Postales desde Bialowieza: el último refugio del bisonte europeo
Polonia es famosa por sus estupendas ciudades históricas y sus castillos. Varsovia es una de las mejores capitales de Europa para viajar con calma y a esto hay que añadir verdaderos buques insignia como Cracovia o nuestra adorada Gdansk, una de las maravillas de la Liga de la Hansa del norte de Europa (sin duda alguna entre el top diez de las escapadas urbanas de toda Europa). Pero Polonia es también naturaleza. Y, en muchas ocasiones, a lo grande. La región de Podlaquia ocupa el extremo oriental del país haciendo frontera con ese gran desconocido (y fascinante) que es Bielorrusia. Esta región es famosa en el país por sus castillos, sus pueblos anclados en el pasado y los enormes prados húmedos que se intercalan con grandes extensiones de bosque. La ciudad de referencia de esta zona poco visitada del país es Bialystok, que sirve de base para explorar una zona a la que el turista ‘normal’ no suele llegar. La propia Bialystock es una rareza con bastantes monumentos de interés de entre los que destaca el Palacio Branicki (Jana Kilińskiego, 1), una maravilla barroca del siglo XVIII al que por aquí llaman la Versalles de Polonia. Muy cerca, en la cercana Tykocin podemos ver su Sinagoga Grande (Kozia, 2), una maravilla del siglo XVII que milagrosamente se salvó del salvajismo fascista durante la ocupación alemana del país y también hay otras rarezas históricas como las mezquitas de madera de Bohoniki y Kruszyniany, una de las huellas más singulares de las comunidades islámicas históricas en Europa (descendientes de los tártaros lipkas –de Crimea-que llegaron al país en el siglo XVII como aliados del rey Jan III Sobieski).
Mucho que ver por esta zona que, para añadir más singularidad, es el epicentro del cristianismo ortodoxo en un país donde el Catolicismo se vive como un dogma de fe inquebrantable en la inmensa mayoría del país. Una de las características de esta Podlaquia que recuerda más a Rusia que a la propia Polonia es el uso virtuoso de la madera en la construcción de sus pueblos y granjas. Quizás el mejor ejemplo de esto que decimos se encuentra en Koryciski, una aldea de poco más de veinte casas que atesora uno de los molinos de madera más antiguos y mejor conservados de toda Europa del Este. Madera. Madera para parar un tren. Estamos a dos pasos de Bialowieza y eso se nota. Llegando a la frontera con Bielorrusia los prados y los campos cultivados van dejando paso a manchas de bosque cada vez más densas que se convierten en una selva gigantesca a pocos kilómetros de la raya entre los dos países.
Sacar el permiso para visitar Bialowieza.- Una de las razones por las que hasta aquí llega tan poca gente (pese a ser uno de los mejores espacios naturales de todo el continente) es que hace falta un permiso expedido por el Ministerio del Interior para acceder al Parque Nacional y sólo se puede acceder a las zonas más interesantes del bosque acompañados de un guía autorizado. Hacerlo por cuenta propia puede acarrear un disgusto en forma de multa. Los permisos se solicitan en la oficina oficial del bosque (pttk@interia.com). Conviene hacerlo con antelación porque sólo se admiten grupos de hasta ocho personas que están autorizadas a hacer alguna de las dos rutas a pie permitidas (una de 6 kilómetros que demanda unas cuatro horas y otra de 16 kilómetros que supone unas ocho horas de excursión). ¿Merece la pena? Sí y mucho.
Qué ver en Bialowieza: mucho más que bisontes.- El rey del lugar es el bisonte europeo, pero este trozo de Europa es por sí mismo una joya que ya merece la visita más allá del más ilustre de sus vecinos. La ‘reserva estricta de Bialowieza’ atesora un pequeño reducto de Bosque Primario único en todo el continente. El bosque ha sufrido la acción humana durante milenios pero un pequeño espacio ha permanecido prácticamente intacto desde el final de la última glaciación y permite experimentar como eran las selvas europeas por las que vagaba esa megafauna mítica de los tiempos de las ‘cavernas’. Una gozada. En Bialowieza pervive una muestra del gran bosque mixto que cubría el norte y centro de Europa desde las primeras alturas alpinas a las orillas atlánticas. Aquí puedes ver algunas coníferas pero mandan los grandes árboles de hoja caduca típicos de los ecosistemas europeos: fresnos, robles, tilos, olmos, alisos, carpes… Y a sus pies un mundo de musgos, helechos, hongos, arbustos, zonas de prado abierto… Un paraíso natural donde podemos encontrar ejemplares con más de 500 años de edad.
