pasado de esplendor. El claustro de la actual Biblioteca Universitaria o la Capilla dan muestra de la riqueza patrimonial de uno de los ejes culturales de la villa. La antigua Aula Magna es hoy la sede de la Casa de la Libertad (Plaza 25 de mayo, sn), un museo donde se custodian objetos y documentos relacionados con la independencia del país en 1825 (la Universidad fue la sede del Legislativo). Poco después (en 1839) la ciudad cambió de nombre y tomó el del mariscal Antonio José de Sucre, lugarteniente de Bolívar y artífice de la independencia boliviana.

Esta Plaza 25 de mayo (antigua Plaza de Armas en tiempos del Virreinato) sirve de epicentro de la ciudad histórica aglutinando muchas de las grandes instituciones y monumentos que definen la ciudad.

Interior renacentista de la Catedral de Sucre.

La Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe (Nicolás Ortiz; 58).- Esta magna construcción que tiene su origen a mediados del siglo XVI es una de las sedes de archidiócesis más importantes de América. El templo es un resumen de la evolución de la arquitectura europea entre los siglos XVI y XVIII aunque su interior es de los mejores ejemplos de Renacimiento a este lado del Atlántico (que queda de manifiesto en la pureza de líneas de sus naves interiores y en su fachada manierista principal). La ‘Catedral de 25 de mayo’ como se la conoce tras la independencia es también especial por otra cosa: su excepcional barroco mestizo que queda de manifiesto en la portada que da a la Plaza 25 de mayo.

Puerta monumental. El casco histórico de Sucre es un ejemplo magnífico de arquitectura virreinal.

El artífice de esta filigrana en piedra es uno de los grandes arquitectos americanos de la época: Antonio González Merquete, responsable de templos tan importantes como la Catedral de Córdoba, en Argentina. Este es uno de los grandes epicentros de ese barroco mestizo que mezcla elementos europeos con la rica cosmogonía indígena: soles, lunas, elementos de la fauna y la flora y hasta ‘divinidades’ de las religiones precristianas. Este templo es una maravilla. En la misma manzana de la catedral puedes visitar otros dos lugares: la Casa de Gobierno (Plaza 25 de mayo, 134) y su preciosa Fuente de La Peregrina, y el precioso claustro del Colegio Nicolás Ortiz (Dalence, 66).

El Museo Nacional de Etnografía y Folklore (España, 74).- De lejos el mejor museo de Bolivia. Aquí se custodia una colección monumental de piezas históricas y etnológicas que explican la enorme riqueza cultural del país. Sólo por ver los textiles y las vitrinas dedicadas al sincretismo religioso (con el famoso Tío de las minas como uno de los grandes puntos de interés) ya merece la pena la entrada. El edificio que sirve de continente a esta maravilla es también otra joya digna de verse: el Palacio de los Marqueses de Villaverde (siglo XVIII). En la misma manzana del museo está el Museo del Tesoro (Plaza 25 de mayo, 59), un curioso museo dedicado a la riqueza minera del país.

Retablo barroco de La Merced. Casi todas las iglesias de Sucre son un verdadero museo de arte.

Y muy cerca tenemos la oportunidad de visitar la Iglesia de San Francisco de Asís (Aniceto Arce, sn), otra joya monumental que está vinculada a la historia más remota de la ciudad. Este templo conventual se construyó apenas unas décadas después de la conquista (mediados del siglo XVI) y funcionó como cripta para los primeros españoles que vivieron aquí. Desde el punto de vista artístico hay que destacar su fantástico artesonado que aúna el típico mudéjar español con una mezcla de elementos renacentistas e indígenas. Es una maravilla digna de verse. Otra iglesia que hay que ir a ver en el entorno de la Plaza 25 de mayo es Santo Domingo de Guzmán (Calvo, 101), otra magnífica construcción renacentista del siglo XVI que tiene una terraza con vistas brutales.

Claustro de San Felipe Neri.

El claustro más bonito de toda América en San Felipe Neri (Nicolas Ortiz, 165).- San Felipe Neri es el último de los grandes edificios virreinales del continente ya que se construyó entre los últimos estertores del siglo XVIII y los primeros momentos del XIX. El resultado es un bellísimo edificio de estilo neoclásico que destacaría en cualquier gran capital de la Península Ibérica. Pero lo que te deja boquiabierto es su magnífico claustro. A nuestro juicio, el más bonitos que hemos visto en tierras americanas. El templo o frece, además, la terraza más famosa de la ciudad. No te vayas del lugar sin entrar en la Iglesia de la Merced (Azurduy, 81) donde puedes ver uno de los mejores retablos barrocos de todo el país. Una maravilla.

Explosión de color. Puesto de frutas en el Mercado de Sucre.

Comer en el casco histórico de Sucre.- Nosotros te recomendamos darte un gusto en Proyecto Nativa (La Paz, 737), donde puedes alucinar con un fantástico menú degustación de platos reinventados de la cocina tradicional boliviana por unos 25 euros al cambio. Una maravilla. Otro lugar más que recomendable es Tierra Restaurante (Argentina, 31) con una carta basada en los clásicos de la cocina criolla local y algunos platos internacionales de muy buena factura con una buena lista de platos vegetarianos (los platos principales rondan los cinco euros). ¿Comer en el mercado central? Es una buena opción. Los comedores populares ofrecen platos sencillos a precios muy bajos (entre 1,5 y 2 euros). Un restaurante mítico de la zona del mercado es la Choricería 7 Lunares (Aniceto Mercado, 140) donde ofrecen el famoso chorizo cusichaqueño, una de las herencias de la cocina española con esos toques bolivianos tan picantes y sabrosos.

Fotos bajo Licencia CC: Dan Lundberg; Pablo Andrés Rivero; Ocumare; Xiquinho Silva; Kent MacElwee; txmx 2

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