Y ¿por qué se ha conservado también Bialowieza? Primero porque por aquí no vivía ni el Tato y después porque los reyes polacos se apropiaron del lugar como coto de caza quedando los escasos pobladores de la zona a cargo de mantener el bosque en buenas condiciones. Cazar un bisonte o un uro se pagaba con la muerte. Así que durante los últimos 500 años el lugar se mantuvo a salvo de la rapiña hasta que los conflictos del siglo XX lo pusieron en riesgo. Hoy es uno de los refugios naturales más imponentes del mundo gracias a la reintroducción de algunas de sus especies fetiche. Los que llegan hasta aquí lo hacen atraídos por la imagen potente del bisonte europeo (aquí pastan unos mil en libertad) pero hay mucho más.
Ya no es posible ver uros u osos pardos, pero aquí se encuentran unas de las poblaciones de lince y lobo más sanas del continente. Y no es difícil verlos. Otros grandes herbívoros presentes en Bialowieza son los ciervos, los alces, los corzos, los caballos konik y una gran población de jabalíes. Zorros, nutrias, castores, tejones, gatos monteses, ardillas para parar un tren… Las rutas que se internan en este paraíso verde son auténticos safaris. Venir aquí a hacer fotos es una gozada ya que es muy fácil ver a los grandes protagonistas del bosque. Los sonidos del bosque.- toc, toc, toc, toc… A primera hora de la mañana los picotazos de repetición de los pájaros carpinteros amenizan la marcha y nos hacen mirar hacia arriba. Bialoweieza es también fecunda más allá de las copas de los árboles: aquí se encuentra uno de los refugios del Águila Real (otro es España) que reina en una corte donde puedes ver pigargos europeos, grullas, martines pescadores, cigüeñas, búhos y un sinfín de pequeñas aves.
Las excursiones más interesantes son las que parten antes del amanecer o las que se internan en la selva a última hora de la tarde. Son los momentos en los que se puede ver más fauna y los bichos diurnos se mezclan con los que recién se despiertan o se van a dormir. Un espectáculo. En cuanto a la mejor época para visitar el parque, todos coinciden en el otoño y los primeros compases del invierno. El segundo punto fuerte es la primavera. Otro momento clave es el encabalgamiento de los meses de septiembre y octubre, cuando se produce el celo de ciervos y alces.
Bialowieza y la arquitectura tradicional de la madera.- En los alrededores de las oficinas del Parque Nacional puedes ver varios edificios tradicionales de madera. La arquitectura popular del Pueblo Ruteno de Podlaquia tiene como eje fundamental el uso de este recurso tan abundante en la zona. Aquí se ha habilitado un pequeño museo de sitio que reproduce nueve edificios tradicionales de la arquitectura popular de la zona: molinos, casas, almacenes, graneros, talleres artesanos… Algunas de estas casas, elaboradas por estudiantes de arquitectura, se han convertido en alojamientos rurales. Otros albergan salas de exposición dedicadas a la cultura tradicional de la región.
Un ‘campo de concentración’ forestal en Hajnówka.- Las reservas de madera de Bialowieza se convirtieron en un recurso estratégico de gran importancia durante las dos guerras mundiales. Y en ambos casos, los ocupantes alemanes usaron a prisioneros de guerra y a la población local para talar y procesar la madera. El tren forestal de Hajnówka-Topiło es un recuerdo de esos tiempos. Hoy compagina su función como tren turístico y espacio para la memoria.
Fotos bajo Licencia CC: Kazimierz Popławski; vlod007; alskikof; Nathan Messer; Gobierno de Polonia; Leonie H.
0